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Somnaire
Couverture Biographie Carte et Photos 1 Prólogo 2 DÍA 1: MIÉRCOLES 3 DÍA 2: JUEVES 4 DÍA 3: VIERNES 5 DÍA 4: SÁBADO 6 DÍA 5: DOMINGO (HOY) 7 Epílogo 8 Recetas
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Polices

Al almacén

Lo primero que hice fue buscar mi celular para ver si mamá me había contestado. No tenía demasiadas esperanzas, conociendo qué sucede cuando la domina la angustia, sin embargo me había escrito un escueto “OK”, que para mí era más que suficiente.
Salí a la galería. El sol ya estaba emergiendo, y Doña Rosa, sentada con los pies apoyados en un taburete, me saludó con afecto. Palmeó el sofá a su lado: -Siéntate, m´hija. ¡Anoche ni cenaste! ¿Dormiste bien? –Más que dormir, ¡creo que me desmayé! –exclamé, sonriendo –Tendría que haberme duchado pero… -dije, señalando mi ropa- ¡Estoy hecha un asco! –Qué va. Desayuná y después te bañás tranquila. No hay apuro. En la cocina dejé una bandeja con café, galletas de campaña, y un tarro con dulce de leche. Tráela, si querés, y comés acá.
El estómago me crujió. Fui a buscar la bandeja y me instalé con Doña Rosa, mirando a las sierras. Devoré la comida en tiempo récord y ella me palmeó la rodilla, contenta.
Luego de bañarme y vestirme con un short y una camiseta limpia, puse la ropa sucia a lavar e hice mi cama. Ayudé a Doña Rosa a rellenar los bebederos de pájaros, y más tarde, indicándome cómo llegar en bicicleta, me pidió que fuese al almacén por harina y yerba.
Après ma douche je mis un short et un t-shirt propres, emmenai mes vêtements sales à laver, puis je fis mon lit. J’aidai Doña Rosa à remplir les mangeoires et ensuite elle m’indiqua comment aller à l’épicerie à vélo pour y acheter de la farine et des herbes.
No sabía entonces que estaba por vivir el segundo episodio extraño.
Je ne savais pas encore que j’allais vivre un second épisode étrange.
Sucedió cuando llegué al almacén, que está montado en el garaje de una vivienda. Dejé la bicicleta afuera, recostada contra la pared, y entré. Tras el mostrador, había una chica de mi edad y una señora que, por el parecido, debería de ser su madre. Hablaban con una clienta.
Ça se produisit lorsque j’arrivai au magasin, qui se trouve dans le garage d’une maison. Je laissai le vélo dehors contre le mur et entrai. Derrière le comptoir il y avait une fille de mon âge et une dame qui apparemment devait être sa mère. Elles parlaient à une cliente.
–Buen día –saludé, y de inmediato la conversación entre las mujeres cesó. –Venía a buscar harina y yerba para Doña Rosa. Un kilo de cada uno, por favor.–Claro –contestó la chica, al cabo de unos segundos –Ya te traigo –dijo, apoyando los codos en el mostrador –Yo soy Luana, la… –¡Luana! –la cortó la señora, codeándola. –¡Ay, mamá! ¡Le iba a decir que soy la nieta de Rosa! –exclamó, cruzándose de brazos y enrojeciendo de golpe. Luana es bajita y tanto ella como su mamá, tienen el cabello crespo y oscuro, cortado recto a la altura de los hombros. La nariz de Luana es aplanada, y las mejillas coloradas más las orejas algo puntiagudas le confieren un aire a duende que inspira mucha dulzura. –Ah, mucho gusto. Yo soy… –Natalia. Sos Natalia –dijo –La Tata me contó que venías y… –¡Luana! –volvió a rezongarla su madre, que luego esbozó una sonrisa incómoda –Discúlpala, es muy charlatana. Y vos vas a pensar que somos unas chusmas. Sonreí, algo tímida.
–Soy Beatriz, la esposa de Tony, el hijo mayor de Doña Rosa.
–Moi, c’est Beatriz, la femme de Tony, le fils aîné de Doña Rosa.
