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Somnaire
Couverture Biographie Carte et Photos 1 Prólogo 2 DÍA 1: MIÉRCOLES 3 DÍA 2: JUEVES 4 DÍA 3: VIERNES 5 DÍA 4: SÁBADO 6 DÍA 5: DOMINGO (HOY) 7 Epílogo 8 Recetas
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Polices

Sin explicaciones

Mi mudanza a Bella Vista fue confusa y caótica. Es cierto que hubo otras oportunidades en que mi mamá me dejó en casa de algún vecino por tres o cuatro días porque necesitaba estar a solas para “recomponerse”. Tal vez por ese motivo no me extrañó que me pidiese que me fuera. Ya había sucedido. Era consciente que mamá sufría altibajos emocionales y cada tanto la invadía la tristeza y necesitaba tiempo en soledad.
Lo que disparó mi alarma interior fue que había resuelto todo en unas pocas horas (mientras yo estuve en clase), que esta vez me enviaba lejos y que no habló claro acerca de cuándo podría regresar. –Te tenés que ir, Natalia. Te tenés que ir –repitió, apenas entré a casa luego del liceo –Armá un bolso con lo imprescindible –exclamó, mirando a un lado y a otro, mordiéndose una uña. –¿Me quedo en lo de Vero? –pregunté, a la vez que dejaba la mochila en el piso. –No. La miré, desconcertada. –Pero entonces ¿adónde voy? –A un sitio que se llama Bella Vista. El ómnibus sale en cuarenta minutos. ¡Apúrate! –¿Eh? ¡No entiendo nada, ma! –exclamé, consternada. –Voy a estar bien, pero necesito que vos colabores.
Aturdida, armé el bolso con lo que fui encontrando, bajo la mirada atenta de mamá, que golpeaba el piso con la punta de un pie. Al terminar, partimos hacia la terminal de ómnibus.
Sonnée, je remplis mon sac avec ce que je trouvai sous le regard attentif de maman qui tapait du pied contre le sol. Quand je le terminai, nous allâmes à la station de bus.
Era mediodía. El sol calentaba con intensidad y me sentía sucia, pegoteada. Ni siquiera pude cambiarme de ropa. Aún llevaba la vestimenta con la que había ido a clases esa mañana: los jeans rasgados en las rodillas, una remera transpirada en las axilas y el canguro anudado a la cintura.
C’était midi, le soleil était au plus chaud, je me sentais sale et collante je n’avais même pas pu changer de vêtements. Je portais encore ceux que j’avais mis le matin pour aller en cours : un jean râpé aux genoux, un t-shirt avec des tâches de sueur sous les aisselles et un petit sac kangourou à la taille.
–El chofer te va a avisar cuándo bajar, y en la parada va a estar una señora llamada Rosa. Te vas a quedar con ella hasta que yo te vaya a buscar -dijo, sin parar de dar pasos largos, jadeando, pasándose los dedos por su cabello corto, y frotándose los ojos inyectados en sangre. Estaba descompensada. –¿No será que necesitás descansar? –pregunté, tragando con dificultad, al llegar a la terminal de autobuses. Cuando tiene episodios de ese tipo, por lo general toma alguna píldora y se acuesta. Pero ni siquiera me escuchó. –Es aquel ómnibus que está allá –señaló con el dedo índice, y me entregó el ticket. Me dio un beso y sus ojos nerviosos recorrieron los míos. –¿Y el liceo? ¿Las clases? ¿Cuándo vuelvo? Todavía quedan –Está solucionado. De todas formas hubieras terminado en unos días, y no tuviste faltas durante el año, así que olvídate del estudio. Subí, que yo voy despachando tu bolso –dijo. –¡Pero…! –comencé a protestar. –Disfrutá. Hacé de cuenta que son unas vacaciones. ¡El lugar es precioso! –exclamó, empujándome por la espalda y obligándome a subir.
Busqué mi asiento y me instalé. Vi a mi madre hablando con el chofer, y asintiendo varias veces.
He llegado a pensar que mi mamá no me quiere, pero es que ella es diferente y sería injusto juzgarla sin conocer su historia. Ha pasado por situaciones terribles, como la de perder a su familia en un incendio cuando estaba embarazada de mí. Quedó sola en el mundo de un minuto a otro.
