Confidencias en la playa
Recorrimos Bella Vista en las bicicletas. En mi canasto, llevé el tupper con scones recién hechos de Doña Rosa, y Luana cargó en el suyo con la matera. Me contó que la mayoría de los dueños de los chalets que fuimos viendo, de ventanales enormes y con jardines extensos de césped cuidado, viene solo en los meses de verano. Pasamos por una reserva de flora y fauna privada, y vichamos las vistas grandiosas desde los cercos de alambrado y vegetación. Hacía ya un rato largo que pedaleábamos. –¿Querés seguir recorriendo? Podemos ir a un puente de madera, pero está del otro lado y tenemos un trayecto largo en bici… –Por mí vamos a la playa y nos sentamos un poco. ¡Hace tanto calor!–dije. –Sí, mejor vamos. ¡Además tengo hambre! – aseguró, riendo.
Luana, que conoce senderos escondidos, guió las bicis por entre varios arbustos para salir directamente a la arena. En esa parada de la playa, donde hay una boya anaranjada, se une un pequeño arroyo con el mar. La arena es blanca, fina y está salpicada de caracoles marinos.
–¡Esto es divino! –exclamé, entusiasmada, al mismo tiempo que Luana se quitaba un pañuelo que llevaba anudado a la cintura y lo desplegaba sobre la arena. Nos instalamos sobre él, colocando el tupper y la matera.
–Mais c’est divin! –m’exclamai-je. Pendant ce temps Luana enlevait le foulard qu’elle avait noué à sa taille et le dépliait sur le sable. On s’y installa avec le tupperware et la matera2.
–¿Venís seguido a este lugar? –le pregunté, aceptando el mate que me pasó.
–Vous venez souvent ici ? –lui demandai-je en acceptant le maté qu’elle me donnait.
–Lo más que puedo. Incluso en invierno, que el viento sopla fortísimo. Adoro mirar el horizonte, ahí donde parece que termina el mar y empieza el cielo. Pero entre el liceo y lo que ayudo a mamá en el almacén, tampoco es que me sobre el tiempo…
–Dès que je peux, même en hiver quand le vent souffle très fort. J’adore regarder l’horizon, là où la mer s’arrête et commence le ciel. Mais entre le lycée et les fois où je dois aider maman au magasin, je n’ai pas beaucoup de temps…
–¿Y vos? ¿En qué año estás?
–Et toi, t’es en quelle année ?
–En segundo.
–En seconde3.
–¿Te gusta estudiar?
–Tu aimes étudier?
–Me va bien, yo qué sé -dije, encogiéndome de hombros.
–Ben oui, ça va plutôt bien –répondis-je en haussant les épaules.
–A mí me va mal –rió - Le pedí a mis padres para dejar de estudiar y casi les da un paro cardíaco. Ufff.
–Pour moi ça ne va pas du tout –dit-elle en riant– J’ai dit à mes parents que je voulais arrêter mes études mais ils ont presque fait une crise cardiaque. Pff.
Estallamos en una carcajada.
Nous éclatâmes de rire.
–Encima, como tienen el ejemplo de mi hermano, Andrés, que siempre fue brillante, esperan que yo sea como él. Pero yo soy yo y punto. –Me dijo Doña Rosa que estudia para ser veterinario. –Sí. Lo vas a conocer mañana. Es el primero de la familia que va a la facultad. Mis padres babean de orgullo –acotó, e hizo un gesto cómico que me tentó. Movió la bombilla, acomodando la yerba, y volvió a cebar. –Pero no sé… si me preguntan a mí, no lo veo muy bien de ánimo –dijo, suspirando -Él tenía una novia, Carolina, pero dejaron cuando mi hermano se mudó a la capital. Y yo entiendo eso porque si Marcos se va sin mí, ¡te aseguro que se arma! –¿Marcos? –Sí, es mi novio pero en secreto. Si mis padres se enteran, me matan. Dicen que novio recién después de los quince. ¡Mirá si voy a esperar dos años!-exclamó, resoplando. –¿Hace mucho que están? –¡Un montón! ¡Es que nos conocemos de tooooda la vida! –confesó, riendo -Fuimos compañeros de clase en la escuela y ahora en el liceo. Nuestros padres son amigos y vecinos. ¿Qué pasa que mirás tanto para atrás? –preguntó, de repente, dándose la vuelta.