La clienta escuchaba sin pronunciar palabra, mirándome detenidamente. Luana me dio la compra, y me preguntó si me gustaría salir con ella a recorrer el balneario un día de estos. –No seas pesada, Lu! –le increpó su mamá. –¡Ma! Si no quiere, me dice que no y listo, ¿qué tanta historia? –protestó, cruzando los brazos, y su tono peleador me hizo reír -¿Y? –insistió. –Sí, claro, ¡me encantaría!
La cliente écoutait sans rien dire et me regardait attentivement. Luana me donna mes courses et me demanda si je voudrais bien aller avec elle visiter la station balnéaire un de ces jours. –Ne sois pas si pénible Lu ! –rouspéta sa mère. –Mam ! Si elle ne veut pas, elle me dit non, et c’est tout ! Pourquoi toutes ces histoires ? –protesta-t-elle en croisant les bras. Son ton querelleur me fit rire. –Alors ? –insista-t-elle. –Oui ! Bien sûr, j’adorerais !
Luana miró a su madre como diciéndole: “¿Viste?” Cuando me di vuelta para salir, escuché cómo la clienta les preguntaba, bajito: –Es ella, ¿no?
Luana regarda sa mère comme si elle lui disait: « Alors tu as vu? ». Lorsque que je me retournai pour sortir, j’entendis la cliente qui demandait, à voix basse : –C’est elle, non ?
Puse la compra en el canasto y regresé pedaleando con dificultad. El calor hacía que mis movimientos se tornasen casi en cámara lenta. ¿Qué había querido decir esa mujer? ¿Si yo era quién?
Je mis mes courses dans le panier et rentrai en pédalant avec difficulté. La chaleur était telle que j’avais l’impression d’aller au ralenti. –Que voulait dire cette femme ? Qui étais-je donc ?

Recuerdos de niña

Dejé la bicicleta a la sombra, recostada a la baranda de la galería. –Conocí a Luana –le conté a Doña Rosa, mientras pelábamos unos huevos duros para hacer ensalada de papas. –Me alegro, m´hija. Es una buena gurisa. Muy chistosa. –Sí, me hizo reír hoy. Y también me invitó a conocer el balneario. –Buena idea. Y hablando de ellos… -dijo, tocándose la oreja. El sonido de una moto se hizo intenso, hasta que apareció al costado de la galería, frenando con un ruido seco -Ése es Tony, el padre de Luana. ¡Pasá, m´hijo! –le gritó Rosa -Estamos acá adentro.
Tony se acercó cargando un balde. Ya sabía de dónde había heredado Luana esa nariz aplanada y ese aire a duende. ¡Eran idénticos! –¿Hubo buen pique? –le preguntó Rosa, mientras él se quitaba el gorro y dejaba ver su cráneo pelado. –Nomás mirá, vieja –contestó, mostrándole el balde abarrotado de pescado que apoyó en el suelo. Pejerreyes. Tenemos con qué hacer una ricas milanesas –exclamó Doña Rosa, para luego presentarme. Tony se acercó a darme un beso. Olía a pescado. Perdón el olor –se excusó – ¡pero la pesca es así! ¡Sufrida! –¡Y eso que no limpiás vos los pescados, Tony! ¡Serás atrevido! –bromeó Rosa, a carcajadas -¿Le llevaste a Beatriz? –Claro, vieja. Ya andaba protestando también con que tenía que limpiarlos, pero en el fondo le gusta, ¿eh? –comentó, tentado. Doña Rosa meneó la cabeza. –¿Alguna vez saliste de pesca? – me preguntó Tony – Porque podríamos organizar una a la encandilada. Las noches de verano son ideales y seguro mis hijos y mi sobrino, Seba, se prenden. –Sería lindo, sí –afirmé –pero no creo que yo siga acá para el verano… Supongo que vine por unos días, nomás. –Bueno, lo vamos viendo –acotó Doña Rosa. Tony carraspeó, tomó el mate y el termo, apoyados en la encimera, y se cebó uno. Después, se disculpó. –Si llego tarde a casa, sabés cómo se pone Beatriz.