Il m’est arrivé de penser que ma mère ne m’aime pas, mais en fait elle est différente, et il serait injuste de la juger sans connaître son histoire. Elle est passée par des moments terribles : elle a perdu sa famille dans un incendie alors qu’elle était enceinte de moi. Elle s’est retrouvée seule au monde en un instant.
Sentada en el autobús, no podía evitar sentirme a la deriva. Estaba inmersa en un limbo mental por el desconcierto y la velocidad en la que había sucedido todo.
C’était midi, le soleil était au plus chaud, je me sentais sale et collante je n’avais même pas pu changer de vêtements. Je portais encore ceux que j’avais mis le matin pour aller en cours : un jean râpé aux genoux, un t-shirt avec des tâches de sueur sous les aisselles et un petit sac kangourou à la taille.
El ómnibus comenzó a retroceder y miré por la ventanilla. Mamá me saludó con la mano desde el andén, intentando esbozar una sonrisa que no le salió. Luego, se dio la vuelta y la vi partir. Sentí un vacío inmenso y suspiré. Debía ser fuerte. Empecé a repetirme a mí misma, como un mantra, que todo saldría bien. Que debía pensar en positivo.
El cabello me molestaba. Lo até en un moño y revolví la mochila. Tomé el iPod. La música siempre logra alejarme de la realidad y transportarme a un espacio sereno.
Escuché varios temas, y mi respiración se fue apaciguando. Cuando comenzó a sonar una de mis bandas de rock favoritas, El Cuarteto de Nos, interpretando “No llora”, tarareé la letra:
Cuando se desmorone, cuando la mejor amiga la traicione y se decepcione y sienta que su alma se evapora, la nena sabrá si perdona, la nena no llora.
Por supuesto que pensé inmediatamente en Verónica, mi mejor amiga. La que me lastimó. Aun así, me moría por mandarle un audio y contarle lo que me estaba sucediendo, el miedo que tenía, mi grado de confusión.
“¿Y si la tal Rosa no está en la parada?”, “¿Y si todo es un invento de mamá?”
Las preguntas se formaban una y otra vez como en un bucle en mi cabeza.
Les questions tournaient en boucle dans ma tête.
Mi madre es tan cambiante… ¡y yo tengo tantos sentimientos encontrados! Porque así como tiene esos momentos terribles y oscuros, que para mí están relacionados a la tragedia que vivió, están los otros, en los que es el ser más luminoso del planeta, como por ejemplo aquella tarde que llegué de la escuela, abrí la puerta de casa y la encontré cantando. Me tomó del brazo, giramos y danzamos por el estar, riendo a carcajadas. Después, salimos a tomar helado y me dijo que yo era lo mejor que le había pasado en la vida. Esa noche dormimos juntas en la cama grande, abrazadas entre nosotras con mi león de peluche, que aunque ya viejito, me acompaña desde bebé.
Ma mère est tellement changeante … et moi j’ai tellement de sentiments contradictoires ! Je pense qu’elle vit souvent des moments sombres et terribles à cause de la tragédie qu’elle a subie, et en même temps elle peut être la personne la plus lumineuse de la planète. Comme cet après-midi où je suis revenue de l’école : j’ai ouvert la porte de la maison et je l’ai trouvée qui chantait, elle m’a prise dans ses bras, et nous avons tourné et dansé dans le salon en riant aux éclats. Ensuite nous sommes allées manger une glace et elle m’a dit que j’étais la meilleure chose qui lui était arrivée dans la vie. Cette nuit-là nous avons dormi dans le grand lit, en enlaçant toutes les deux mon lion en peluche, qui m’accompagne depuis que je suis bébé, même s’il est très vieux.
También recuerdo la tarde en la que pasamos haciendo planes de viajar por el mundo. Mamá desplegó mapas y me mostró imágenes de montañas rusas. Yo tendría unos ocho o nueve años. Aún puedo sentir mi respiración acelerada y ansiosa, contagiada por el entusiasmo de mamá, que me pidió un cuaderno de la escuela, en el que escribimos varias listas y apuntes: lo que deberíamos comprar para acampar en la selva de Brasil, cuántos días nos llevaría recorrer a pie el parque Yosemite en Estados Unidos y qué tal sería conocer la Antártida.
