Justo cuando Amaru tenía la máxima atención de todos, entró a la habitación la mamá de las chicas con una bandeja llena de salteñas. Sin darse cuenta, y para espanto de todos, la colocó exactamente sobre de los papeles antiguos de Amaru. Pero nadie atinó a decir nada.
―¿Cómo les está yendo con el trabajo? ―preguntó amablemente, mientras se acomodaba en una de las sillas vacías y agarraba ella misma una salteña. Los otros también comenzaron a comer las deliciosas empanadas de pollo.
Amaru no le quitaba la vista de encima a los papeles que sobresalían un poco debajo de la bandeja. Temía mucho que el gigote de alguna de las salteñas manchara los documentos. Pero por otro lado tampoco quería ser muy evidente y retirarlos de golpe, pues la mujer podría darse cuenta de algo y comenzar a hacer preguntas incómodas.
―Pues, recién estamos empezando má ―contestó Wara con la boca llena.
–On commence tout juste maman –répondit Wara la bouche pleine.
―Bueno, pues. No los distraigo más ―se levantó y recogió la bandeja―. ¡Ah!, y deberían apurarse, que hace un rato llamó la señorita Casanova, su profesora de Sociales, y me pidió que les avise que solo esperará los trabajos hasta las cinco.
–Alors je ne vous embête pas plus –elle se leva et reprit le plateau–. Ah ! Il faudrait vous presser car Mademoiselle Casanova, votre professeure d’histoire a appelé il y a déjà un moment. Elle m’a demandé de vous prévenir qu’elle récupère les devoirs jusqu’à cinq heures.
Amaru se levantó de un salto y recuperó los papeles que afortunadamente no habían sufrido ningún daño. Wara se apresuró a reordenar los libros y a reactivar la computadora que hacía rato había entrado en sleep.
Amaru se leva d’un coup et récupéra les papiers qui n’avaient heureusement souffert aucun dommage. Wara s’empressa de ranger les livres et de remettre en marche l’ordinateur qui s’était mis sur veille depuis longtemps.
―Si no nos apuramos, nos aplazaremos en Sociales ―y, dirigiéndose a Amaru―: Lo siento, Amaru. Tengo tantas ganas de que nos cuentes lo que pasó con esos papeles… pero si no empezamos ahora mismo a hacer este trabajo, no llegaremos a tiempo.Todos asintieron. Wara tenía razón.
–Si on ne se presse pas on va rater l’histoire-géo –et s’adressant à Amaru– : désolé Amaru, j’ai vraiment envie que tu nous racontes ce qu’il y a dans ces papiers, mais si on ne commence pas à faire ce travail maintenant, on ne finira pas à temps.Ils acquiescèrent, Wara avait raison.
Se apuraron y, mientras Amaru buscaba información, Julián y Wara iban escribiendo el texto en la computadora. Lograron terminarlo apenas a tiempo: veinte minutos antes del plazo: tenían que apurarse para no quedar fuera.
―Mamá, acompañaré a los chicos a dejar su trabajo al colegio ―gritó Pancara al ver que su hermana y los dos amigos empezaban a salir con rumbo hacia el colegio. No quería perderse por nada la explicación que seguramente daría Amaru acerca de las hojas misteriosas. Casi sin esperar respuesta, alzó al desprevenido Chisla y lo llevó apurada en sus brazos.
Los cuatro salieron calle abajo prácticamente corriendo para llegar al teleférico que los llevaría hasta el colegio, un establecimiento antiguo que se ubicaba en un barrio no muy lejos de Sopocachi.
Wara y los dos chicos subieron corriendo hasta la sala de los profesores, donde encontrarían a la señorita Casanova, mientras Pancara hacía pasear a Chisla en el patio escolar. Cuando volvieron, tenían cara de alivio.
―¡Llegamos justo a tiempo! Que si no era por Wara, la historia hubiera sido distinta
–On arrive juste à temps ! Si ça n’avait pas été Wara, l’histoire aurait été différente
―afirmó Julián y de inmediato el rostro se le ruborizó. Peor aun cuando se dio cuenta de que la muchacha le dedicaba una sonrisa singular, con ojitos achinados y todo. Cuando Julián pensaba en ella, creía que no podían haberle escogido mejor nombre, porque parecía una verdadera y hermosa estrella.
–affirma Julián qui rougit immédiatement. Et ce fut pire lorsqu’il vit la jeune fille lui faire un étrange sourire, avec ses yeux bridés. Á chaque fois qu’il pensait à elle, il se disait qu’on avait bien choisi son prénom car elle ressemblait vraiment à une étoile.