-Es que… -balbuceé, nerviosa. Entonces me decidí a hablar: -¿Vos sabés qué pasa en este lugar? ¡Es todo tan raro! Te juro que yo siento que me observan… Que hay personas que me miran desde escondites extraños. Y antes que pienses que estoy demente, ¡te prometo que no!
–C’est que…. –balbutiai-je, nerveuse, et alors je me décidai à parler–. Tu sais ce qui se passe ici ? Tout est bizarre ! Je te jure, j’ai l’impression qu’on m’observe, qu’il y a des gens tapis dans des endroits étranges et qui m’observent. Et je te promets que je ne suis pas folle !
Luana dejó escapar una risa, y empezó a hacer un pozo en la arena con la punta del pie descalzo.
Luana laissa échapper un petit rire et commença à faire un trou dans le sable avec la pointe de son pied déchaussé.
–Cuando te conocí en el almacén, también escuché a esa señora preguntarle a tu madre y a vos si yo era yo… Dijo algo así como: “Es ella, ¿no?”
–Quand je t’ai rencontrée dans le magasin, il y avait aussi cette dame qui vous demandait à toi et à ta mère qui j’étais… Enfin, elle a dit un truc comme : « C’est elle, non ? »
–Este es un pueblo chico. Los nuevos siempre llaman la atención. La gente quiere saber cómo sos. No les hagas caso.
–Ici c’est un petit village et les nouveaux attirent toujours l’attention. Les gens veulent savoir comment tu es, n’y fais pas attention.
Permanecimos un rato en silencio, escuchando el oleaje y con la vista clavada en el horizonte.
Nous restâmes un moment en silence, les yeux fixés sur l’horizon, à écouter le bruit des vagues.
–Ojalá lleguemos a ser buenas amigas –dijo Luana, sin mirarme -No tuve mucha suerte en eso: la que era mi mejor amiga se portó como una reverenda tarada. Aunque duela, tengo que aceptar que ya fue.
–C’est super que nous soyons de bonnes amies –dit Luana sans me regarder– Je n’ai pas eu beaucoup de chance dans ce domaine : celle qui était ma meilleure amie s’est comportée comme une parfaite abrutie. Même si ça fait mal, je dois accepter que ce soit fini.
–A mí me pasó lo mismo –dije, con un nudo en la garganta.
–Il m’est arrivé la même chose –répondis-je avec un nœud dans la gorge.
Das lástima
Mi mente viajó lejos, a mi vida en la ciudad, a mi historia con Verónica y a cómo nuestra amistad terminó. Es cierto que en los últimos tiempos, ella y yo no estábamos tan unidas como cuando éramos pequeñas.
El motivo, al principio, parecía ser Ernesto. Ese chico siempre me fue indiferente. Es parco, se considera gracioso y hace chistes tontos que cree geniales. Sin embargo fui notando cómo Vero reaccionaba distinto cuando él estaba delante, al punto de reír histéricamente de una de esas bromas y tomarlo del brazo como si necesitase sostenerse de él para no caer muerta de la risa.
Me fastidiaba. Era evidente que Ernesto le empezó a gustar. Dejó de esperarme a la salida del liceo para volver juntas a casa, y en cambio, regresaba con él. Pero una tarde una profesora la llamó para hablar de un trabajo que había entregado incompleto. Así que se quedó en el liceo mientras yo partía hacia casa. Escuché unos pasos apurados y miré para atrás: era Ernesto.
Ça m’énervait. C’était évident qu’Ernesto commençait à lui plaire. Elle cessa de m’attendre à la sortie du lycée pour le chemin du retour. Par contre elle rentrait avec lui. Mais un après-midi un professeur l’appela pour lui parler d’un devoir qu’elle avait rendu incomplet. Elle resta donc au lycée et moi je rentrai. J’entendis des pas pressés et regardai derrière : c’était Ernesto.
