Esa noche Amaru apenas pegó un ojo. Primero, encendió su computador y comenzó a navegar por el buscador sin un objetivo fijo. Se le ocurrió averiguar sobre el equipo que salía en la fotografía, ése parecido a un radio. A los pocos minutos, descubrió que se trataba de un aparato de datación por termoluminiscencia muy utilizado por los arqueólogos para determinar la antigüedad de los objetos arqueológicos. Era un equipo que emitía diferentes luces fosforescentes para identificar las radiaciones presentes en los objetos y así poder saber a qué época pertenecían.
Luego, el muchacho cerró el computador e intentó dormir, pero no era fácil con tantas cosas dando vueltas su cabeza.
Trató de razonar y de encontrar algunas respuestas; pero siempre llegaba a un callejón sin salida. Por un lado, su casa colindaba con una casa completamente deshabitada en la que había escuchado algunos ruidos extraños hacía un par de años. Por otro, había encontrado escondidos en el suelo de su habitación documentos que evidenciaban el hallazgo de diferentes objetos, reliquias, que al parecer habían sido escondidas en algún lugar de la casa de al lado. Y, finalmente, hacía acto de aparición un desconocido que les quería hacer creer que era su primo por tantos años desaparecido. Todo apuntaba a que ese tal Hugo se había enterado de la existencia de esos objetos y estaba intentando encontrarlos. ¿Cómo lo sabía? Amaru no tenía la menor idea de cómo ese hombre podría haber obtenido información de los descubrimientos arqueológicos de su antepasado Mariano
Il essaya de réfléchir et de trouver des réponses, mais il arrivait toujours dans une impasse. D’une part sa maison était mitoyenne avec une maison inhabitée de laquelle il avait entendu des bruits étranges il y a deux ans. Par ailleurs, il avait trouvé dans le plancher de sa chambre des documents qui attestaient la découverte de plusieurs objets, de reliques, qui manifestement avaient été cachés quelque part dans la maison d’à côté. Et finalement un inconnu apparaissait, il voulait faire croire qu’il était un cousin disparu depuis des années. Tout indiquait que cet Hugo avait appris l’existence de ces objets et qu’il était en train d’essayer de les trouver. Comment l’avait-il su ? Amaru n’avait pas la moindre idée de comment cet homme avait pu obtenir l’information des découvertes archéologiques de son ancêtre Mariano.
“Por ahora,”, pensó, “lo importante es encontrar los objetos antes de que lo haga el tal Hugo. Pero, ¿cómo poder entrar a la casa del lado antes que él?”. Poco antes de dormirse, ya cerca del amanecer, decidió que la mejor manera sería tratar de sacar alguna información a sus abuelos. Cruzó los dedos para que se acordaran de algún dato que pudiera resultarle importante. Y que fuera un dato verdadero.
« Pour le moment –pensa-t-il– le plus important c’est de trouver les objets avant cet Hugo. Mais comment entrer dans la maison d’à côté avant lui ? » Un peu avant de s’endormir, vers le petit matin, il décida que le meilleur moyen serait d’apprendre des informations par ses grands-parents. Il croisa les doigts pour qu’ils se souviennent de quelque chose d’important. Et pour que ce soit une vraie information.
―Buen día, abu ―dijo con su mejor sonrisa. Delante de él estaba puesta ya la mesa del desayuno, con dos cafés-con-leche humeantes y el té favorito del abuelo. Había marraquetas y mantequilla, y hasta un pequeño ramito de flores al centro.
La abuela Nicolasa frenó en seco.
―Es domingo Amarito. ¿Qué haces despierto tan temprano? ¿Y por qué preparaste el desayuno? ¿Por qué estás listo, si tanto te gusta dormir? ―lo bombardeó. Solo le faltaba ponerle el revés de la mano sobre la frente para verificar si acaso su nieto tenía fiebre.
―Abu, buen día. Ya no podía dormir ―explicó, mientras aparecía su sonriente abuelo.
―¡Amarito, pero qué rico desayuno has preparado, hijito! ―apreció el viejo Simón, tomando asiento. En sus quince años, ésa era la primera vez que Amaru preparaba un desayuno. Alguna vez había hecho el almuerzo, o la cena. Pero ya que le gustaba tanto dormir, jamás un desayuno.
