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Somnaire
Couverture Carte et Photos Biographie 1 Frío, mucho frío 2 Misterio a la vista 3 Trabajo final 4 Colgados sobre la ciudad 5 Algunas pistas 6 Visita inesperada 7 Importante información 8 Descubrimientos 9 Epílogo 10 Recetas
Version
Polices
Amaru colgó la llamada y guardó el teléfono celular en la chaqueta. ―Todo listo ―dijo―. Mi abu nos esperará con algunas masitas para tomar té. ―¿Cómo es que vives solo con tus abuelos, Amaru? ¿Y tus papás? ―consultó Pancara.
Ella, de alguna manera, siempre se las arreglaba para mantenerse fiel al significado de su nombre, “risueña”, en el ancestral idioma aymara. Wara era “estrella” y ella, “risueña”; así lo había decidido su mamá cuando ambas nacieron. ―Pues, bueno… mi papá desapareció cuando yo todavía no había nacido, y mi mamá se fue al Brasil a probar suerte como costurera. Yo solo tenía dos años, ¿saben? De vez en cuando tenemos noticias de ella. Pero, para todos los efectos, Nicolasa y Simón son mis papás. Los mejores del mundo.
Pancara le pasó el brazo por el hombro de forma cariñosa. Recién entonces él se dio cuenta de las pecas diminutas que ella tenía en la nariz y sintió por unos segundos que se hundía en la inmensa negrura de sus ojos achinados.
―De nuestro papá tampoco sabemos casi nada ―susurró Pancara mirando a Wara, a ver si ella consentía lo que iba a contar sobre su familia―. Él se fue de casa hace tres años. También se deja ver de vez en cuando, pero cada vez menos… ―sonrió con un poco de tristeza―. ¿Y tú, Julián? ¿Cómo es tu familia?
–On ne sait presque rien de notre père nous non plus –murmura Pancara en regardant Wara pour voir si elle approuvait ce qu’elle allait dire de leur famille–. Il est parti depuis trois ans, il vient de temps en temps, mais de moins en moins souvent. –Elle sourit tristement– Et toi Julián, comment est ta famille ?
―Mi familia… bueno, igual… normal, supongo. Mis papás están juntos desde hace como veinte años. Y somos cuatro hermanos. Yo soy el mayor. Y eso sí que puede ser muy molesto a veces. Ya saben… “Julián, acompaña a tu hermanito al baño. “Juliancito, ayuda a Catalina a prender la luz; ella no alcanza todavía”. “Juli, ayuda a Martín con su tarea de Mate…”. Soy el ayudante oficial de tres enanos que no saben hacer nada por sí mismos ―explicó, cambiando la voz y poniendo los labios en la letra i cada vez que imitaba a sus papás.
–Ma famille est plutôt normale, enfin je suppose. Mes parents sont ensemble depuis près de vingt ans. Nous sommes quatre et je suis l’aîné, et c’est bien souvent ce qui m’embête, vous savez : « Julián accompagne ton petit frère aux toilettes », « Mon Julián, aide Catalina à allumer la lumière, elle n’y arrive pas elle est encore trop petite », « Juju, aide Martin à faire ses maths »… Je suis le second de trois nains qui ne savent rien faire par eux-mêmes –expliqua-t-il en changeant de voix et en mettant ses lèvres comme pour prononcer un « i » comme à chaque fois qu’il imitait ses parents.
Todos rieron con ganas.
Y así, suspendidos sobre la ciudad, y aprendiendo en pocos minutos mucho más unos de otros que en todo el tiempo en que se conocían, llegaron los cuatro a la estación más cercana a la casa de Amaru.
Ils rirent tous de bon coeur.
Suspendus au-dessus de la ville, ils apprirent bien plus sur eux en quelques minutes que depuis tout le temps qu’ils se connaissaient. Ils arrivèrent rapidement à la station la plus proche de la maison d’Amaru.
Wara y Pancara frenaron en la calle ante la belleza de la casa donde vivía Amaru. El portón de ingreso era de madera maciza y estaba flanqueado a ambos lados por dos pilares de piedra con flores y uvas talladas al estilo barroco mestizo característico de la arquitectura de ese lugar. Arriba, en el segundo piso, asomaba por encima de la calle empedrada un balcón de madera al que se accedía por un par de puertas de vidrio desde adentro de la casa.
Al abrir el portón, se pasaba por debajo del balcón a través de una galería, que conducía a un patio interior por debajo de un magnífico arco de piedra. Por encima de este, el muro se hallaba cubierto por una pieza de madera adornada con gran profusión de imágenes espléndidamente talladas: ángeles, flores, mandalas, estrellas y peces. Y a lo largo de los dos muros, a la izquierda y a la derecha, varios faroles de hierro forjado sobresalían como pequeñas banderas. . ―Es como volver el tiempo atrás. Todo esto es superhermoso ―murmuró Wara, que no podía dejar de contemplar tantos increíbles detalles de aquel lugar. Más que en la casa de un amigo, sentía que estaba visitando un museo. ―Como pueden ver, en la parte de abajo de mi casa se han instalado algunas tiendas de amuletos y ese pequeño restaurante. Por cierto, nunca prueben su comida. Este bloque de la derecha es la casa donde yo vivo. Y el bloque de la izquierda, que va pegado directamente al mío, es el que está abandonado hace tanto tiempo. Pero vamos arriba, que mi abuela ya nos debe estar esperando, y también la carpeta con cosas antiguas. Fueron los cuatro hacia la puerta de madera que estaba a mano derecha. Al abrirla, se encontraron directamente en el descanso de una grada que conducía hacia un piso superior y también hacia otro que se hallaba abajo, al sótano.