–¡Al fin te veo sin Verónica! ¡Qué pesada! ¿Cómo la soportás? –preguntó, caminando a mi lado. –Es mi mejor amiga. Me gusta estar con ella. –Ya sé, pero parece que se pega como un chicle. A mí me persigue por todas partes. Me tiene harto. –Decíselo en la cara, no me lo digas a mí. ¡Lo que hacés no da! No podés hablarle mal a una amiga de otra amiga. –¿Nunca te dijeron que en el amor y la guerra todo vale? –preguntó, estirando su brazo y tocándome un mechón de pelo, que ese día llevaba suelto. Me paré en seco. Mis ojos chispeaban de bronca. –¿Qué quiere decir eso? –Sé que te gusto. Y vos me tenés loco -dijo, acercando su rostro al mío. Pude sentirle el aliento y me aparté asqueada. –¡Sos un enfermo! –le grité, dándole un leve empujón para apartarlo. Esbozó una sonrisa sobradora, y contestó: –Mirá a la nenita olorosa y piojosa, cómo se cree que es la Reina de Inglaterra. Me di la vuelta, fulminándolo con la mirada, y me fui. Estallaba de rabia. Tenía que hablar con Verónica y contarle lo que había pasado.Pero llegué a casa y mamá estaba sumergida en la oscuridad de su habitación. Levanté la persiana del estar, abrí la ventana para que corriese el aire y quitase el olor a encierro, y me dispuse a poner en remojo varias prendas de mi madre que estaban manchadas. Después, tiré la yerba vieja que había en el mate, lo limpié a conciencia y vacié el termo.
Arrivée à la maison, je trouvai maman enfermée dans l’obscurité de sa chambre. J’ouvrai le store du salon puis la fenêtre pour que l’air circule un peu et enlève l’odeur de renfermé, puis je mis à tremper plusieurs vêtements tâchés de ma mère. Ensuite je jetai la vieille herbe qu’il y avait dans le mate vidai le thermos et le lavai avec soin.
Tocaron timbre. Abrí la puerta y me encontré a Verónica, con el rostro rojo e hinchado. Pasó de largo y se tiró en el puf viejo que hay a los pies de mi sofá-cama. Se tomó la cara con las manos, y me miró.
On sonna à la porte. J’allai ouvrir et trouvai Verónica le visage rouge et enflé. Elle entra et se vautra sur le vieux pouf au pied de mon canapé-lit. Elle mit ses mains autour de son visage et me regarda.
–¿Qué pasó, Vero? –le dije, acuclillándome a su lado. –Pasó que Ernesto me contó todo, Natalia. Pensé que éramos amigas –dijo, y sin dejarme hablar, continuó: -¿Así que le dijiste que me arrastro como una babosa por él? ¿Qué te doy lástima? –¡Pará! ¡Pará! ¡No fue así! –exclamé, levantando las manos. –Me lo juró por Ale, y no se jura por un hermano así nomás. –¡Entonces es más tarado de lo que yo suponía! Ella negaba con la cabeza, como poseída. –¿Sabés lo que pienso? Que estás tan desequilibrada como tu madre. Fue un golpe bajo, que me llegó directo al pecho. –¿Cómo? –logré preguntar, con la voz tomada. –Sí. Además sos envidiosa porque sabés que no tenés n-a-d-a. Que vivís porque todos acá dan una mano. En cambio yo tengo una familia que me quiere. Y no le andamos pidiendo favores a nadie. –No puedo creer lo que estoy escuchando –susurré, herida. Se levantó, y se pasó los puños por los ojos llorosos: –Estoy harta de vos, de tus dramas y de que mi familia esté al pendiente tuyo. Se terminó –dijo, levantándose y cerrando la puerta de un golpe. Así acabó nuestra amistad. Y al día de hoy, me sigue costando asumirlo.Bajo la lluvia
–Te quedaste pensando… -dijo Luana. –Uh, sí. ¿Te pasa que a veces la mente se te vuela para otro momento de tu vida? –le pregunté. –Pasa… A mí al menos me sucede, y seguido, ¿eh? Pero bueno, también volver al presente es lindo. Tata siempre dice que si vivís machacándote con el pasado, es que no estás sabiendo vivir. Asentí, silenciosa. –Es sabia, Doña Rosa. –Sí, creo que por eso es que salió adelante después que murió el Tata Bebo. Ellos estaban casados desde los quince años. Imagínate no tener a tu compañero de todita la vida… –Debe de haber sido difícil… ¿Vos lo conociste? –No. Murió cuando yo era bebé, recién nacida o por ahí. –Mi mamá también pasó por cosas feas –suspiré -Creo que por eso es como es. –¿Cómo es? –Bueno, no sé. Es complicado describir a mi madre. –¿Y tu papá? Me encogí de hombros. –Mamá nunca quiso hablarme de él. Solo sé que desapareció cuando mi madre le dijo que estaba embarazada. Se hizo una pausa, y escuchamos el graznido de las gaviotas, a lo alto. Luana agitó el termo. –No queda agua. Y mirá para allá –dijo, apuntando al cielo –Eso negro que ves, es lluvia. En cualquier momento nos agarra. Mejor vamos yendo, ¿no?