Los tres empezaron a servirse lo que había preparado el muchacho.
Mientras pasaba un poco de mantequilla por el pan, Amaru preguntó, como al descuido:
―Abu, ¿recuerdas si alguien de tu familia fue arqueólogo o algo parecido ?
―Ahora que lo mencionas, me contaban que mi bisabuelo Mariano se dedicaba a las excavaciones arqueológicas. Él fue ayudante de un importante arqueólogo extranjero que vino en una especie de misión científica a las ruinas de Tiwanaku. Eso fue por 1900, cuando recién descubrieron ese sitio arqueológico; toda una novedad a nivel mundial. Mi abuela Rosa me solía contar orgullosa sobre el trabajo de su papá.
―¿Y qué relación tenía Rosa con Raquel, abu? ¿Lo recuerdas?
La anciana se quedó por un momento pensativa. Amaru pensó que de repente no había escuchado bien la pregunta, pero finalmente ella aclaró:
―Rosa y la abuela de Raquel eran hermanas. Raquel era mi prima. Últimamente me sueño mucho con ella y así recuerdo más de cuando vivíamos en esta casa.
―¿Qué recuerdas de ella, abu? ¿Cómo era su familia? ¿Raquel tenía hermanos?
―No. Tanto ella como yo éramos hijas únicas. Nuestras mamás eran primas en primer grado. Jugábamos siempre juntas. Esta casa se convertía cada tarde en un barco, en un templo tiwanacota (ya sabes, Amaru, seguramente lo hacíamos porque habíamos escuchado muchas historias del bisabuelo Mariano), en un castillo con pasadizos secretos, en naves espaciales… ―se hizo un corto silencio―. Extraño a Raquel.
―Espera, espera, abuela, ¿pasadizos secretos dijiste?
―Sí, claro. La cocina de la casa de Raquel y esta colindan, y existía un pequeño espacio que las conectaba. Para nosotras era muy fácil escurrirnos por allí y pasar de una casa a la otra sin que lo supieran los grandes. ¡Cuántas veces nos fuimos una a la casa de la otra mientras todos dormían y nos quedábamos horas leyendo los libros ilustrados de Raquel o jugando con mis muñecas! Al día siguiente nadie podía entender por qué estábamos tan cansadas, si nos habíamos acostado temprano…
Nicolasa sonreía al calor de los recuerdos. A Amaru le picaban los pies para ir corriendo a la cocina a buscar el famoso pasadizo.
Nicolasa souriait à l’évocation de ses souvenirs. Amaru avait des fourmis dans les pieds tellement il avait envie de courir à la cuisine pour trouver le fameux passage secret.
―¿Y alguna vez viste alguna pieza recuperada por tu bisabuelo Mariano en Tiwanaku?
–Et tu n’as jamais vu une pièce récupérée de Tiwanaku par ton arrière-grand père Mariano ?
―No, nunca. Siempre fue como un misterio que flotaba en la familia. Y eso iba asociado al rumor de que su jefe, el arqueólogo extranjero, había desaparecido de una forma muy misteriosa.
–Non, jamais, ça a toujours été comme un secret qui planait dans la famille. Mais c’était aussi lié à la rumeur sur son chef, l’archéologue étranger qui avait disparu mystérieusement.
―Bueno, hijito, se nos hace tarde para ir a misa con la abuela ―dijo don Simón levantando los platos de la mesa―. Después iremos a visitar a don Roberto y nos quedaremos a almorzar en su casa. ¿Tú que vas a hacer hoy?
–Bon mon petit, il se fait tard pour aller à la messe avec ta grand-mère. Après la messe nous rendrons visite à don Roberto et nous resterons déjeuner chez lui. Et toi ? Que vas-tu faire aujourd’hui ? –lui demanda don Simon en débarrassant la table.
―Todavía no tengo ningún plan ―mintió Amaru, feliz de que sus abuelos estuvieran fuera de la casa por un tiempo. Luego, fue corriendo a su habitación para mandar un chat a sus amigos.
–Je ne sais pas encore –mentit Amaru heureux que ses grands-parents ne soient pas dans la maison pendant un long moment. Ensuite il courut à sa chambre pour envoyer un message à ses amis.
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