Subieron y llegaron a una sala que tenía un piso de madera desgastado cubierto de alfombras blancas y mullidas de lana de oveja. Allí, hundida en una poltrona colorida, estaba sentada una anciana que los observaba con ojos escrutadores. ―Abuela, te presento a mis amigas Wara y Pancara. A Julián ya lo conoces… ¡ahhhh!, sí, también al pequeño Chisla.
Los ojos de la mujer se enfocaron rápidamente en el perrito, que movía entusiasmado la cola. La anciana no esbozó ni media sonrisa. ―Doña Nicolasa, mucho gusto ―saludaron las dos chicas un poco nerviosas. Algo en la fisonomía de la mujer les traía recuerdo a las imágenes de las tortugas más viejas del mundo. Pero definitivamente ninguna de las dos chicas hubiera podido precisar qué.
De un cuarto de atrás salió cojeando un viejito. Parecía hecho de suspiros y de volutas de humo, tan frágil y pequeño se veía. Saludó a todos y su sonrisa de dientes perfectos iluminó todo su rostro. ―Y él es Simón, mi abuelo ―presentó orgulloso Amaru. ―Huele a cuñapés ―dijo Simón olisqueando el aire y frotando las manos de forma entusiasta. Sus pequeños ojos se achinaron hasta volverse solo dos rayas casi imperceptibles―, mis favoritos del mundo mundial.
Eso bastó para romper el hielo que se había estado formando con la actitud fría de Nicolasa.
Así que todos se sentaron alrededor de la mesa luego de ayudar a llevar las masitas que había preparado la abuela en su pequeña cocina: cuñapés y llauchas, y también el api4 humeante y el chocolate caliente. Todo un banquete para los chicos que, además, no habían logrado almorzar adecuadamente por acabar su trabajo.
―¡Mmm, doña Nicolasa! Son los mejores cuñapés que he comido en toda mi vida. ¿No me daría la receta? ―aventuró Wara.
–Humm doña Nicolasa, ce sont les meilleurs cuñapés5 que j’ai mangés de toute ma vie ! Vous me donnez la recette ?
Amaru tragó saliva. Sabía que las recetas de su abuela eran cuasisagradas e intocables. Pero, contra todo pronóstico, la anciana le contestó:
Amaru avala sa salive, il savait que les recettes de sa grand-mère étaient sacrées et intouchables. Mais contre toute attente, la vieille dame répondit :
―Te doy mis recetas, sí. Si tú me prestas un rato a tu perrito.
–Je te donne mes recettes si tu me prêtes un peu ton petit chien.
―Faltaba más, doña Nicolasa. Claro que le presto a nuestro perrito ―se adelantó Wara y puso a Chisla en las faldas de la anciana, que comenzó a acariciar al animal con sus dedos nudosos. Algo así como una sonrisa se dibujó en su cara.
–Mais évidemment doña Nicolasa ! Bien sûr que je vous prête mon petit chien –Wara s’avança et mit Chisla dans les jupes de la vieille dame qui commença à caresser l’animal avec ses doigts noueux. Sur son visage on put voir comme un léger sourire.
Amaru no lo podía creer. Eso sumó otro punto a favor de Wara.
―¿De dónde lo tienen? ―preguntó con voz frágil Simón.
–Comment l’avez-vous eu ? –demanda Simon de sa voix fragile.
―¿A Chisla? Un buen día, hace tres años, nos siguió desde el colegio hasta nuestra casa.
–Chisla ? Un beau jour elle nous a suivies jusque chez nous en sortant du collège.
Era la época en que papá se había ido, así que mamá nos permitió que se quedara con nosotras… lo vimos tan chiquito, que le pusimos Chisla, que en aymara significa, ustedes deben saber mejor que nadie, “pequeño” ―dijo Wara haciendo alusión a que los abuelos de Amaru eran de origen aymara.
C’était au moment où papa était parti, alors du coup maman nous a permis de la garder… Elle était tellement petite qu’on l’a appelée Chisla, ce qui veut dire en Aymara6, « petite », vous le savez mieux que personne –dit Wara en faisant allusion aux origines aymara des grands-parents d’Amaru.
Sabiendo que su abuela estaría distraída un buen rato con el perrito, Amaru hizo gestos a sus amigos para que lo siguieran a su cuarto. Allí, fue acomodando sobre la alfombra la carpeta y sacó una a una las fotografías, los papeles que habían leído en el teleférico y una docena de notas escritas en pequeños papeles arrancados de diferentes cuadernos.
