La entrada es colosal, pintada en ocre y blanco. Es un enorme arco por el que tradicionalmente pasa la Virgen cuando sale en procesión. Ese día la Basílica estaba cerrada al público y solo pudieron entrar ellos y los periodistas americanos. La policía rodeaba el edificio. De nuevo casi no dejan acceder al recinto a los niños. Sin embargo Juan se guardaba un as en la manga y, gracias a un contacto muy particular, los chiquillos aquella mañana los acompañaron.
–¿Y qué es lo que dices que ponía en el mail que te mandó la bruja anoche?– preguntó Antonio a Juan.–Eso, eso– prosiguió Alejandro. –Quería que midiéramos las puertas y que sacáramos fotos al portón situado en el sagrario. Éste debe ser medido con especial cuidado, no debemos fallar ni un centímetro. Ha pedido que examinemos la iglesia palmo a palmo por si hubiera entradas ocultas o cámaras cerradas. Las iglesias antiguas suelen guardar muchos recovecos. –Ésta no es tan antigua, es de 1961.–Sí, pero cuentan que el arquitecto que la diseñó era un Masón y amante de las iglesias antiguas y apasionado de los secretos que guardan los edificios más antiguos del planeta. No quiso construir una simple Basílica– explicó Juan.
–¿Y qué es lo que dices que ponía en el mail que te mandó la bruja anoche?– preguntó Antonio a Juan.–Eso, eso– prosiguió Alejandro. –Quería que midiéramos las puertas y que sacáramos fotos al portón situado en el sagrario. Éste debe ser medido con especial cuidado, no debemos fallar ni un centímetro. Ha pedido que examinemos la iglesia palmo a palmo por si hubiera entradas ocultas o cámaras cerradas. Las iglesias antiguas suelen guardar muchos recovecos. –Ésta no es tan antigua, es de 1961.–Sí, pero cuentan que el arquitecto que la diseñó era un Masón y amante de las iglesias antiguas y apasionado de los secretos que guardan los edificios más antiguos del planeta. No quiso construir una simple Basílica– explicó Juan.
Cuando entraron en el templo se quedaron perplejos ante la excelsa imagen de la Virgen en el Camarín, al fondo, rodeada de rico oro. Era de una expresividad extraordinaria
Lorsqu'ils entrèrent dans le temple ils furent perplexes devant l'immense image de la Vierge dans le sanctuaire au fond, entouré d'un or magnifique. Elle était incroyablement expressive.
–Ese dolor por un hijo, solo ha podido ser tallado por una mujer– expresó una chica con un acento diferente, extranjero, mirando a la virgen con expectación.–Tiene usted razón– continuó una voz desde la sombra. No he visto nada más hermoso en mi vida.La chica se sobresaltó.
–Disculpe no pretendía asustarla– dijo la voz desde la sombra.–No se preocupe– continuó ella.
–Disculpe no pretendía asustarla– dijo la voz desde la sombra.–No se preocupe– continuó ella.
La voz salió desde un rincón oscuro detrás de la chica. Una sonrisa grande de dientes perfectos y blancos, iluminó una la cara de ojos enormes, redondos y avellanas que transmitían bondad.
–Mi nombre es Juan Antonio Sánchez Orti– dijo el becario, sin poder apartar la mirada de la preciosa chica que tenía enfrente.
–Mi nombre es Eileen, disculpe mi español, es muy malo– la chica observaba al becario sin poder dejar de mirar aquellos ojos de color avellana tan grandes y redondos. –Soy americana, de Manhattan–continuó la chica– He venido a escribir sobre la Semana Santa en Sevilla y sacar algunas fotos. Mi compañera está enferma en el hotel así que he venido sola. –A mí, mis jefes– explicó Juan Antonio– me han enviado a supervisar el trabajo de unos fotógrafos, uno de ellos bastante famoso, aquellos señores del fondo, los que están con los niños. Pero yo no voy a estar espiando a gente profesional como si se trataran de delincuentes. Mis jefes son muy mal pensados.Los dos jóvenes, bajo la mirada de la virgen, continuaron la charla. Juan, Alejandro y Antonio, pensaron, mientras contemplaban la escena de la chica americana y el becario que, allí mismo frente al Camarín de la Macarena, se había obrado un milagro, pues, ensimismados no apartaban la mirada el uno en el otro, como si el amor los hubiera reunido al amparo de la magia de aquel lugar sagrado.
