Los expertos hablaron: no tengo cura.
La alcaldesa duda sobre cortar o no cortar pero la vida de mi pueblo es más valiosa y lo comprendo, si mis raíces ceden la tragedia sería enorme. La escuela, la iglesia y varias casas a mi alrededor están demasiado cerca, yo caería sin remedio haciendo mucho daño. Mi pueblo, mi gente, la que he visto nacer, crecer y morir por generaciones estaba en peligro.
Durante toda mi vida he visto calles de polvo, de adoquines y de asfalto; sobre ellas he visto caminar pies descalzos, españoles a caballos y automóviles modernos.
Todo cambia.
Todo nace.
Todo muere.
El paisaje ya no será el mismo, las decoraciones de navidad serán sin mis altas ramas iluminadas, el mercado no tendrá mi sombra, las aves quedaran sin hogar... y yo... quedaré convertida en un simple recuerdo que, con el paso de los siglos, los que me conocieron no vivirán para contar que una vez existió una ceiba milenaria al centro del parque. El olvido nos llega a todos, menos a las leyendas y sus seres mitológicos, éstos si logran pasar de generación en generación...si al menos yo lograra rebasar la historia así, mi muerte sería menos dolorosa.
Le paysage ne sera plus le même, les décorations de noël ne seront plus sur mes hautes branches illuminées, le marché n'aura plus mon ombre et les oiseaux seront sans foyer... et moi... je deviendrai un simple souvenir, avec le passage des siècles, ceux qui m'ont connue ne vivront plus pour raconter qu'un jour il y a eu, au milieu du parc une ceiba millénaire. L'oubli atteint tout, sauf les légendes et leurs créatures mythologiques, celles-ci parviennent à survivre aux générations. Si je pouvais au moins dépasser l'histoire, ma mort serait moins douloureuse.
Los días pasan más lentos que nunca, las sierras aparecen y nuevamente se hacen mediciones. Esto no será fácil. Soy tan alta y tan frondosa que llevará semanas cortarme por completo.
Mis ramas no se ven enfermas pues están llenas de hojas verdes, pero mi centro, mi corazón está cada vez más hueco.
Las sierras comienzan a sonar en el mes de septiembre...quisiera poder decirles que ya casi es Navidad, que necesito cerrar mi ciclo con una última Navidad, sentirme útil, adornada, importante...pero me falta voz.
No tengo idea qué piensan hacer con tanta madera, si al menos me convirtieran en muebles para el parque quedaría cerca de mi gente y seguiría siendo útil.
Las hojas comienzan a caer, poco a poco, día a día, muchos son los que están en la labor de cortarme y de pronto...logré ver en el uniforme de los trabajadores de la alcaldía un escudo en su camisa, es el escudo de mi ciudad Antiguo Cuscatlán.
¡Parece que fue creado hace mucho pero es primera vez que lo veo!
Allí, a la izquierda, está una imagen de Atlacatl el cacique guerrero que luchó contra los españoles, luego la enorme laguna formada por el cráter de un volcán, la misma que se secó con el tiempo. Abajo a la derecha veo dibujada la iglesia y a la izquierda… ¡un momento! Abajo a la izquierda ¡estoy yo! ¡La ceiba! ¡Esto es increíble! ¡No seré olvidada! ¡No seré olvidada!
¡Seré leyenda!
Cuando las nuevas generaciones pregunten qué hace ese árbol en el escudo, habrá alguien que cuente mi existencia y, si tengo suerte, con el tiempo algún escritor osado se dará el trabajo de investigar mi historia y pondrá voz a mis ramas.