Doña Blanca está cubierta
Con pilares de oro y plata.
Romperemos un pilar
Para ver a doña Blanca.
Doña Blanca está cubierta
Con pilares de oro y plata.
Romperemos un pilar
Para ver a doña Blanca.
Las reglas de este juego eran sencillas: Los niños se colocaban en un círculo y dentro del mismo un niño o niña, este último era “doña Blanca”.
Todos cantaban la ronda y al terminar los versos, preguntaban en coro: ¿Qué está haciendo Doña Blanca? a lo cual el chico dentro del círculo contestaba cualquier quehacer de la época, por ejemplo: “Doña Blanca está lavando la ropa”.
El juego continuaba hasta que, por sorpresa y sin aviso, “Doña Blanca” moría y salía a asustar a los vivos. En ese momento todos los chicos corrían escapando del supuesto fantasma y a aquel que fuera apresado sería el próximo en estar en el centro del círculo.
Otra ronda muy conocida pero diferente era “Las estatuas de Marfil”. Yo escuchaba a los chicos cantar:
Las estatuas de marfil
son allá y son aquí
el que se mueva baila así.
Y con ese canto los chicos caminaban hacia un lado, siempre al centro una niña o niño que sería el encargado de “hacer reír” a las estatuas que se quedaban inmóviles al terminar el coro.
El que reía perdía y la ronda volvía a comenzar. Pero esta vez con el perdedor al centro.
Con el paso del tiempo vi cambiar los versos de este juego e incorporar elementos nuevos como cuando escuché en el último verso decir “El que se mueva baila el twist”.
Los juguetes tradicionales como cometas (llamados piscuchas en esta región) el aro, la rayuela y el salta cuerda, también eran favoritos de la época, pero de todos los juegos que conocí, el que más disfrutaba era “Las escondidas”.
En este, un pequeño se apoyaba en mí para contar hasta veinte con los ojos bien cerrados. Al terminar la cuenta debía buscar a los demás que estaban escondidos por las cercanías del parque. Si lograban llegar a tocar mi corteza sin ser visto estaban “salvados”. Perdía el que era descubierto y este luego sería el que contara hasta veinte...así pasaba las tardes, entre risas y gritos de alegría.
Dans ce jeu, un petit s'appuyait contre moi les yeux fermés pour compter jusqu'à vingt. Arrivé à vingt, il devait chercher les autres enfants qui s'étaient cachés dans le parc. S'ils arrivaient à toucher mon tronc sans être vus ils étaient "sauvés". Celui qui était découvert perdait et devenait celui qui devait compter. Les après-midi se passaient ainsi, entre les rires et les cris.
Los días viernes por la tarde siempre aparecía Doña Juana, una señora regordeta que vendía refrescos hechos de frutas de la estación.
Los primeros meses del año, entre enero y abril, los jocotes de corona eran los reyes de los refrescos, y los niños corrían a comprarlo.
– ¡Doña Juana, doña Juana queremos un gran vaso de fresco!– ¡Niños tranquilos que tengo para todos!–¡Mmmmm es taaaann delicioso, díganos su receta por favor!–Pues no tiene gran ciencia, solo debes pelar los jocotes maduros, picarlos, dejarlos remojar en agua con azúcar, agregarle el jugo de un limón, luego licuar, colar y servir.– ¡Pero sabe taaan delicioso!– Ya dijiste eso Rosita.– ¡No me molestes Pepe!– Vamos chicos no peleen. Mi fresco queda delicioso porque tengo un ingrediente secreto.– ¿Cuál es? ¿Cuál es?– ¡Mucha paciencia! pues pelar y picar jocotes, siendo una fruta tan pequeña, necesita mucha paciencia. – ¡Ah no! si es tan difícil hacerlo, entonces mejor seguimos comprándoselo a Usted.– ¡jajaja!
– ¡Doña Juana, doña Juana queremos un gran vaso de fresco!– ¡Niños tranquilos que tengo para todos!–¡Mmmmm es taaaann delicioso, díganos su receta por favor!–Pues no tiene gran ciencia, solo debes pelar los jocotes maduros, picarlos, dejarlos remojar en agua con azúcar, agregarle el jugo de un limón, luego licuar, colar y servir.– ¡Pero sabe taaan delicioso!– Ya dijiste eso Rosita.– ¡No me molestes Pepe!– Vamos chicos no peleen. Mi fresco queda delicioso porque tengo un ingrediente secreto.– ¿Cuál es? ¿Cuál es?– ¡Mucha paciencia! pues pelar y picar jocotes, siendo una fruta tan pequeña, necesita mucha paciencia. – ¡Ah no! si es tan difícil hacerlo, entonces mejor seguimos comprándoselo a Usted.– ¡jajaja!
¡Ah chicos traviesos! ¡Cómo hacen perder el tiempo a los adultos! Pero esa fue una linda época pues me divertía viéndolos y escuchando sus juegos y bromas.
Los días, meses y años pasaron. El pueblo creció y los niños también, y aunque otros niños nuevos llegaron, los tiempos cambiaban y los juegos también.
Pero esa...esa es otra historia.