Recogimos todo con rapidez, y nos montamos en las bicicletas.
On ramassa tout à la hâte et on monta sur les vélos.
Llegamos a lo de Doña Rosa al cabo de pocos minutos, jadeando.
On arriva chez Doña Rosa rapidement mais essoufflées.
Ella nos estaba esperando en la galería, con los brazos en jarras.
Elle nous attendait sous la véranda les mains sur les hanches.
–Ya me parecía a mí que tenían que andar por llegar, gurisitas. Se está por largar la lluvia, sin contar que ya pasó el mediodía y no vinieron a almorzar.
–Je croyais que vous étiez à pied les filles. Il va pleuvoir, et en plus vous n’étiez pas là pour manger ce midi.
–Es que los scones estaban riquísimos y…
–C’est que les scones étaient super bons…
–Tata, ¡decime que vas a hacer tortas fritas, por favor! –rogó Luana, juntando las manos en gesto de súplica.
–Mémé, dis-moi que tu vas faire des beignets s’il te plaît ! –demanda Luana en joignant les mains comme pour la supplier.
–¿Cuándo llueve y no hago tortas fritas, m´hija? –contestó ella, poniéndose un delantal –Vengan, vamos a amasarlas.
–Est-ce-que je ne fais pas des beignets quand il pleut ma p’tite? –répondit-elle en mettant un tablier –Allez, viens, on va préparer la pâte.
Trabajamos en silencio, concentradas. Armamos los bollitos de masa, y los estiramos con el palote. Cocinar me relaja: las manos trabajan, y la mente queda como estacionada en el tiempo.
Nous travaillâmes en silence, concentrées. Nous fîmes les petites boules de pâte et les aplatîmes avec le rouleau à pâtisserie. Cuisiner me détend, les mains travaillent et l’esprit reste figé sur l’instant.
Mientras Doña Rosa fritaba, nos sentamos en la galería. Luana sacó su celular del bolsillo, y escribió algunos mensajes.
Pendant que Doña Rosa faisait frire les beignets, nous allâmes nous asseoir sous la véranda. Luana prit son portable de sa poche et écrivit quelques messages.
La lluvia hacía rato que caía finita pero constante.
La pluie était fine mais constante.
–Le dije a Marcos que estaba acá y que viniera con la excusa de traerle algo a la Tata –comentó Luana, en un susurro cómplice.
–Marcos n’est pas très loin. Je lui ai demandé de venir pour apporter quelque chose à Mémé –me dit Luana d’un air complice.
–¿Con esta lluvia, y en bicicleta? ¡Sos mala! –bromeé.
–Avec cette pluie et à vélo? T’es méchante ! Je plaisantai.
–¡Son los sacrificios del amor! Además, nadie se resiste a las tortas fritas de la Tata –aseguró, guiñándome un ojo con picardía.
–Ce sont des sacrifices par amour ! En plus personne ne résiste aux beignets de Mémé –assura-t-elle en me faisant un clin d’œil espiègle.
Menée la cabeza, divertida. Entonces, se escucharon bicicletas acercándose a la galería. Enseguida, vimos dos chicos bajándose y entrándolas en el galponcito. Al salir, los observé: ambos con el cabello mojado y la ropa empapada. –¡Pero son locos, ustedes! ¿Qué hacen saliendo en bicicleta bajo la lluvia? ¿Quieren enfermarse o qué? –rezongó Rosa –A ver, Luana, traé un par de remeras y shorts o bermudas de tu primo, del cuarto de arriba. Estos gurises se van a pescar flor de resfrío. –Por sus tortas fritas, cualquier sacrificio vale la pena –dijo meloso el menor de los dos, apartándose un mechón de pelo que le caía rebelde en la frente, y dejando ver sus ojos rasgados, y bastante separados. –Ay, Dios bendito! Mirá, Marcos, haceme el favor, que te conozco desde que tu madre te llevaba en la panza. Y vos, Javier –dijo, dirigiéndose al otro -sos el mayor. Deberías dejar de hacerle caso a este cabeza-hueca –añadió Doña Rosa, tocándole la cabeza con el dedo índice varias veces a Marcos, por lo que todos rompimos en risas.