―¡Ahora, a disfrutar de la vacación! ―exclamó Amaru estirando los brazos hacia los lados, haciéndose al que no se había dado cuenta de nada.
–Allez maintenant, on profite vraiment des vacances ! –s’exclama Amaru en étirant les bras de chaque côté, en faisant celui qui ne s’était rendu compte de rien.
Y así llegaron ya despreocupados hasta la estación del teleférico para retornar a sus casas.
Et détendus, ils arrivèrent à la station du téléphérique pour rentrer chez eux.
El viento se colaba por las ventanitas, produciendo un breve silbido y la cabina se balanceaba suavemente con los cuatro tripulantes a bordo. Afuera, el sol había empezado a bajar en el horizonte, pintando la ciudad de tonos naranjas y dorados.
Las laderas de los cerros, salpicadas de casitas de ladrillo visto, observaban inmóviles el espectáculo del atardecer. Al fondo, el Illimani majestuoso, cerro guardián de La Paz, presenciaba todo lo que ocurría a sus faldas, mientras los rayos cálidos pintaban de oro sus nieves eternas. Las calles y avenidas abajo se veían como líneas de una mano que contaban el pasado, el presente y el futuro de la ciudad y de sus habitantes. Y las pequeñas luces que se comenzaban a encender a la distancia, en las casitas y en el alumbrado público, titilaban como estrellas en un firmamento invertido.
―Y ahora que ya entregaron su trabajo y todo ha salido bien, ¿por qué no nos cuentas, Amaru, ahora sí, lo de los famosos papeles? ―dijo Pancara, acariciando la cabecita de Chisla.
–Et maintenant que vous avez rendu votre travail et que tout s’est bien passé, pourquoi Amaru tu ne nous parles pas de ces fameux papiers ? –dit Pancara en caressant la tête de Chisla.
―Buena idea ―afirmó Julián.
–Bonne idée –affirma Julián.
Todos giraron a observar al joven quinceañero, que se sintió feliz por el interés que había cobrado su historia.
Ils se tournèrent pour observer le jeune garçon de quinze ans qui fut tout heureux de l’intérêt qu’avait suscité son histoire.
“Bueno, entonces mejor les cuento cómo fue que los encontré. El domingo pasado la abuela me conminó a ordenar mi cuarto. Que si no ordenaba mi cuarto ‘ya’, me podía olvidar de cualquier salida con amigos, o de cualquier fiesta. Ya se imaginarán unas vacaciones sin poder ir a ningún lado… Así que comencé a poner las cosas en su lugar. Primero lo hice a conciencia, ya saben, los libros y cuadernos en el escritorio; las chompas en el placar; las medias en el cajón… pero cuando el desorden me comenzó a sobrepasar, busqué formas más…. más ‘creativas’ para guardar las cosas, así que empecé a ocultarlas debajo de la cama o en el fondo de una caja. Pero fue cuando intenté guardar todo debajo de la alfombra que me di cuenta de que el piso tenía un tablón suelto. Lo levanté y allí, en un fondo falso, encontré una carpeta que tenía varias cosas: fotografías antiguas, algunas anotaciones en pequeños papeles… pero estos documentos escritos a mano fueron los que más llamaron mi atención.
“¿Qué les parece si mejor se los leo…?:
“’Lunes 2 de diciembre (haciendo cálculos y buscando en Internet, encontré que lo más probable es que se refiere al año 1895):
Hoy fuimos con el arqueólogo nuevamente a Tiwanaku3. De la Grange me había adelantado que este sería un día sería de grandes descubrimientos. Y así fue.
Entramos los dos a la cámara que encontramos en la excavación días antes.
En esos momentos me pregunté cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que un ser humano ingresaba en ese lugar. Fue una sensación muy extraña: de dominio y de inmenso desamparo a la vez.
Pronto la lámpara de kerosén iluminó las paredes, que estaban cubiertas por placas doradas hasta una altura aproximada de un metro. Y en todo el espacio, sobre distintos basamentos de piedra, se podían observar figuras de piedra, metales y piedras preciosas. Eran como seres silenciosos apostados sobre pedestales guardando secretos milenarios e inmemoriales. Observándonos desde su inmutabilidad.