Ese mediodía aprendí a limpiar pejerreyes. Doña Rosa lo hacía con una rapidez increíble. Apartó las sobras para los gatos. Hay uno que vive con nosotras, y aunque me sobresalta cada vez que aparece sigiloso, me estoy encariñando con él. Se llama Misifuz.
Ce midi-là j’appris à nettoyer les merlans. Doña Rosa le faisait avec une rapidité surprenante. Elle mit de côté les restes pour les chats. Il y en a un qui vit avec nous et qui me surprend à chaque fois qu’il s’approche discrètement vers moi. Je commence à m’attacher à lui. Il s’appelle Misifuz.
–¿Le confieso algo? –le pregunté, mientras cebaba mate para las dos. –Yo pensé que recibía huéspedes porque estaba sola, pero tiene una familia grande.
–Je peux vous avouer quelque chose ? –lui dis-je pendant que passai le mate1 pour toutes les deux– je pensais que vous accueilliez des gens parce que vous étiez toute seule, mais en fait vous avez une grande famille.
–Tengo, sí. Gracias a Dios. Lo que más disfruto son los nietos, ¿Sabés? Luana viene mucho a dormir conmigo. Sebastián tiene su cama siempre hecha acá. Y también está Andrés. Es el hermano mayor de Luana que se fue a estudiar a Montevideo –dijo, mientras empanaba los filetes de pescado en una mezcla de harina de trigo, pan rallado y huevo.
–Oh oui, Dieu merci ! Et je profite beaucoup de mes petits-enfants. Tu sais, Luana vient souvent dormir avec moi. Sebastián a son lit toujours prêt par là. Et puis il y a aussi Andrés, le frère aîné de Luana qui est allé étudier à Montevideo –dit-elle en panant les filets de poisson avec un mélange de farine de blé, de chapelure et d’œuf.
–¿Qué estudia? –pregunté.
–Qu’est-ce qu’il étudie ? –demandai-je.
–Veterinaria. Es una carrera larga y no sé si va a aguantar la ciudad –exclamó, chasqueando la lengua – Él es como yo. Más de la vida al aire libre, digamos.
–Vétérinaire. Ce sont de longues études et je ne sais pas s’il supportera la ville –dit-elle en claquant la langue. –Il est comme moi, disons qu’il aime être tout le temps dehors.
¡Hablaba con tanto amor! Me hubiera gustado tener abuelos, pensé. Tal vez, las cosas hubieran sido diferentes para mí. Particularmente de chiquita.
Elle parlait avec tellement d’amour. Je me dis que j’aurais bien aimé avoir des grands-parents. Les choses auraient peut-être été différentes pour moi. Surtout lorsque j’étais petite.
Me vi entonces en los recuerdos, con siete años, aquel día que, saliendo a la calle, me detuve al escuchar en el hall común, una conversación entre dos vecinos: Me apena la nena. Marisel no está bien. –¡Pero ha pasado por tanto con lo del incendio!, ¿no? –Yo creo que por eso ninguno de los vecinos ha llamado a Servicios Sociales. Pero igual la hijita necesita más cuidados… La semana pasada entré a la casa a arreglarles el calefón. ¡El olor a rancio era insoportable! Natalia estaba tirada en el piso, jugando, y Marisel durmiendo en su habitación, sedada. –¿Y qué hiciste? –Lo de siempre. Me llevé a Natalia a casa, Raquel le dio la cena y la acostamos en el comedor. Lo hablamos con Raquel: Marisel tendría que hacerse tratar. –Sin dudas, pero ¿quién se lo dice? Le insinuás algo y se pone como una araña –Igual yo no quisiera ser el que la denuncie y le saquen también a su hija. Ya perdió demasiado… Lo que no quita que lo de ella sea un trastorno bastante grave.
Fue cuando entendí que mi madre tenía una enfermedad. –M´hijita… –¿Eh? –contesté, confundida. Doña Rosa me miraba con el ceño fruncido. –Hace rato que te hablo y estás como perdida… Te decía que es hora de comer.