Javier debe de tener un par de años más que yo. Su semblante serio intimida un poco. Es como si estuviese todo el tiempo concentrado. Pero cuando sonríe, como hizo en ese instante, su rostro se ilumina. Usa el pelo a la altura de las orejas, desparejo. Y tiene el mismo tic que su hermano, de apartarse el mechón que le cae sobre la frente. A diferencia de Marcos, Javier tiene los ojos castaños grandes debajo de unas cejas tupidas y algo juntas. –¡Ya traigo la ropa, Tata! –anunció Luana, que entró sonriéndome cómplice. –Nati, ¿venís conmigo? –dijo, y capté la indirecta. Cuando entramos, preguntó sonriendo: -¿Qué me decís de Javi? No te dije nada, ¡pero le pedí que lo traiga también! ¿No es divino?
Sin darme tiempo a contestar, pasó detrás de mí y subió las escaleras empinadas en busca de ropa seca. Instintivamente, me arreglé el cabello y me miré en el reflejo de la ventana: tenía puesta una bermuda tres cuartos, y una musculosa de tiritas fina. Me solté el cabello del moño, eché la cabeza hacia atrás y me lo recogí en una coleta alta. De un segundo al otro, y sin conocer el motivo, me había entrado una enorme timidez.
Sans me donner le temps de répondre il passa derrière moi et monta les escaliers étroit pour chercher des vêtements secs. Instinctivement j’arrangeai mes cheveux, regardai mon reflet dans la fenêtre. Je portais un bermuda trois-quarts et un débardeur à bretelles fines. Je défis mon chignon et lâchai mes cheveux, rejetai la tête en arrière et les ramassai en une queue de cheval. Subitement, sans en comprendre la raison, une grande timidité m’envahit.
–M´hija, -me llamó Doña Rosa, asomándose a la puerta –traé la bandeja con las tortas fritas, y el azucarero, por favor. Sé que a Marquitos le gustan dulces.
–Ma p’tite –appela Doña Rosa depuis la porte– apporte-moi le plateau avec les beignets et le sucrier s’il te plaît, mon Marquitos les préfère bien sucrés.
Al salir, los dos chicos me miraron, pero Javier bajó la vista enseguida, sonrojado.
Quand ils sortirent, les deux garçons me regardèrent, mais Javier rougit et baissa les yeux immédiatement.
–Ella es Natalia –me presentó Doña Rosa.
–C’est Natalia –me présenta Doña Rosa.
Marcos se levantó y me dio un beso en la mejilla. Hizo una broma acerca de que, viviendo con Rosa, iba a engordar unos cuantos kilos antes de fin de año, y se disculpó por estar así de mojado. Javier, sin embargo, estuvo tan turbado como yo. Nos saludamos con un beso en la mejilla y para mi horror, la voz me salió gangosa y tartamudeé cuando le dije “mucho gusto”.
Marcos se leva et me fit une bise sur ma joue et dit en blaguant « qu’en habitant avec Doña Rosa j’allais prendre quelques kilos avant la fin de l’année », et s’excusa d’être tout mouillé. Javier par contre était aussi troublé que moi. On se fit une bise sur la joue, et ce fut l’horreur lorsque je bégayai « enchantée » d’une voix nasillarde.
–¡Lista la ropa! –gritó desde dentro Luana.
–Les vêtements sont prêts ! –cria Luana à l’intérieur.
–Vayan a cambiarse, que los esperamos –pidió Rosa.Minutos después, con los chicos vestidos con ropa seca, nos reunimos en la galería. Marcos y Luana acapararon la conversación con anécdotas del liceo. Javier y yo cruzamos varias miradas tímidas. Casi no participamos de la charla.
La lluvia fue cesando y la noche, queriéndose hacer lugar. El cielo comenzó a plagarse de estrellas brillantes, aunque aún se podían ver las sierras recortadas en el horizonte.
Encendimos los faroles de la galería, y Misifuz apareció ronroneando. De un salto ágil, se trepó a la falda de Luana. –Bueno, ya es tarde. No quiero que anden en bicicleta a oscuras. Aprovechen a salir ahora que paró de llover –les pidió Doña Rosa a los chicos, que se levantaron y se despidieron antes de correr hacia el galponcito y montarse en las bicis.
De repente, me sentí exhausta. La intensidad de los días pasados me empezó a pesar. Por más que pretendiese ignorar el tema de mi madre, era imposible.
Entré la fuente de tortas fritas vacía a la casa, y me despedí de Rosa y Luana, que esa noche se quedaba a dormir en la habitación de su abuela.
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