La procesión se encerró al día siguiente. Es la procesión más larga de las conocidas que salen en la madrugada sevillana. Su duración es de catorce horas. Cuenta con 15.000 hermanos y es la primera también en número de nazarenos que salen por las calles con un número aproximado de 3.500. Todos los nazarenos llevan las capas en color crema. Sin embargo, aquellos que acompañan a la Virgen llevan el antifaz o capirote en verde y aquellos que acompañan al Cristo que va con la Virgen los llevan en morado.
Sobre las dos de la tarde del Viernes Santo en Sevilla, una vez encerrada la procesión, nuestros amigos ya respiraban tranquilos, en una terraza tomando unas cervezas y unas tapas. Esos días habían sido una pesadilla por un lado y pura emoción por otro.
Juan Antonio no sólo no perdería su trabajo, sino que la revista Cultura y Pasiones le haría un contrato en condiciones. Su profesor del proyecto fin de carrera lo felicitará orgulloso cuando vuleva a la facultad de periodismo.
Pero aquella tarde de primavera, sentado a la enorme mesa en aquella terraza en el barrio de San Gil, con sus nuevos amigos, solo tenía ojos para Eileen. En dos días la chica se marcharía y el corazón se le hacía pedazos. Los sentimientos de la chica eran los mismos, así que no podían evitar sentirse tristes por momento.
Juan Antonio no sólo no perdería su trabajo, sino que la revista Cultura y Pasiones le haría un contrato en condiciones. Su profesor del proyecto fin de carrera lo felicitará orgulloso cuando vuleva a la facultad de periodismo.
Pero aquella tarde de primavera, sentado a la enorme mesa en aquella terraza en el barrio de San Gil, con sus nuevos amigos, solo tenía ojos para Eileen. En dos días la chica se marcharía y el corazón se le hacía pedazos. Los sentimientos de la chica eran los mismos, así que no podían evitar sentirse tristes por momento.
Juan, Antonio y Alejandro casi habían terminado su proyecto. Cultura y Pasiones se disculpó cuando se supo en todos los medios de comunicación sobre las fechorías de los dos periodistas, Yola y Manuel Ángel. El trabajo que habían realizado los tres amigos les gustó tanto que les ofrecieron a los tres juntos uno nuevo para el mes siguiente.
El Domingo de Resurrección, Juan Antonio acompañó a Eileen al aeropuerto. Su vuelo salía a las 12 horas. Eileen iba con su colega, quien se había tirado todo el tiempo enferma en el hotel. Se despidieron con una presión en el pecho los dos, mirándose con un amor ya imposible, irreal, inconcebible en el que además se interponía el océano Atlántico y casi 7000 kilómetros. Se abrazaron con fuerza en un último y prolongado momento de dulzura. Después las chicas desaparecieron tras los mostradores de checking. Juan Antonio salió del aeropuerto llorando a lágrima viva, se montó en su furgoneta y se dirigió a la casa rural donde Nubia había preparado una paella que se comerían al radiante sol de la tarde primaveral a modo de despedida. Pero Juan Antonio no tenía ni hambre ni ganas de nada. Antes de llegar tuvo que parar un rato la furgoneta en un descampado porque no quería que lo descubrieran con los ojos rojos de llorar.
Cuando los niños vieron a Juan Antonio entrar por el fabuloso jardín gritaron de alegría. Ya estaba más calmado pero muy muy muy triste por dentro.
–¿Qué tal Juan Antonio? -preguntó Nubia– has tardado mucho en llegar, ¿Ha habido algún problema en la carretera?–No, que va– se excusó el joven, es que... es que… a Juan Antonio le temblaba la voz y tanto los niños como los mayores lo miraban con pena pues de nuevo se le saltaron las lágrimas.–Jo– le dijo Isabel cogiéndolo dulcemente de la mano– hoy todos lloráis, Eillen ha llorado un montón de rato y ahora tú.–¿Cómo que Eileen ha llorado? -el joven se agachó para ponerse a la altura de la niña de cinco años y le dijo extrañado: si hoy no la habéis visto. –Sí, sí que la hemos visto y nos ha dicho que lloraba de felicidad.
–¿Qué tal Juan Antonio? -preguntó Nubia– has tardado mucho en llegar, ¿Ha habido algún problema en la carretera?–No, que va– se excusó el joven, es que... es que… a Juan Antonio le temblaba la voz y tanto los niños como los mayores lo miraban con pena pues de nuevo se le saltaron las lágrimas.–Jo– le dijo Isabel cogiéndolo dulcemente de la mano– hoy todos lloráis, Eillen ha llorado un montón de rato y ahora tú.–¿Cómo que Eileen ha llorado? -el joven se agachó para ponerse a la altura de la niña de cinco años y le dijo extrañado: si hoy no la habéis visto. –Sí, sí que la hemos visto y nos ha dicho que lloraba de felicidad.
Juan Antonio levantó la mirada, Nubia, Famara y Margarita que estaban juntas se separaron y detrás de ellas apareció la chica americana bañada en lágrimas. Juan Antonio se fue corriendo hacia ella y la abrazó aún más fuerte que hacía una hora. Entonces ahora sí, mirándola con amor, la besó con pasión en los labios.
–Me quedo contigo una temporadita– dijo ella.
–Me quedo contigo una temporadita– dijo ella.
Aquel fue el domingo de Resurrección más espléndido que se haya vivido en Sevilla. Cuando regresaron a casa, aquella misma noche, Clara a punto de quedarse dormida en el sofá y, antes de que Nubia y Alejandro la metieran en la cama, miró en el móvil uno de los vídeos que había grabado durante el reportaje en la iglesia. Se sorprendió al comprobar que allí sola, ante La Esperanza Macarena, ésta le sonreía. Pero tenía tanto sueño que pensó que el cansancio le hacía ver milagros. Se quedó frita. Al día siguiente cuando quiso enseñárselo de nuevo a su padre, Isabel borró sin querer el vídeo. Nadie la creyó, aunque cuenta la leyenda que la virgen sonríe a los puros de corazón.