Almorzamos en silencio, sentadas en la galería, con bandejas apoyadas en las faldas. Los picaflores revoloteaban entre los bebederos. Los recuerdos me habían dejado un retrogusto amargo, y a pesar de mis esfuerzos por confinarlos, pujaban por seguir saliendo.
Assises sous la véranda, nous déjeunâmes en silence, nos plateaux posés sur nos jupes. Les colibris virevoltaient entre les mangeoires. Les souvenirs m’avaient laissé un goût amer, et malgré mes efforts pour les éloigner, ils faisaient tout pour ressurgir.
Después de ayudar a lavar los platos, me fui a mi habitación. Cerré la puerta y me tiré en la cama de espaldas, mirando al techo. Inmediatamente los pensamientos retomaron el hilo de evocaciones que se iban desenredando en mi memoria. ¿Cuántas veces escuché a mi mamá contar lo del incendio? Demasiadas. Pero con eso lograba que la gente se pusiera de nuestro lado y se ofreciese a colaborar con nosotras: arreglando desperfectos de la casa, recogiéndome de la escuela, etcétera.
Après avoir aidé à faire la vaisselle, j’allai dans ma chambre, je fermai la porte, m’allongeai sur le lit, et regardai le plafond. Les souvenirs revinrent immédiatement en mémoire les uns après les autres. Combien de fois avais-je entendu maman me raconter l’incendie ? Trop. Mais c’est comme ça qu’elle parvenait à mettre les gens de notre côté et qu’ils finissaient par nous aider : soit pour arranger les petits défauts de la maison, soit me ramener de l’école, etc…
Enterarme que mi mamá tenía una enfermedad me hizo madurar de golpe. A los ocho años ya me preparaba sola para ir a la escuela e iba caminando con tres vecinos de la misma cooperativa en la que vivíamos: Verónica, que se convirtió en mi mejor amiga, Ernesto, que era un año mayor que nosotras, y su hermano Alejandro, que iba a jardín de infantes. Me centraba mucho en mi propia higiene, asegurándome de que la túnica estuviese impecable, y la moña bien hecha. Había sufrido un par de episodios dolorosos cuando otras niñas dejaron de jugar conmigo porque “olía feo”.
Apprendre que ma mère avait une maladie me fit mûrir d’un coup. A huit ans je me préparais déjà toute seule pour aller à l’école et j’y allais à pied avec trois autres enfants de l’immeuble où on habitait : Verónica qui devint ma meilleure amie, Ernesto qui était un peu plus âgé que nous, et son petit frère Alejandro qui allait encore au jardin d’enfants. Je faisais très attention à mon hygiène, je m’assurais que ma tunique était impeccable et mon nœud bien fait. J’avais vécu quelques moments douloureux quand d’autres petites filles avaient cessé de jouer avec moi parce que « je sentais mauvais ».
Ese recuerdo, en particular, me provocó pena. Pena por esa niña que fui. Por lo perdida que me sentí tantas veces durante mi crecimiento.
Ce souvenir en particulier me fit de la peine. De la peine pour la petite fille que j’avais été. Pour toutes les fois où je m’étais sentie perdue pendant mon enfance.

Olas furiosas

Cuando me levanté de la siesta, después de pensar tanto en mi mamá, y a pesar de que los recuerdos no eran gratos, tuve una imperiosa necesidad de hablarle, de escuchar su voz. La llamé, pero el celular estaba apagado.
Lorsque je me levai de la sieste après avoir tellement pensé à maman, même si mes souvenirs n’étaient pas joyeux, je ressentis un besoin impérieux de lui parler, d’entendre sa voix. Je l’appelai mais son portable était éteint.
Salí a la cocina, me serví un vaso grande con agua fresca, y me senté en el sofá de la galería. Doña Rosa se acercó y se sentó a mi lado.
J’allai à la cuisine me servir un grand verre d’eau fraîche et m’assis dans le fauteuil de la véranda. Doña Rosa s’approcha et s’assit près de moi.
–¿Qué pasa?
–Qu’est-ce qui se passe ?
Me encogí de hombros.
Je haussai les épaules.
–Es mi madre, Doña Rosa. Tiene el celular apagado. ¿Estará bien?
