24-6-2012
202 millas náuticas al norte Isla Pinta, Océano Pacífico.
La joven ballena había logrado una ventaja considerable al arponero N. Maru II debido a que la ballena mayor les presentó una larga batalla antes de ser remolcada. Pese a que el explosivo que llevaba el arpón la hirió en el centro de su cuerpo, no le alcanzó su órgano vital, el corazón, en ella, una máquina impresionante de 180 kilos de peso, aunque si dañó su pulmón, lo que ocasionó una hemorragia interna e hizo que empezara a ahogarse en su propia sangre.
Podría pensarse que el disparo no había dado sido eficaz, todo lo contrario, era justamente lo que el arponero japonés tenía que hacer, dar en el centro, no en la cabeza donde la situación hubiera acabado en unos minutos. La razón estaba en las leyes aprobadas por la Comisión Ballenera, de esa manera, al mantener intacta su cabeza, los laboratoristas a bordo del buque podían analizar la acumulación de cerumen de sus canales auditivos.
On aurait pu croire que le tir n'avait pas été efficace, mais bien au contraire, c'était justement ce que le harponneur japonais devait faire, aller au centre, et pas dans la tête car tout aurait été fini en quelques minutes. Il fallait respecter les règles de la commission baleinière et garder la tête intacte. Ainsi les laborantins à bord du bateau pouvaient analyser l'accumulation de cerumen dans ses canaux auditifs.
A cambio de esto, el animal tardaba más en morir con mayor sufrimiento y angustia.
L'animal mourait lentement dans la plus grande et angoissante des souffrances pour cette raison.
Pero la vieja ballena azul de 28 metros de largo estaba dispuesta a ofrecer resistencia. Y se sumergió lo más que pudo, haciendo que el buque arponero le cediera casi toda la extensión del cable de acero, para luego ir retomándolo poco a poco. Fue una dura lucha que tardó más de treinta minutos. Le dispararon un segundo arpón y hasta un tercero y cuando la tuvieron en la superficie le ataron la cola en la popa del barco y la dejaron de cabeza, con medio cuerpo sumergido para que terminara de asfixiarse.
Esto molestó mucho al capitán Mushio Fushida. Era justo lo que temía. Intuía que cazar a la ballena mayor les acarrearía más tiempo, en caso decidiera luchar, lo que efectivamente aconteció. Y la otra ballena tendría tiempo para escapar, lo que también, estaba por ocurrir.
Cela embêta beaucoup le capitaine Mushio Fushida, c'était justement ce qu'il redoutait. Il pensait que chasser la plus âgée en premier leur prendrait plus de temps si elle décidait de lutter, l'autre baleine aurait le temps de s'échapper, ce qui effectivement était en train de se passer.
Esta ocasión la joven ballena procuró estar cerca de la superficie para gastar menos energía en subir o bajar para renovar el aire de sus pulmones. Sólo se concentraba en escapar, en subir y bajar su cola para desplazar la mayor cantidad de agua. Llegó a los 40 kilómetros por hora, un verdadero récord de navegación cetácea, y alcanzó a dos de sus congéneres.
El capitán Fushida dio la orden de seguir a la joven ballena y el radar le indicó que ya se había internado en las 200 millas náuticas del Ecuador, lo que significaba, área protegida para especies marinas. Patrimonio de la humanidad, reserva de la Biosfera, felicidad marítima. “Porquerías, área protegida pero no vigilada”, pensó. Si lograba ir a toda marcha la alcanzaría en una hora, lo que implicaría estar por lo menos a 160 millas náuticas del Ecuador. Dudó un poco, pero de inmediato recibió un mensaje por radio. La Guardiamarina Nacional lo había detectado por exploración aeromarítima y le ordenaba regresar al sector internacional.
Y al capitán no le quedó otra que vociferar, mandar a los mil diablos al arponero que no le hizo caso y ordenar el regreso, no sin antes prometerse que algún día cazaría a esa ballena con suerte.
Mientras tanto la joven ballena nadaba con los suyos.
No había reducido su velocidad. Sabía que estaba cerca de aquel paraíso donde había alimento y tranquilidad, donde nadie buscaría cazarla y además, podría recuperarse de su herida.