–¿Por qué no salimos de aquí y nos tomamos un café?– propuso Juan Antonio.–Por mí estupendo– accedió Eileen.
–¿Por qué no salimos de aquí y nos tomamos un café?– propuso Juan Antonio.–Por mí estupendo– accedió Eileen.
Así pues, los dos jóvenes salieron de la Basílica, por la sacristía y Clara, la hija de Alejandro que desde lejos los miraba ensimismada, creyó ver que la virgen sonreía, pero pensó que eran imaginaciones.
Un cristal blindado protegía a la Esperanza Macarena de posibles asaltos. Cinco de las cientos de imágenes de las iglesias de Sevilla están protegidas por medidas extremas de seguridad y ésta, era una de las más seguras.
Une vitre blindée protégeait la Esperanza Macarena d'une possible agression. Parmi les centaines d'images des églises de Séville, cinq d'entre elles sont protégées par des mesures extrêmes de sécurité, et celle-ci est l'une des plus protégées.
Tal y como les había ordenado Yola, hicieron un recuento de todos los rincones y recovecos, salidas o entradas y, efectivamente, en la primera capilla del lado del Evangelio, observaron que las cuatro ranuras que forman el cuadrado de una de las enormes lozas del suelo presentaba una anchura superior al resto. Había una hendidura sobre ella. Juan fue a por una barra de acero al coche. Con ayuda de Antonio y Alejandro hizo palanca y levantó la loza que era pesadísima. Los seis niños y los tres hombres bajaron a una especie de sótano que se bifurcaba una y otra vez en pasillos, limpios y con olor a incienso. Eran pasillos subterráneos. No era difícil orientarse pues había unas marcas en la pared que indicaban hacia qué estancia conducía cada pasadizo. Los focos para hacer las fotos les servían de linterna, así como las linternas de los móviles.
–Vale, chicos, aquí no hay nada excepcional– dijo Juan– volvamos al trabajo que no tenemos mucho tiempo. Si luego queréis, podemos visitar la basílica desde estos túneles y sacar fotos dentro, pero ahora mismo tenemos mucho trabajo por delante y Yola quiere que le mande material para las tres de la tarde. Aunque de estos pasadizos no le pienso decir nada.
–Vale, chicos, aquí no hay nada excepcional– dijo Juan– volvamos al trabajo que no tenemos mucho tiempo. Si luego queréis, podemos visitar la basílica desde estos túneles y sacar fotos dentro, pero ahora mismo tenemos mucho trabajo por delante y Yola quiere que le mande material para las tres de la tarde. Aunque de estos pasadizos no le pienso decir nada.
Antonio y Alejandro asintieron y subieron por donde mismo habían bajado. Dejaron la loza a un lado para luego volver allí e inspeccionar un poco más en profundidad y hurgar en las entrañas de la Basílica
Antonio et Alejandro acquiescèrent et montèrent par là où ils étaient descendus. Ils laissèrent la dalle sur le côté pour ensuite y revenir inspecter un peu plus en détail et fouiller les entrailles de la Basilique.
Juan, Alejandro y Antonio, montaron el equipo de fotografía y sacaron cientos de instantáneas desde cientos de ángulos. Las examinaban, corregían la luz, las eliminaban o las guardaban, las volvían a hacer y así durante toda la mañana del miércoles. Montaron y desmontaron los paraguas a lo largo y ancho de la basílica. Debían terminar para las tres. De hecho era de vital importancia hacerlo para ese momento. Yola les había advertido que después de las tres horas no debía quedar nadie allí dentro. Ellos pensaron que ese requerimiento lo hacía el obispado. Pero, no contentos con algunos de los resultados, se quedaron más rato en el templo. El contacto de Juan había conseguido el permiso para que pudieran trabajar hasta bien entrada la noche, pero de ésto no dijeron nada a nadie. Sobre las tres, enviaron a Yola parte del material, lo que le haría pensar a la bruja que ya habían terminado. Así pues, una vez hecho el trabajo, Juan, que era un gran experimentador de la fotografía, se puso a trabajar con Antonio y Alejandro, pero ya, por placer. Los tres querían elaborar un libro con un resultado más alternativo y vanguardista. Por eso habían traído a los niños. Tenían más cosas en mente, aparte de fotos de estudio para una revista como Cultura y Pasiones.