Ese inmenso globo de ilusión se pinchó justo a la mañana siguiente, cuando mi madre amaneció sumida en una profunda tristeza y se negó a levantarse por tres días. Nunca más volvimos a hablar de viajes.
Me hundí en el asiento acolchado y me dejé absorber en un sopor confuso cuando el sol dio de lleno en la ventana. Corrí la cortina y dormité de a ratos. Me despertó una frenada brusca. Miré el reloj: había pasado una hora.
–¡Es tu parada! –gritó el chofer, haciéndome una seña por el espejo retrovisor.
–C’est ton arrêt ! –cria le chauffeur en me faisant un signe dans le rétroviseur.
Así, con el bolso hecho a último momento, y una mochila cargada de lo que pude sacar de mi mesa de luz (alguna foto, cartas de Verónica de cuando éramos más chicas, un llavero con forma de corazón, el cargador del celular, algunas gomitas de cabello, pastillas de menta y mi león de peluche), llegué a Bella Vista.
Et c’est avec un sac fait au dernier moment, un sac à dos plein de ce que j’avais pu prendre sur ma table de nuit au dernier moment (une photo, des lettres de Verónica de quand nous étions petites, un porte-clés en forme de cœur, un chargeur de téléphone, quelques chouchous pour mes cheveux, des pastilles à la menthe et mon lion en peluche) que j’arrivai à Bella Vista.
Bajé los escalones del ómnibus y el aire salitre me rodeó. Cerré los ojos unos instantes. El sol aún brillaba aunque ya había comenzado a descender hacia el horizonte, y sobre mí graznaban gaviotas. Más allá, la playa se presentó como una fotografía de esas que se ven seguido, como postales en Instagram. Perfecta. Los cerros, a lo lejos, coronaban parte del límite infinito del mar. Las olas rompían cerca de la orilla, y cuando el agua se retiraba por entre las piedras, producía un sonido relajante.
Je descendis les marches du bus et fus assaillie par l’air marin. Je fermai les yeux quelques instants. Le soleil brillait encore même s’il commençait à rejoindre l’horizon et j’entendis au-dessus de moi le cri des mouettes. Un peu plus loin, la plage apparut comme sur une de ces cartes postales qu’on voit sur Instagram : Parfaite. Les collines, au loin, couronnaient une partie de la limite de la mer. Les vagues s’écrasaient sur le bord, et quand l’eau se retirait entre les galets, le son qu’elle produisait était apaisant.
Me calcé la mochila a las espaldas, le agradecí al chofer que me alcanzó el bolso, me acomodé con torpeza el moño deshecho por el viaje, y miré al otro lado de la ruta, con el corazón palpitando ansiosamente.
Sin conocerla supe que esa señora, de brazos cruzados y piernas hinchadas, que me miraba al otro lado de la ruta era Rosa.
Respiré aliviada.

Ojos en el bosque

El vínculo con Rosa fue especial desde el primer instante. ¿Nos habíamos visto alguna vez? No lo creo. Pero hubo un reconocimiento recíproco, como si un hilo invisible nos uniera. Cuando crucé la ruta a su encuentro, me abrazó. -Soy Doña Rosa, m´hijita –murmuró, frotándome la espalda con ternura y dejando que yo aspirase su perfume a naturaleza y a mar.
Levantó la cabeza para observarme, y palmeó mi mano varias veces. ¡Había algo tan familiar en ella! Calzaba chinelas, y vestía un batón veraniego. El cabello encrespado le asomaba limpio y brillante de su pañuelo que le cubría parte de la cabeza, anudado en la nuca. -Vamos para casa, que son unas cuantas cuadras y yo camino despacio –dijo, señalándose las piernas hinchadas. –Si no pongo los pies en remojo en un rato, ¡me vas a tener que cargar a upa!–exclamó, tapándose la boca con una mano para reír a gusto. Sentí una ternura inmediata.
Tomadas del brazo, emprendimos la marcha en silencio. El bolso me pesaba, colgado de un hombro. Rosa se detuvo a las dos cuadras y aproveché a apoyarlo en el suelo de balastro. –¿Quiere que descansemos? –le pregunté. -No, no. ¡Si me quedo quieta, no arranco más! –comentó, riendo. –¿Mi madre le dijo hasta cuándo me quedaría con usted? –No. ¿Pero tan mal la estás pasando conmigo que ya te querés ir? –preguntó, apretando mi mano y alzando los ojos al cielo, para agregar, entre carcajadas: -¡Ay, Dios! ¡Qué guirisita me mandaste!
