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24-6-2012
232 millas náuticas al norte Isla Pinta, Océano Pacífico.
La joven ballena azul nadaba en aguas semi profundas, aunque tenía su aleta dorsal herida y el hilillo de sangre podría atraer a los tiburones. En el barco hubo una confusión momentánea por la ruta que había tomado, pero después la ubicaron con el sonar. Corrigieron el rumbo y aumentaron la velocidad. Ya habían cazado a dos especímenes, temprano, cuando sorprendieron al grupo en plena migración. Conocían bien los meses en que viajaban y en junio se las podía topar en la ruta Alaska-Sudamérica. Pero el capitán Fushida no estaba conforme, su cuota mínima diaria era de tres ejemplares y tenía que cumplirla.
En lo profundo, en el azul difuso, la joven ballena se topó con un cardumen de pequeños peces, miles, que formaban juntos un voluminoso cuerpo. Cuando se acercó, apareció, dentro de aquel organismo, un agujero, para dejarla pasar sin problemas. Pero ella no tenía ninguna intención de devorarlos. Minutos después divisó a uno de los suyos. Su corazón empezó a estremecerse,  esta vez de felicidad. Se trataba de una hembra, una de las más viejas de la manada, que aún tenía fuerzas para ir adelante y ser una de las que guiaban al grupo. También la escuchaba cantar por las noches, o en el día, para llamar a alguno que había extraviado el rumbo.
Su misión: buscar la seguridad, el alimento, ser útil. Pero esta vez iba sola. Y estaba asustada, como los demás. Cuando el enemigo los encontró y cazó al primero del grupo, un joven e inexperto ballenato, todos se dispersaron. Así que decidió unirse a él, nadar a su lado para darle confianza y que tratara de ir más a prisa, de lo contrario serían alcanzados.
Sa mission: chercher la sécurité, à manger et être utile. Mais cette fois elle était seule. Et comme les autres, elle avait peur. Lorsque l'ennemi les trouva et chassa la première du groupe, un baleineau jeune et inexpérimenté, toutes se dispersèrent. Alors elle décida d'aller avec lui, de nager près de lui pour lui donner confiance et l'inciter à aller plus vite, ou alors ils seraient vite rattrapés.
Y fue así. Apenas habían salido dos veces a la superficie para respirar y ya tenían a la embarcación asesina siguiéndoles el rastro. El capitán  Fushida observaba con sus binoculares. Perfecto, se repitió, ahora serán dos y no una sola presa. Primero cazaría al más veloz, el de tamaño mediano, la otra, la gigantesca no sería difícil conseguirla. Una hora a lo sumo y daría cuenta de ambos. Estarían en sus bodegas, faenados. No debía demorarse, de lo contrario saldría de aguas internacionales y tendría problemas con algún país, sobre todo porque el repudio de la caza de ballenas había crecido en los últimos años. Ordenó a Hideaki que tomara de nuevo posición, pero que esta vez no fallara. Primero el mediano, le dijo por la radio, luego nos encargaremos de la otra.– Seguramente será su madre – se dijo, sin que esto lo conmoviera. Tampoco le agradaba matar. Sólo ejecutaba su trabajo.
Abajo, los cetáceos estaban en problemas. El aire de sus pulmones se había degradado y comprendieron que debían ascender. El momento de riesgo volvería, pero a veces se tenía suerte y podrían volver a hundirse. La ballena mayor empezó a cantar una canción de peligro, una canción que había aprendido de generación en generación y que avisaba a los demás  para que no se acercaran. Transmitió que ella saldría primero, así protegería a su acompañante. El otro hubiera preferido salir al mismo tiempo.  Su instinto le decía que aquello distraería a su depredador.
En la superficie, Hideaki estaba listo con el arpón. Se repetía para no confundirse que primero debía dispararle al pequeño. Si, primero al pequeño. Y sabía el por qué. La otra no podría ir muy lejos. De esa forma era casi seguro que capturarían ese par. Casi seguro. Pero también cotejó diferencias. ¿Y si cazo al primero y por cualquier razón no esperada no se logra cazar a la segunda? ¿Qué?  Entonces dedujo que si cazaba primero a la más grande obtendrían más carne y más grasa que si le pegaba el arponazo al otro. Un hecho indiscutible. Cumplirían la cuota en kilogramos, la rebasarían, y él ganaría su alta comisión de arponero. Pero era una orden fija, se repitió temeroso. Primero el pequeño, recalcó Fushida, señalándolo con su índice, luego la grande. Mientras rumoreaba esos pensamientos  contradictorios asomó en la superficie la ballena mayor. Y él ya había tomado una decisión. En segundos. Le dispararía a lo primero que asomara. Sería como un anuncio. No se quedarían sin la tercera presa. Si era el pequeño, cumplía con la orden del capitán, y le cargarían a él la responsabilidad en caso la más grande escapara. En cambio, si la mayor caía, completaba con su cuota, al carajo el caprichoso de Fushida  y… aún podría cazar al otro. Qué más. Ya la ballena grande nadaba en la superficie lanzando su chorro de aire. Pronto se sumergiría, pronto. Hideaky sudaba, sabía que el capitán lo estaba observando, midiéndolo con sus ojos fríos.
Y apretó el gatillo. No se iba a arrepentir así lo echaran por desacato.Que se busque otro arponero – pensó el tirador a sabiendas que era uno de los mejores… aunque no por ello, irreemplazable.
Abajo, a dos metros de profundidad, la joven ballena sintió el remezón, el estruendo que repercutió en el mar, producto del explosivo que estalló en el cuerpo de su compañera, y el manantial de sangre que invadió el azul que lo rodeaba. Lo comprendió todo. Ella se había ofrecido. Era uno de los códigos que tenían y se escuchaban en los cantos nocturnos. Ballena protege a ballena. Mayor protege a menor. Menor cuida de mayor. Mayor muere por menor.
Y muy triste y enfadado se elevó a la superficie, lanzó sus chorros, aspiró todo el aire que podía caber en sus pulmones y descendió. Pero esta vez no hasta el fondo, para no perder fuerzas. Y nadó lo más aprisa que pudo, no iba a permitir que el sacrificio de su amiga  hubiera sido en vano.
Très triste et en colère, il monta à la surface, lança ses jets, aspira tout l'air que pouvait contenir ses poumons et descendit. Mais pour garder ses forces cette fois, il ne descendit pas jusqu'au fond. Il nagea le plus rapidement qu'il put, il n'allait pas permettre que le sacrifice de son amie fut vain.
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