Después de hacer algunas fotos con los pequeños, quisieron subir al campanario. Pero era un poco peligroso para los niños.
–Chicos, vamos a estar arriba solo unos diez minutos. No os mováis de aquí. Sócrates, tienes ya trece años, cuida de los demás, coge tu móvil y si pasa algo nos llamas – le ordenó Juan a su hijo mayor.
–Chicos, vamos a estar arriba solo unos diez minutos. No os mováis de aquí. Sócrates, tienes ya trece años, cuida de los demás, coge tu móvil y si pasa algo nos llamas – le ordenó Juan a su hijo mayor.
En el mismo instante que los tres fotógrafos desparecieron por unas escaleras al fondo de la basílica, los niños escucharon unas voces en el interior de la iglesia. En la zona de la sacristía, alguien había entrado sin permiso. Dejaron el equipo de los padres entre las sombras, ocultos por unos mantos, apagaron las pocas luces que había encendidas y se acercaron sigilosos. Aprovechando que la enorme loza de la primera capilla seguía desplazada, entraron a los túneles. Se alumbraron con la linterna del móvil de Sócrates. Las voces estaban cada vez más cerca. Al final de uno de los pasadizos había una rejilla de bronce muy antigua. Estaban a ras del suelo de la sacristía.
Esas voces les eran familiares. Había dos hombres y dos mujeres. Una era Yola, de eso no cabía la menor duda, el otro parecía Manuel Ángel, pero hablaba como en susurros. No pudieron identificar a los otros dos
Ces voix leur étaient familières. Il y avait deux hommes et deux femmes. L'une d'elles était celle de Yola, ça ne faisait aucun doute, et l'autre semblait être celle de Manuel Ángel qui parlait en murmurant. Ils ne purent identifier les deux autres voix.
Desde allí, a ras del suelo, apenas si llegaban a ver hasta las caderas de los presentes en la sacristía. Contaron ocho pies. Los zapatos de tacón de una de las mujeres eran de aguja y muy altos y, quizás, muy caros por lo bonitos que eran, pensó Clara. La otra mujer, a la que identificó como Yola, llevaba un vestido azul marino y zapatos rojos. Luego estaba Manuel Ángel que llevaba vaqueros y unas adidas negras un poco gastadas. El otro hombre llevaba sotana y, bajo ésta, unos mocasines muy brillantes y limpios. Escucharon con atención y lo que entendieron les pareció un poco de ciencia ficción. Sobre todo Clara, ensimismada en aquellos zapatos tan escandalosamente bonitos, prestó mucha atención a lo que decía la mujer que los llevaba, y lo que decía no le pareció, en absoluto correcto. Así pues, le quitó el móvil a Sócrates y grabó la conversación.
Llevarían allí unos diez minutos cuando detrás de ellos una luz de otro móvil los sobresaltó y los asustó muchísimo. Se quedaron quietos sin hacer ni un ruido y muertos de terror.
Ils étaient là depuis à peu près dix minutes quand la lumière d'un téléphone derrière eux les fit sursauter et leur fit très peur. Morts de terreur, ils restèrent calmes, ne firent aucun bruit.
–Tranquilos chicos soy el becario.Los niños respiraron aliviados pues el becario sí les caía bien. La chica americana venía detrás.
–¿Qué hacéis aquí?– preguntó Juan Antonio en voz muy baja. –Son tus jefes están diciendo cosas terribles– susurró Clara.–¿Cosas terribles? –se preguntó extrañado Juan Antonio– a ver, chicos dejad que me acerque a la rejilla.
–¿Qué hacéis aquí?– preguntó Juan Antonio en voz muy baja. –Son tus jefes están diciendo cosas terribles– susurró Clara.–¿Cosas terribles? –se preguntó extrañado Juan Antonio– a ver, chicos dejad que me acerque a la rejilla.