Allí dentro el aire era ralo y difícil de respirar. Pero eso realmente no importaba. Casi se podía escuchar nuestros corazones latiendo con gran rapidez por los nervios y la adrenalina que corría por nuestros cuerpos. Acompañé a de la Grange a revisar uno por uno los objetos que allí había. Contrario a lo que me imaginé, el entusiasmo y la fascinación del arqueólogo ante ese tesoro se fueron transformando poco a poco en desánimo, hasta que el rostro de mi jefe se volvió evidentemente sombrío. ‘¿Sabes, Mariano…?’, me dijo, ‘todavía no existen las condiciones para poder mantener adecuadamente estas reliquias fuera de aquí, fuera de esta cámara… Me estoy planteando dejar casi todo acá, tal como está. Casi todo, digo, estimado Mariano, porque es también importante extraer algunos ejemplares para poder continuar con nuestra investigación; pero nadie debería enterarse de la existencia de esta cámara. ¿Entiendes lo que digo, Mariano?’. Me quedé de una pieza, pues había supuesto que ese descubrimiento le traería la máxima gloria al arqueólogo extranjero; pero él prefirió preservar la historia, porque el país no está todavía preparado para conservar esa memoria. ‘No te preocupes, Mariano’, me dijo apretándome el brazo, ‘no pasará mucho tiempo más para que podamos dar a conocer nuestro descubrimiento’. Intentó tranquilizarme, pero me sentí frustrado. Comencé muy joven como ayudante del arqueólogo de la Grange, un extranjero afable y respetuoso de nuestra historia. Todo lo que sé lo fui aprendiendo de él y he podido descubrir las maravillas que alberga la memoria de nuestros ancestros. ‘Ven, ayúdame a escoger los objetos que llevaremos con nosotros para empezar a analizarlos’, me dijo, y me apresuré a seguirle el paso mientras iluminaba uno por uno los cientos de objetos que había allí adentro. Decidió llevar consigo cinco piezas, que fue colocando de forma muy cuidadosa en la mochila que yo llevaba al hombro. No habíamos llevado ninguna protección especial, así que los fue envolviendo con nuestras chompas y gorros. Un monolito, un plato dorado, una vasija de cerámica, un textil y una especie de máscara metálica… lo digo así, de forma mundana, pero ya luego descubriremos sus verdadera dimensiones y su valor’”.
Amaru hizo un silencio. Los ojos de los otros tres parecían platos. Ninguno comprendía a cabalidad lo que acababan de escuchar, pero sí comprendían que se trataba de algo que tenía muchísima importancia.
―¿O sea que encontraron una cámara llena de tesoros? Es que esto sí que es superinteresante ―dijo Pancara.
–Donc ils ont trouvé une chambre pleine de trésors, c’est super intéressant –dit Pancara.
―¿Y de todo lo que hallaron solo tomaron cinco cosas? Pero…, ¿dónde están esas cosas? ―lanzó Julián.
–Et il ne reste que cinq choses de ce qu’ils ont trouvé ? Mais où sont les autres? –lança Julián.
―¿Quién es el que escribe, Amaru? ¿Ese tal Mariano? ¿Por qué esa carpeta estaba oculta en el suelo de tu habitación? ―preguntó Wara.
–Qui a écrit, Amaru ? Et qui est ce Mariano ? Pourquoi ce dossier était caché dans le plancher de ta chambre ? –demanda Wara.
―Son muchas preguntas, amigos. Las mismas que están dando vueltas en mi cabeza desde el domingo. A estas sumaré si los golpes que escuché hace tiempo tienen algo que ver con esto. No lo sé. Solo sé que en esta casa, desde que existe, no ha vivido nadie más que gente de mi familia; así que tiene que ser algún pariente mío.
–Voilà beaucoup de questions les amis. Et ce sont les mêmes qui tournent dans ma tête depuis dimanche. En plus, j’ajouterai que les coups que j’ai entendus il y a quelques années ont certainement quelque chose à voir avec ça. Je ne sais pas trop. Je sais juste que depuis que cette maison existe il n’y a que des membres de ma famille qui y ont vécu, et que c’est certainement un parent à moi.
―¿Y entre los otros papeles y fotografías que hay en la carpeta no habrá más pistas? ¿Cómo podríamos ayudarte en tu pesquisa? ―consultó Wara con esperanza.
–Et parmi les papiers et les photos qu’il y a dans le dossier, il n’y a pas d’autres pistes ? Comment on pourrait t’aider dans cette enquête ? –demanda Wara avec espoir.
―Eso, amigos, es precisamente lo que quisiera que me ayudaran a investigar ―dijo Amaru acariciando al pequeño Chisla. Por un momento se le ocurrió pensar que de repente Wara no era tan desagradable―. ¿Qué tal si vamos ahora mismo a tomar té a mi casa y les muestro todo lo que he descubierto?
–Ben ça les amis, c’est bien ce que j’aimerais que vous m’aidiez à découvrir –dit Amaru en caressant le petit Chisla. Pendant un instant il se mit à penser que Wara n’était pas si désagréable –et si on allait prendre le thé chez moi comme ça je vous montre ce que j’ai découvert ?
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