El jueves Santo en Sevilla había incluso más periodistas y más jaleo de lo acostumbrado. Los tres fotógrafos seguían retenidos en las dependencias de la policía. Habían pasado ya cuatro días desde que se llevaran a Juan, Antonio y Alejandro. Las inmediaciones de la comisaría presentaban más expectación que las procesiones. La Esperanza Macarena salía esa noche de madrugada y aún no habían conseguido localizarla. Eso sería una tragedia para Sevilla entera. Su Reina, desaparecida.
Famara, Nubia y Margarita esperaban dentro de sus coches con los niños por si había algún cambio, además sobre las tres de la tarde podían visitar a los tres en sus celdas. De pronto, la policía se vio obligada a usar la fuerza para ahuyentar a los periodistas. Un audi Q8 negro con los cristales ahumados, aparcó frente a la comisaría. De él se apearon cuatro hombres muy altos y fornidos, vestidos de negro y ocultando sus ojos con gafas de sol. Uno de ellos abrió la puerta delantera y ayudó, ofreciendo su mano a una mujer muy elegante, muy alta y muy hermosa. Cuando ésta puso los pies en el suelo, Clara dio un grito.
–¿Qué sucede?– preguntó Juan Antonio que estaba en el asiento de atrás con las niñas.–Son los zapatos. Son los mismos que vi en la sacristía cuando accedimos a los túneles.
–¿Qué sucede?– preguntó Juan Antonio que estaba en el asiento de atrás con las niñas.–Son los zapatos. Son los mismos que vi en la sacristía cuando accedimos a los túneles.
En ese momento, Juan Antonio, se acordó de que los niños, aquel día, le habían dicho que Yola, Manuel Ángel el sacerdote y la mujer, habían estado hablando de cosas horribles. Él, sin embargo, no les prestó atención, lo vio como cosa de niños. En aquel momento no se acordó de aquella cara tan hermosa que salió por la puerta de la sacristía, pero, ahora, sí que la reconoció, nada más bajarse del coche. Era “la Víbora Débora”, la famosa ladrona de arte
C'est à ce moment que Juan Antonio se souvint de ce que les enfants lui avaient dit ce jour-là: Yola, Manuel Ángel, le prêtre et la femme avaient dit des choses horribles. Il n'y avait guère prêté attention, il avait pensé que c'était des trucs d'enfants. Il ne s'était pas souvenu de ce visage si beau qui était passé par la porte de la sacristie, mais maintenant il l'avait reconnue dès qu'elle était descendue de la voiture. C'était "Víbora Débora", la célèbre voleuse d'art.
–Vayamos a un sitio donde podamos hablar con los niños en tranquilidad, donde la policía no pueda seguirnos o escucharnos– suplicó Juan Antonio.–¿Qué sucede? -inquirieron Nubia y Eileen, sorprendidas. –¿Queréis salvar a vuestros maridos? Conozco un sitio para contaros algo que os sorprenderá.Fueron al parque María Luisa. Nubia se adelantó un momento a uno de los policías.
–Agente, por favor necesitamos tener un rato de intimidad con los niños. No vamos a salir de la ciudad sin nuestros maridos. No hemos hecho nada malo, déjennos respirar un rato a solas.
–Agente, por favor necesitamos tener un rato de intimidad con los niños. No vamos a salir de la ciudad sin nuestros maridos. No hemos hecho nada malo, déjennos respirar un rato a solas.
Así pues Nubia, Famara y Margarita alquilaron unas barcas y se adentraron en el famoso y amplio estanque. Bajo uno de los puentes los esperaba Juan Antonio y Eileen. No era posible divisar las tres barquitas desde donde estaban. Caía la tarde con una luz rojiza y el calor primaveral era muy agradable. Quedaban solo unas horas para que saliera la Macarena y los fervorosos seguidores de la Virgen lloraban a las puertas de Basílica.
–Y bien– dijo Famara– ¿Qué es eso tan importante que tienes que contarnos?–Adelante Clara, Sócrates, Isabel, Tiago, Esteban, Alba. Contadles a todos lo que escuchasteis el otro día en aquellos túneles. Es muy importante para ayudar a vuestros padres.