Juan Antonio y Eileen se acercaron a la rejilla. Escucharon con atención pero todas las cosas terribles a las que se refería Clara ya habían sido dichas y pensaron que todo aquello era muy infantil. Juan Antonio y Eileen no se percataron de nada excepcional. De hecho la conversación duró unos tres o cuatro minutos más. Tras este tiempo, las cuatro personas de la sacristía se alejaron hacia el fondo, donde una puerta pequeña y blindada daba a la calle. Entonces sí pudo confirmar Juan Antonio de quiénes se trataba, pues, a una distancia favorable, las figuras se apreciaban completamente. Eran sus jefes, el tal Don Ignacio y… aquella mujer, su cara, le resultaba tan familiar. No pudo acordarse en ese momento de quién se trataba.
Los seis niños y los dos jóvenes salieron de los pasadizos. Juan, Alejandro y Antonio los vieron salir desde la profundidad y corrieron hacia ellos. Se sorprendieron al ver al becario y la chica americana. Juan Antonio y Eileen le contaron lo sucedido, pero los niños habían escuchado muchas más cosas que ellos y no sabían nada de la gravedad de lo que se había hablado allí.
Les six enfants et les deux jeunes sortirent des passages. Juan, Alejandro et Antonio les virent sortir des profondeurs et accoururent. Ils furent surpris de voir le stagiaire et la jeune fille américaine. Juan Antonio et Eileen racontèrent ce qui s'était passé, mais les enfants avaient entendu bien plus qu'eux et ne savaient rien de la gravité des propos tenus en bas.
Cuando se aseguraron de que nadie, absolutamente nadie, estaba por allí, volvieron a la casa de campo donde siguieron trabajando y clasificando material. Juan, Alejandro y Antonio no paraban de darles vuelta a todo lo que les había pasado. Los tres días siguientes, trabajaron fuera de las iglesias, inmortalizaron en fotografías el ambiente previo a la Semana Santa. Gente por todos lados haciendo compras por la mañana, luego más gente por todos lados al cierre de los comercios, pues es costumbre en Andalucía ir a tomar cervezas y vino antes del almuerzo.
En Andalucía en general, cuando llega la primavera, los balcones de las casas se llenan de flores, hace una temperatura exquisita y los bares se llenan de gente a mediodía.
El sábado antes del Domingo de Ramos, la revista Cultura y Pasiones, les dio libre a nuestros fotógrafos así que, llevaron a los niños a Isla Mágica, el famoso parque temático ambientado en el descubrimiento de América. Estaban en el barco pirata cuando se toparon con Juan Antonio y Eileen.
–¡Hola chicos!– exclamó la fotógrafa americana, llena de alegría al ver a los niños.–Hola Eileen– ¡Qué casualidad!– gritaron Clara e Isabel a quienes la chica les había caído estupendamente Les gustaba ese acento tan diferente, les hacía reír.
–¡Hola chicos!– exclamó la fotógrafa americana, llena de alegría al ver a los niños.–Hola Eileen– ¡Qué casualidad!– gritaron Clara e Isabel a quienes la chica les había caído estupendamente Les gustaba ese acento tan diferente, les hacía reír.
Juan Antonio, estrechó la mano de Alejandro, Juan y Antonio con efusividad. Les alegró verlos y ellos les presentaron a Famara, Margarita y Nubia. Fue algo muy agradable.
–Íbamos a almorzar ¿os venís con nosotros? Preguntó Famara– y a Eileen se le encendieron los ojos.–¡Sííí, por favor!– gritaron los niños.–Está bien– asintió Juan Antonio.–En el camino para el restaurante Aguateca, situado en el corazón del parque, Juan Antonio se retrasó unos pasos y se quedó un poco atrás con Eileen. Su mirada se ensombreció y se entristeció de repente.–¿Te sucede algo?– inquirió la chica.–Sí, Eileen. No estamos aquí por casualidad. Yo sabía que iban a venir y un guarda de seguridad lleva todo el rato informándome a través de un pinganillo que llevo en el oído sobre la posición de esos niños y los padres. Mis jefes quieren que los espíe y, aún no sé por qué. Me parecen tan buenas personas. Yola está constantemente amenazándome de que me va a echar de este trabajo si no hago lo que dice y de que van a hablar con mi jefe del proyecto de fin de carrera. Le informará sobre lo mal que trabajo para que no me apruebe el TFG (Tarea fin de grado).