Amaru sacó una libreta para que pudieran anotar toda la información e impresiones que iban recogiendo. Empezaron con las fotografías:
Fotografía 1: se observa a dos hombres que miran a la cámara. El de la derecha es alto y corpulento. Tiene un bigote oscuro tupido que le cubre el rostro de mejilla a mejilla. Su pie izquierdo está apoyado sobre un bloque de piedra, lo que le permite mantener una postura erguida y elegante. Sostiene orgulloso con ambas manos una vasija de cerámica que tiene pintadas figuras geométricas escalonadas. El hombre de la izquierda es más joven, pequeño y moreno. Tiene una mirada tímida y amable, y su sonrisa permite observar una línea de dientes perfectos y blanquísimos. Los brazos le cuelgan a los lados del cuerpo. Cubre su cabeza un chullo tejido con figuras altiplánicas. A sus pies se observa una mochila, picotas, lámparas a kerosén, pitas y otras herramientas. Al medio de los dos hay un aparato extraño, que se ve como un radio con algunos botones, una palanca y un espacio con números en semicírculo y un indicador.
―Sin duda el de la izquierda es quien escribe los documentos que leímos hace un rato. Mariano ―reflexionó Pancara―. Y el otro debe ser el tal de la Grange
–C’est sans doute celui de gauche, Mariano, qui écrit les documents qu’on lit depuis un moment, et l’autre à côté doit être ce La Grange –réfléchit Pancara.
―¿Por qué lo dices, Pancara? ―preguntó curioso Julián.
–Pourquoi tu dis ça Pancara ? –demanda Julián curieux.
―Tiene la pinta de ser quien ayudaba al arqueólogo, que me parece que es el que se ve como extranjero. O sea de la Grange.
Todos asintieron.
–On dirait celui qui aidait l’archéologue, et je pense que l’archéologue c’est celui qui ressemble à un étranger, c’est-à-dire ce La Grange.
Fotografía 2: se ven ruinas de alguna construcción de piedra antigua semicubiertas por tierra. Esparcidos por la superficie hay algunos bloques de roca cortada, que parecen lozas enormes. Cerca de quien tomó la foto hay un hueco enorme en el suelo y se asoma un muro que proviene de la profundidad de la tierra. Debe tratarse de las ruinas de Tiwanaku cuando recién fueron descubiertas y se empezaron las primeras excavaciones. ―Miren lo que dice acá en este papel ―dijo Wara, con un tono de misterio que de inmediato hizo que los demás le prestaran atención―: “Las cinco piezas que sacamos de Tiwanaku (borroneado) corren peligro. Tuvimos que ocultarlas de emergencia. Mucho me temo que de la Grange no haya corrido buena suerte en el intento Hvlshad (borroneado), por eso, me hice cargo del disco de oro y ddefgv ghoij vasija ritual de cerámica (borroneado). Aprovechando la ausencia en la casa de al lado, los escondí en las paredes (borroneado). De la Grange llevó consigo los otros tres objetos, pero lo más probafdgi´rtj yb (borroneado) no haya logrado esconderlos a tiempo.
Los cuatro muchachos se miraron asombrados. Wara intentaba colocar el papel a contraluz o girarlo para tratar de descifrar lo que estaba escrito debajo de los borrones.
Les quatre jeunes se regardèrent stupéfaits. Wara essayait de placer le papier à contre-jour ou de le retourner pour essayer de déchiffrer ce qui était écrit sous les pâtés.
―No hay caso. Esta tinta se debe haber esparcido hace tiempo y cubrió totalmente algunas letras.
–Il n’y a rien à faire, cette encre a du se répandre depuis longtemps maintenant, et elle a complètement recouvert certaines lettres.
―Pero está muy claro que Mariano logró esconder al menos dos piezas en la casa abandonada al lado de esta… ―todos asintieron.
–Mais il est clair que Mariano a réussi à cacher au moins deux pièces dans la maison abandonnée d’à côté –ils furent tous d’accord.
―¿Y seguirán allí? ¿Será que los ruidos que escuchaste hace un par de años significan que alguien entró a buscarlos…? ¿Y que… los encontraron? ―Julián se veía atolondrado.
–Et ils seraient toujours là ? Les bruits que tu aurais entendus il y a deux ans voudraient dire que quelqu’un serait venu les chercher ? Et… qu’ils les auraient trouvés ? –Julián était complètement abasourdi.
―Tendríamos que ir a ver ―afirmó Amaru.
–Il faudrait aller voir –affirma Amaru.
―¿Ir a ver?, ¿Pero cómo? ―preguntó Wara, con esa forma suya de ladear la cabeza como loro.
–Aller voir ? Mais comment ? –demanda Wara avec cette drôle de manière qu’elle avait de bouger la tête comme un perroquet.
―Alguna forma habrá…
–Il y a bien un moyen –jugea Amaru pensif.
―sentenció Amaru pensativo―. Y creo más o menos saber cómo.
–Et je crois plus ou moins savoir comment faire.
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