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Couverture Biographie Carte et Photos 1 Leyenda2 Martes antes del Domingo de Ramos en Sevilla3 Miércoles antes del Domingo de Ramos4 Domingo de Ramos5 Jueves Santo6 Viernes Santo7 Audios
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Polices
La casa de campo quedó iluminada por el este con un sol suave. Amanecía.  Cuando Juan Antonio bajó al jardín encontró a Antonio, Alejandro y Juan preparando material fotográfico para el famoso Domingo de Ramos. En el salón Eileen escuchaba las noticias. Había un revuelo enorme, terrible en Sevilla.
–¡Chicos, entrad! – gritó la chica americana desde el salón.
Los cuatro hombres entraron y se quedaron estupefactos escuchando las noticias de última hora en Canal Sur, el canal autonómico de Andalucía. Había sucedido. La Esperanza Macarena había sido robada de su camarín. No daban crédito a lo que estaban escuchando.
–Es imposible, hemos estado allí, está blindada con medidas más seguras que muchos cuadros del museo del Prado.
Si aquel acontecimiento había sido una sorpresa, lo peor estaba por llegar. Cinco minutos más tarde, la casa de campo estaba rodeada de coches patrulla. Agentes de la policía nacional y la guardia civil salieron de sus coches armados hasta los dientes. Famara, Nubia y Margarita bajaron espantadas al jardín. Los niños las siguieron en pijama. Todos estaban muy asustados. Juan Antonio y Eileen no habían sido vistos aún por la policía pues, Juan Antonio, aunque joven y un poco ingenuo, se había forjado una idea de lo que allí estaba sucediendo. Llamó a Nubia a la cocina, desde donde, de momento, no podían ser vistos.
–Nubia– le dijo muy seriamente– la policía no sabe que estoy aquí. Teóricamente Eileen y yo estamos en el hotel de ella. Se lo hice saber a Yola para que me dejara en paz. Para el poco tiempo que me queda de estar con ella, no quería tener que vérmelas con la bruja de mi jefa. Creo que sé qué ha pasado aquí. Si la policía quiere llevaros a vosotras y los niños, fingid que están enfermos. Llevadlos ahora mismo arriba. Necesito tiempo. Se van a llevar a vuestros maridos.–Pero de qué hablas, chaval, ¿Cómo que se van a llevar a nuestros maridos?– preguntó aterrorizada Nubia.–Tú haz lo que yo te digo.
Efectivamente quince agentes de la policía nacional y ocho de la guardia civil entraron en la casa. Mientras Juan Antonio y Eileen se escondían en la enorme despensa, Nubia subió a los niños a los dormitorios y les pidió que fingieran que estaban enfermos. Famara y Margarita se quedaron con ellos y Nubia bajó de nuevo a la cocina.
Effectivement quinze agents de la police nationale et huit de la guardia civil entrèrent dans la maison. Pendant que Juan Antonio et Eileen se cachaient dans l'immense remise, Nubia fit monter les enfants dans les chambres et leur demanda de faire semblant d'être malades. Famara et Margarita restèrent avec eux et Nubia redescendit à la cuisine.
–¿Son ustedes Alejandro Sánchez, Juan Morales y Antonio Velásquez?– preguntó el sargento de la guardia civil llegando al final del jardín.–Sí señor– dijo con voz firme Juan.–Quedan ustedes arrestados por el supuesto robo de la Virgen Esperanza Macarena esta madrugada– prosiguió el agente.–¡Nosotros!– gritaron los tres hombres al unísono.
    –Han sido los únicos que han tenido acceso a la basílica. Usted es Juan Morales, es famoso, tiene contactos en diputación, según hemos sabido, y muy importantes, que podían haberle facilitado mucha información e incluso, la gente para poder llevar a cabo el robo– explicó el agente.
–Pero hay mucha más personas que ha tenido acceso a la basílica– dijo Alejandro. Los corresponsales de Cultura y Pasiones, los periodistas para los que trabajamos.–Son ellos precisamente los que los han acusado. Según las cámaras de seguridad a ellos solo se los ha visto diez minutos dentro del templo, a plena luz del día  y con Don Ignacio, el sacerdote más insigne  de esta ciudad. ¿No creerá usted que en ese tiempo van a robar una virgen, tomando café con tan excelsa persona? Además, los trabajadores del hotel dicen que anoche no salieron de ahí. Cenaron en el restaurante y todos los vieron en el club del hotel hasta bien entrada la madrugada. A todo esto se une la figura del becario que Yola y Manuel Ángel tienen contratado. Tienen horarios exhaustivos de sus movimientos fotos y grabaciones. Un chico bastante alto que anda con una americana. Ha sido pieza clave para su detención. Yola Ginesto y Manuel Ángel Luna sospecharon de usted desde el principio y mandaron al chico para espiarles. –¡Serán puercos!– gritó Juan llorando.–¡Maldita sean esos dos, bueno esos tres! Y nosotros que nos habíamos encariñado con el chico– gimió  Alejandro sin poder contener las lágrimas.
Nubia desde la cocina no daba crédito a lo que escuchaba pero vio en los ojos de Juan Antonio que no todo lo que decía aquel policía era verdad.  Vio algo en el chico que la hizo no delatarlo allí mismo. Eileen bajó la mirada avergonzada y, sobre todo muy triste.
La policía se llevó a los tres fotógrafos esposados hacia las dependencias de la policía. Cientos de periodistas se apostaban a la entrada de la casa de campo. Los flashes de las cámaras deslumbraron a Famara, Margarita y Nubia en la luz de la mañana primaveral. Tuvieron que hacer un acto de conciencia para no llorar y que luego los niños se entristecieran.
La police emmena les trois photographes menottés au commissariat. Des centaines de journalistes s'étaient postés à l'entrée de la maison de campagne. Les flashs des appareils photos éblouissaient Famara et Margarita dans la lumière printanière du matin. Elles durent prendre sur elles pour ne pas pleurer et ne pas attrister les enfants.
La casa quedó rodeada de policías. Aunque, bien es cierto, al otro lado de la cerca de enredaderas que rodeaba la casa, lo que les permitió a nuestros amigos tener cierta intimidad.
Famara bajó las persianas y nadie podía ver sus movimientos desde fuera. Una vez que se aseguraron de que no podían ser vistos por los policías, hicieron salir a Eileen y Juan Antonio Orti de la despensa.
El chico les explicó que casi todo era cierto pero que había decidido no hacerlo más. Eileen les mostró la grabación que hizo con el móvil en que se veía a Juan Antonio recitando la muerte del pinganillo. Las tres mujeres no quisieron que los niños supieran nada de eso pues les habían cogido un cariño enorme a los dos jóvenes. Y al fin y al cabo, Juan Antonio estaba sacrificando su carrera por ellos.
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