–Íbamos a almorzar ¿os venís con nosotros? Preguntó Famara– y a Eileen se le encendieron los ojos.–¡Sííí, por favor!– gritaron los niños.–Está bien– asintió Juan Antonio.–En el camino para el restaurante Aguateca, situado en el corazón del parque, Juan Antonio se retrasó unos pasos y se quedó un poco atrás con Eileen. Su mirada se ensombreció y se entristeció de repente.–¿Te sucede algo?– inquirió la chica.–Sí, Eileen. No estamos aquí por casualidad. Yo sabía que iban a venir y un guarda de seguridad lleva todo el rato informándome a través de un pinganillo que llevo en el oído sobre la posición de esos niños y los padres. Mis jefes quieren que los espíe y, aún no sé por qué. Me parecen tan buenas personas. Yola está constantemente amenazándome de que me va a echar de este trabajo si no hago lo que dice y de que van a hablar con mi jefe del proyecto de fin de carrera. Le informará sobre lo mal que trabajo para que no me apruebe el TFG (Tarea fin de grado).
Eileen, no daba crédito a lo que le decía su recién estrenado amigo.
–¿Y qué vas a hacer?–preguntó la chica.–Mira lo que voy a hacer. ¿Ves a un señor con camiseta y pantalón negro en el puesto de los tickets del barco pirata?– dijo Juan Antonio.–Sí– respondió la chica.–Nos lleva pisando los talones todo el día, espiando. Pues gracias a él creo que voy a perder mi trabajo hoy.–¿Qué dices?-se sorprendió la chica.
–¿Y qué vas a hacer?–preguntó la chica.–Mira lo que voy a hacer. ¿Ves a un señor con camiseta y pantalón negro en el puesto de los tickets del barco pirata?– dijo Juan Antonio.–Sí– respondió la chica.–Nos lleva pisando los talones todo el día, espiando. Pues gracias a él creo que voy a perder mi trabajo hoy.–¿Qué dices?-se sorprendió la chica.
Juan Antonio se quitó las gafas de sol, miró fijamente a aquel tipo y se sacó una cosita muy pequeña del oído izquierdo, un dispositivo minúsculo. Volvió a mirar al tipo de frente en mitad de la multitud.
Juan Antonio enleva ses lunettes de soleil, regarda droit dans les yeux le type et enleva une toute petite chose de son oreille gauche, un dispositif minuscule. Il regarda de nouveau le type en face, au milieu de la foule.
–¿Qué vas a hacer? -preguntó Eileen.–Lo voy a romper delante de sus narices. –Espera– exclamó ella. Eileen emocionada con el acto de valentía sacó su móvil. Espera– repitió– te voy a grabar– dijo riéndose.Juan Antonio, haciendo burlas, levantó el pinganillo, lo elevó y, como si de Hamlet se tratara, dijo en voz alta:
–Yo Juan Antonio Sánchez Orti, en este mismo instante de mi vida voy a perder mi trabajo y la posibilidad de que me lean mi proyecto de fin de carrera. En este instante te destrozo– volvió a mostrar el dispositivo al guarda contratado por Yola y Luna y lo tiró al suelo. Luego lo pisó con sus zapatillas converse y lo destrozó. Entonces respiró aliviado. A lo lejos el guarda lo amenazó con un gesto. Eileen como una niña pequeña le sacó la lengua. A continuación los dos jóvenes, más felices que nunca, se sacaron una foto con el signo de victoria. Se miraron fijamente en un momento eterno, lleno de chispas y fuegos artificiales, acercaron sus rostros el uno al otro y casi se dan un beso, pero los interrumpió Isabel.–¡Vamos que os quedáis atrás!– dijo la niña, los cogió a los dos de la mano y los arrastró hacia sus padres, mientras los jóvenes se miraban con pasión y con unas ganas tremendas de besarse.