Rompimos en una risa compartida, que terminó de aflojar los músculos que llevaba contraídos.
Después de unos minutos de avanzar con lentitud y escuchar la respiración fatigada de Doña Rosa, vislumbré un bosque a nuestra izquierda, y a medida que nos aproximamos, inhalé su aroma delicioso a eucaliptus. Iba a comentárselo a Rosa cuando, de repente, experimenté la primera sensación de ser observada. ¿Había siluetas escondiéndose detrás de los gruesos troncos cuando me volteé a mirar? Un escalofrío me recorrió el cuerpo, a pesar del calor, y me hizo estremecer. -¿Pasa algo? –se preocupó Doña Rosa.
Après avoir avancé avec lenteur et écouté la respiration fatiguée de Doña Rosa, j’aperçus un bois à notre gauche, et plus nous avancions plus je sentais l’odeur délicieuse des eucalyptus. J’allai le dire à Rosa quand soudain, j’eus la sensation d’être observée pour la première fois. Y avait-il des silhouettes cachées derrière les gros troncs? J’eus la chair de poule et malgré la chaleur, je frissonnai. –Il se passe quelque chose ? –s’inquiéta Doña Rosa.
Volví a observar el bosque. Los árboles de eucaliptus son altos, muy altos. Están uno al lado del otro. En ese momento, el sol se filtraba entre las ramas curvas y las hojas, creando formas siniestras en el suelo tapado de ramitas y hojas secas.
J’observai à nouveau le bois. Les eucalyptus sont hauts, très très hauts. Ils sont les uns à côté des autres. Á ce moment-là, le soleil filtrait à travers les branches tordues et les feuilles, créant des formes sinistres sur le sol recouvert de brindilles et de feuilles mortes.
–¿Vive alguien en ese bosque? –pregunté, sintiendo un cosquilleo subir por mi columna vertebral. –A veces hay gatos, a veces hay liebres. También pueden ser tatús –aseguró Rosa. –Eso, cuando no es alguno de los tantos perros que los dueños dejan vagar por el balneario durante el día. Ayudan a mantener lejos a las víboras y comadrejas. Claro, ¡qué tonta! No se me había ocurrido esa posibilidad. –No se ría, pero me pareció que había personas escondidas, viéndonos. Doña Rosa rió: –Seguro estás cansada. ¡Y la cabecita cansada, inventa cosas! –afirmó, apretándome una mano –Pero ya falta menos. ¿Ves esa curva adelante? Ahí nomás, dando la vuelta está la cabaña.
Rosa tenía razón. Necesitaba descansar. Estaba viendo fantasmas donde no los había. O al menos eso creí en ese momento.

Campo, sierras y una cabaña

Al doblar la curva, el camino se abrió mostrándome un paisaje fascinante en pleno campo: un horizonte intervenido por la majestuosidad de las Sierras de las Ánimas, que parecen recortadas con tijera y apoyadas en el cielo amplio que rodea la cabaña de madera de Doña Rosa. El terreno donde se aloja la casa, que también tiene un horno de barro y un parrillero de ladrillos entre sauces mimbres y anacahuitas, termina en una estancia, por el que pastan vacas y cruzan galopando caballos.
La galería exterior, de cara a las sierras es mi lugar preferido. Entre las vigas de madera cuelgan cuatro bebederos para pájaros, lo que hace que esté lleno de picaflores a todas horas. Hay dos sofás de madera con almohadones mullidos, y una mesa alta de hierro despintado tapada de macetas con plantas, y recipientes con gajos.
La véranda en face des montagnes, c’est l’endroit que je préfère. Entre les poutres en bois il y a quatre mangeoires pour les oiseaux, et donc il y a tout le temps des colibris. Il y a deux fauteuils en bois avec des coussins moelleux, une grande table décolorée en fer recouverte de pots de plantes et de beaucoup de récipients avec des boutures.
El interior de la cabaña tiene las paredes forradas de madera. Entrando desde la galería, se accede a un espacio que combina cocina, living y estar, con una gran estufa a leña y un sillón de tres cuerpos, cubierto de diversas telas rústicas.