–C’est ma mère Doña Rosa, son portable est éteint. Est-ce qu’elle va bien ?
–Seguro que sí. Es que los adultos tenemos otros ritmos. Ustedes, los adolescentes, viven pegados a ese aparatito.
–Bien sûr que oui. Les adultes ont un rythme différent. Vous les adolescents vous êtes collés à ce petit appareil.
Sonreí. –Esa cabeza tuya está con mucha cosa. A mí la playa me ayuda a pensar, m´hija. A lo mejor a vos te resulta también.
Je souris. –Cette petite tête est bien trop pleine. Mon enfant, moi, la plage m’aide à penser. C’est peut-être pareil pour toi ?
Apreté los labios, indecisa. –Si querés ir, preferible que vayas ahora, antes que oscurezca.
Je serrai les dents, indécise. –Si tu veux, il vaut mieux y aller maintenant. Avant qu’il ne fasse nuit.
Asentí y salí en busca de la bicicleta, pedaleé hasta la costa y me detuve en lo alto a observar el agua, los cerros a lo lejos, las piedras redondeadas, los pescadores.
Mi cabello suelto se mecía con la brisa.
Apoyé la bici en la baranda de madera, y bajé con cuidado. Me senté sobre los cantos rodados, de frente al mar.
El sol iba bajando, acercándose cada vez más a la línea del horizonte. Las siluetas de los pescadores y sus cañas se recortaban oscuras, entre los tonos anaranjados que iba tomando el lugar.
Respiré hondo. Volví a sumergirme en mis pensamientos.
Esa niña pequeña de mis recuerdos se había transformado en una adolescente sensible pero también fuerte, me dije, apoyando los codos en mis rodillas flexionadas, y las manos en la barbilla.
Las olas parecían darme la razón, enojadas y furiosas, rompiendo en la orilla y derramándose entre las piedras.
Los períodos más graves de mamá, cuando no se levantaba durante días ni para sacar la basura, permanecíamos con las persianas bajas y convivíamos con olores putrefactos. El grado de abandono era tal que era habitual que algún vecino me llevase a su casa a cenar y dormir. Me repetían frases como: “Es por poco tiempo, Nati”, “Tu mamá va a mejorar pronto”, “Tenés que ser fuerte”, mientras me acariciaban la cabeza y me acomodaban en un sofá del comedor o en una cama improvisada con almohadones.
Un crujido de ramas me devolvió a la realidad. Miré a mi izquierda, donde un montón de arbustos bajos y frondosos ocupaban parte de la playa.
Un craquement de branches me ramena à la réalité. Je regardai à gauche où un tas d’arbustes bas et touffus était d’un côté de la plage.
“Algún animalito”, razoné.
–Ça doit être un petit animal – pensai-je.
Pero entonces pegué un respingo al escuchar otro sonido. Pude, en una milésima de segundo, captar un par de ojos curiosos.
Mais je sursautai en entendant un autre son, et je pus, furtivement capter une paire d’yeux curieux.
Sí, no había duda. Alguien estaba escondido entre los arbustos. Pero, ¿quién querría algo de mí? ¿Hay un depravado suelto? ¿Un asesino? ¿Un mirón?
Oui, il n’y avait aucun doute. Quelqu’un était caché entre les arbustes. Mais qui pourrait me vouloir quelque chose ? Un dépravé lâché dans la nature ? Un assassin ? Un voyeur ?
¿Se lo debería de contar a Rosa?
Est-ce-que je devrais le raconter à Rosa ?
¡No quiero que piense que soy una perseguida!
Non, je ne veux pas qu’elle croie que je me sente persécutée.

Mucho en común

Doña Rosa regaba las plantas de la galería cuando llegué, y mientras dejaba la bicicleta, me dijo: –Alguien te espera ahí adentro, y te recomiendo que vayas antes de que se termine todos los buñuelos.
No me había percatado de lo famélica que estaba. En el comedor, junto a Misifuz, Luana sonrió al verme entrar.
–La Tata es una peleadora. Mirá si no te voy a dejar buñuelos. ¡Qué exagerada! Encima hizo como para alimentar a un elefante hambriento –dijo, señalando un bol.