–Yo Juan Antonio Sánchez Orti, en este mismo instante de mi vida voy a perder mi trabajo y la posibilidad de que me lean mi proyecto de fin de carrera. En este instante te destrozo– volvió a mostrar el dispositivo al guarda contratado por Yola y Luna y lo tiró al suelo. Luego lo pisó con sus zapatillas converse y lo destrozó. Entonces respiró aliviado. A lo lejos el guarda lo amenazó con un gesto. Eileen como una niña pequeña le sacó la lengua. A continuación los dos jóvenes, más felices que nunca, se sacaron una foto con el signo de victoria. Se miraron fijamente en un momento eterno, lleno de chispas y fuegos artificiales, acercaron sus rostros el uno al otro y casi se dan un beso, pero los interrumpió Isabel.–¡Vamos que os quedáis atrás!– dijo la niña, los cogió a los dos de la mano y los arrastró hacia sus padres, mientras los jóvenes se miraban con pasión y con unas ganas tremendas de besarse.
El resto de la tarde lo pasaron todos juntos y se divirtieron de lo lindo. A veces a Juan Antonio se le entristecía la mirada de ojos redondos y avellanas, pero sabía que había hecho y que hacía lo correcto.
Cuando cerraron las atracciones, ya fuera del recinto, Eileen, se dirigió a los niños:
–¡Niños, me lo he pasado genial con vosotros! Espero volver a veros.–¿Por qué no te vienes a casa a cenar? tenemos barbacoa– exclamó Tiago. Entonces Isabel Esteban, Alba, Clara, Sócrates estallaron en júbilo.–Me encantaría– dijo la chica.–Nos encantaría– corrigió Juan Antonio.–Pero es muy tarde y mi hotel está lejos. Mañana tengo que hacer mucho trabajo, y aunque mi compañera ya se encuentra mejor, prefiero que descanse y hacer yo las labores– contestó Eileen.–Podríais venir con nosotros– continúo Nubia–estamos en una casa de campo inmensa y todavía quedan cuatro dormitorios libres. Mañana os acercamos a los hoteles. Es que esta tarde vamos a hacer una barbacoa en el jardín y unos amigos nuestros de Sevilla van a traer sus guitarras y tendremos música un rato, sevillanas y flamenco. Solo un rato. Para las doce todos durmiendo. Además mañana es Domingo de Ramos. Ellos tienen que trabajar, pero no tenemos que madrugar tanto.
–¡Niños, me lo he pasado genial con vosotros! Espero volver a veros.–¿Por qué no te vienes a casa a cenar? tenemos barbacoa– exclamó Tiago. Entonces Isabel Esteban, Alba, Clara, Sócrates estallaron en júbilo.–Me encantaría– dijo la chica.–Nos encantaría– corrigió Juan Antonio.–Pero es muy tarde y mi hotel está lejos. Mañana tengo que hacer mucho trabajo, y aunque mi compañera ya se encuentra mejor, prefiero que descanse y hacer yo las labores– contestó Eileen.–Podríais venir con nosotros– continúo Nubia–estamos en una casa de campo inmensa y todavía quedan cuatro dormitorios libres. Mañana os acercamos a los hoteles. Es que esta tarde vamos a hacer una barbacoa en el jardín y unos amigos nuestros de Sevilla van a traer sus guitarras y tendremos música un rato, sevillanas y flamenco. Solo un rato. Para las doce todos durmiendo. Además mañana es Domingo de Ramos. Ellos tienen que trabajar, pero no tenemos que madrugar tanto.
Juan Antonio miró a Eileen con cara de “por favor di que sí”. En esos días se había enamorado de la preciosa periodista americana, que en una semana volaría a Estados Unidos y quién sabía si la volvería a ver. Quería pasar todo el tiempo posible con ella. De todos modos, él a esas horas, estaría ya despedido. Qué más le daba. Seguramente a lo largo de la tarde–noche, recibiría una llamada de Yola o Manuel Ángel
Juan Antonio regarda Eileen avec un regard qui disait: "S'il te plaît, dis oui". En quelques jours il était tombé amoureux de la jeune journaliste américaine qui devrait dans une semaine s'envoler vers les Etats-Unis, et qui sait s'il la reverrait un jour. Il voulait passer le plus de temps possible avec elle. De toute façon, à l'heure qu'il était il devait être déjà renvoyé. Qu'importe! Dans l'après-midi ou la soirée il allait recevoir un appel de Yola ou de Manuel Ángel.
–Está bien– dijo Eileen con una amplia sonrisa.–¡Yes!– exclamó Juan Antonio y todos rieron llenos de felicidad.