–Y bien– dijo Famara– ¿Qué es eso tan importante que tienes que contarnos?–Adelante Clara, Sócrates, Isabel, Tiago, Esteban, Alba. Contadles a todos lo que escuchasteis el otro día en aquellos túneles. Es muy importante para ayudar a vuestros padres.
Caía la noche, todavía no eran las nueve y la temperatura era cálida y agradable. La policía dejaba paso a tres coches y cerraba las dependencias a cal y canto.
Famara, Nubia y Margarita, Eileen y Juan Antonio eran escoltados por la policía y la guardia civil a una habitación blindada.
Sus padres estaban dentro. Todos se abrazaron entre lágrimas.
–No hay tiempo que perder– explicó Juan Antonio– Vamos Clara, habla, diles a estos señores lo que nos has contado esta tarde. –Adelante, sin miedo– dijo el sargento de la guardia civil, con una voz dulce, dirigiéndose a la niña, quien realmente tenía una visión más cercana a todo lo que había pasado. Era muy inteligente y su memoria de todo lo que pasó estaba intacta. –Pues verá, señor, la señora de los zapatos bonitos dijo que con ayuda del sacerdote de mocasines brillantes robarían a la Virgen. Él les abriría una habitación que hay en la Basílica del Cristo del Gran Poder. Solo él tiene las llaves. La habitación, según dijeron, es grande como para ocultar a una persona mayor. Nadie sospecharía pues ¿Cómo iban a sospechar de que la Virgen iba a estar oculta en la famosa iglesia del Cristo del Gran Poder? Según hablaron allí hay una puerta secreta y tras ella, la habitación. El sacerdote tiene acceso a las dos iglesias y con ayuda de unos cuantos matones de la señora de los zapatos bonitos sacarían la talla y la meterían en una furgoneta propiedad de la iglesia. Ahora la Virgen está en la Basílica del Cristo del Gran Poder en una habitación secreta. Además, todo lo grabé con el móvil de mi amigo. Espero que él no lo haya borrado.
–No hay tiempo que perder– explicó Juan Antonio– Vamos Clara, habla, diles a estos señores lo que nos has contado esta tarde. –Adelante, sin miedo– dijo el sargento de la guardia civil, con una voz dulce, dirigiéndose a la niña, quien realmente tenía una visión más cercana a todo lo que había pasado. Era muy inteligente y su memoria de todo lo que pasó estaba intacta. –Pues verá, señor, la señora de los zapatos bonitos dijo que con ayuda del sacerdote de mocasines brillantes robarían a la Virgen. Él les abriría una habitación que hay en la Basílica del Cristo del Gran Poder. Solo él tiene las llaves. La habitación, según dijeron, es grande como para ocultar a una persona mayor. Nadie sospecharía pues ¿Cómo iban a sospechar de que la Virgen iba a estar oculta en la famosa iglesia del Cristo del Gran Poder? Según hablaron allí hay una puerta secreta y tras ella, la habitación. El sacerdote tiene acceso a las dos iglesias y con ayuda de unos cuantos matones de la señora de los zapatos bonitos sacarían la talla y la meterían en una furgoneta propiedad de la iglesia. Ahora la Virgen está en la Basílica del Cristo del Gran Poder en una habitación secreta. Además, todo lo grabé con el móvil de mi amigo. Espero que él no lo haya borrado.
La policía y los guardias civiles se quedaron fríos con la historia. Quedaba una hora para la salida de la procesión. Era impresionante el fervor de los sevillanos, pues habían montado la procesión esperando un milagro de última hora.
Las fuerzas del estado arrestaron a Don Ignacio, lo obligaron a enseñarles el lugar secreto. La sorpresa fue espectacular. Quedaban solo veinte minutos para que saliera la procesión. La Virgen iba en un camión blindado hacia su basílica. Rápidamente se alertó a las camareras de la Virgen que dispusieran las flores y las velas y el mejor manto porque la Esperanza Macarena salía esa noche. Los fervorosos fieles lloraban a lágrima tendida cuando a las 12 en punto de la noche, en el sopor de la madrugada mágica andaluza, cien soldados romanos escoltaban a la Virgen. Una preciosa saeta cantada desde un balcón hizo llorar a más de una persona, y un silencio seplucral quedó sumergido en el precioso canto ancestral.