Les murs intérieurs du chalet sont doublés de bois. Quand on entre depuis la véranda, on arrive à un espace où il y a une cuisine, un living et un salon avec un grand poêle à bois et un canapé trois places recouvert de plusieurs tissus rustiques.
En algunos tirantes de madera, penden ramos de yuyos secos. El único baño separa dos habitaciones: la de Doña Rosa y la de los huéspedes, es decir, la mía.
Sur certaines solives sont accrochés des bouquets de plantes séchées. L’unique toilette sépare les deux chambres : celle de Doña rosa et celle des invités, c’est-à-dire la mienne.
Mi cuarto es pequeño y cálido. En la pared frente a la cama, varios estantes hacen de ropero. La tela de la cortina de la ventana, a rayas de colores pasteles, es la misma que viste la cama angosta, situada debajo de ella. Un vaso de vidrio lleno de flores de campo reposa sobre la mesa de luz, y apoyado a él, me esperaba una tarjeta escrita a mano, que decía “Bienvenida”. Ese detalle me quitó el aliento y tuve que hacer un esfuerzo por no sollozar.
En mi casa no tengo un dormitorio propio: duermo en el sofá-cama situado en un extremo del living-comedor, y si bien he intentado que ese rincón se transforme en mi espacio, decorando una pared con posters, no deja de ser un lugar compartido, sin privacidad. -Termino de mostrarte la cabaña, ¿te parece? Así ya te empezás a familiarizar con la casa, y después dejo que descanses –exclamó Doña Rosa, apoyada al marco de la puerta. Asentí, obediente, y fui detrás de ella.
Chez moi je n’ai pas ma propre chambre : je dors sur le canapé-lit, à l’autre bout du salon-salle à manger, et même si j’ai essayé de faire de sorte que ce coin devienne mon espace en décorant les murs avec des posters, il n’en demeure pas moins un endroit partagé, sans aucune intimité. –Je finis de te montrer le chalet, ça te va ? Comme ça tu commences à te familiariser tout de suite avec la maison, et ensuite je te laisse te reposer –s’exclama Doña Rosa, une main appuyée sur l’encadrement de la porte. J’acquiesçai, obéissante, et la suivis.
El tercer dormitorio está en un entrepiso al que se llega mediante una escalera empinada que nace al costado de la estufa. Subí tres o cuatro escalones y me asomé: es un espacio amplio, abierto con dos camas gemelas. -Ahí se queda mi hijo, Conrado, y mi nieto Sebastián. Vienen seguido. Además, Seba se instala todo el verano acá –dijo, con el rostro iluminado.
De súbito, una mueca de incomodidad surcó su rostro: -Discúlpame, m´hijita, pero si no los pongo en remojo… -Doña Rosa se señaló sus pies hinchados -Vos andá a acomodarte tranquila –agregó, mientras tomaba la caldera, un paquete de sal gruesa y echaba agua caliente en una palangana a los pies del sofá, donde luego se sentó. –¿Necesita que la ayude? –pregunté. Sumergió los pies en el agua, le echó un puñado de sal y exhaló aliviada. –No, m´hija. Gracias. En un rato le saco el agua caliente y le pongo agua bien fría, y listo: ¡pies como nuevos! ¡Ah! Antes que se me olvide: en el galpón del fondo hay una bicicleta. Es vieja, pero funciona de lo más bien y te va a servir mucho para moverte por Bella Vista.
Le agradecí, y me fui a mi habitación, cerrando la puerta con cuidado. Corrí la cortina. Fuera, ya había empezado a oscurecer. Me senté en la cama y llamé a mamá para avisarle que había llegado. No contestó, así que le dejé un mensaje. Mamá es despistada con el celular y se olvida de cargarlo. Además, sé que si necesita estar a solas, eso supone aislarse del mundo por completo.
Acomodé la ropa en los estantes de la pared y me propuse recostarme unos segundos. Necesitaba bañarme, pero estaba fundida.
Lo último que recuerdo es escuchar el mugido de las vacas de la estancia lindera. Dormí de un tirón hasta la mañana siguiente, cuando me despertó el relinchar de un caballo. Me llevó unos segundos darme cuenta de dónde estaba.
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