–Mémé est une enquiquineuse. Comme si je n’allais pas te laisser des beignets ! Elle exagère ! En plus elle en fait comme pour un troupeau d’éléphants ! –dit-elle en montrant un bol.
–Hola –saludé, inclinándome para besarle la mejilla – ¿te tocó limpiar pescado, hoy? –comenté, riendo.
–Salut ! C’est à toi de nettoyer le poisson aujourd’hui ? –lui répondis-je en riant et en me penchant pour lui faire la bise.
–Uffff, ¡ni me digas! Papá pesca y la peor parte la llevamos nosotras. ¡Detesto limpiar pescado! Además, ni siquiera me gusta comerlo -exclamó, resoplando, y reí, mientras mordisqueaba un buñuelo. Estaba delicioso. Luana se echó hacia atrás y recostó la cabeza en el respaldo del sofá, apoyando las manos abiertas en su barriga - Comí demasiado –se quejó –Suerte que mañana no voy al liceo.
–Pff ne m’en parle pas ! Papa pêche et c'est à nous de faire le pire. Je déteste nettoyer le poisson ! En plus je n’aime pas en manger –dit-elle en soufflant. Je ris pendant qu’elle mordait dans un beignet. C’était délicieux. Luana se pencha en arrière et posa sa tête sur le dossier du canapé en appuyant ses mains ouvertes sur son ventre– J’ai trop mangé –se plaignit-elle. Heureusement demain je ne vais pas au lycée.
–¿No tenés clases? –le pregunté.
–Tu n’as pas cours ? –demandai-je.
–Sí, pero ya ni pasan falta –aseguró, encogiéndose de hombros – ¿Tenés algún plan para mañana? Podemos salir a recorrer Bella Vista y tomar mate en la playa. Porque tomás mate, ¿no? –preguntó, arqueando las cejas.
–Si, mais je n’y vais plus –dit-elle avec assurance en haussant les épaules. –Tu as un plan pour demain ? On peut aller visiter Bella Vista et boire un mate à la plage. Tu bois du mate, hein ? –demanda-t-elle en ouvrant grand les yeux.
–Obvio. Me gusta amargo.
–Evidemment, et je l’aime bien amer.
Me chocó la palma de la mano:
Elle tapa dans la paume de ma main.
–Anotá, ya tenemos algo en común –dijo Luana, orgullosa.
–Et voilà, on a déjà quelque chose en commun –dit Luana fièrement.
El ringtone con la música del Cuarteto de Nos cortó el diálogo.
La musique du Cuarteto de Nos de son téléphone mit fin à notre conversation.

-Es mi celu –anunció, sacándoselo del bolsillo de su jean ajustado. –No puedo creer que te guste el Cuarteto… -comenté, emocionada. –¿Gustarme? ¡Soy archimega fan! –expresó, con grandes aspavientos. –Bueno, ahí tenemos la segunda cosa en común –le informé. –Creo que tenemos más cosas en común de las que creemos. ¡Ahhh! –exclamó, leyendo el mensaje de su pantalla –¡Es Seba! ¡Viene el sábado con mi tío a pasar el fin de semana! –Son los que se quedan en el cuarto de arriba, ¿no? –Sí, mi tío Conrado y mi primo Sebastián. Te va a fascinar. Son lo máximo. –¿Te quedás a cenar, m´hija? –preguntó Doña Rosa, entrando y cerrando con firmeza la puerta-ventanal. –No, Tata. Papá viene a buscarme ahora –anunció, levantándose y besando a su abuela con cariño -¿Ustedes qué van a hacer? Yo estoy con un sueño tremendo. No sé qué pasa con este lugar, ¡nunca había dormido mejor que acá! –dije, riendo. Es lo que tiene el aire limpio, m´hija –sonrió Doña Rosa, feliz, palmeándome un hombro.

Miré por la ventana. Las Sierras de las Ánimas ya se habían sumido en la oscuridad de la noche, y aunque experimenté el terror de sentirme nuevamente observada en la playa, a la vez nunca me había pasado de estar tan contenida como en esa cabaña solitaria.
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