Al día siguiente el abuelo le dijo a Abril que irían a pasar unos días al fundo de un viejo amigo suyo llamado Vicente. El abuelo y Don Vicente se habían conocido siendo muy jóvenes, cuando éste le ayudó a instalar una bomba de agua en el fundo. De esta manera fueron los primeros en la zona que contaron con agua potable, aprovechando incluso al máximo el río que fluía a pocos metros del lugar. El fundo se llamaba Guadalajara y era un amplio terreno lleno de árboles frutales. Los costados del camino de entrada estaban cubiertos de árboles de pomarrosa, las cuales con su aroma a rosas lo perfumaban todo. Al lado derecho de la casa se ubicaban los troncos de naranjos, los limoneros, las toronjas y los ciruelos. En la parte trasera, detrás del horno de barro estaban las tasharinas o mandarinas, los paltos y los mangos, además del galpón de las gallinas y el corral de los cerdos. Aunque era muy frecuente ver a los pollitos y patos caminar libremente por todo el fundo sin temor a que se pierdan o les pasen algo. Al frente de la casa estaban los troncos de cocos.
–Los pusimos ahí para evitar que el río se desborde cuando aumenta su caudal producto de las lluvias– comentó Don Vicente. Sobre todo en los meses de diciembre a febrero o hasta la quincena de marzo.–¿Cuál es el nombre del río Don Vicente?– preguntó Abril– Es el Huallaga– le respondió– En temporada baja, que es en los meses de verano se vuelve manso, es decir este gran río, como lo ves ahora, se convierte en una pequeña franja de agua, dejando a sus costados una enorme playa de arena blanca. Pero vamos para que lo veas por ti misma.
Se aproximaron al lugar desde donde divisaron el río. Abril lo había visto desde la ventana del auto y le pareció que sus aguas fluían con una tranquilidad única. Pero ahora que lo tenía en frente de ella comprobó lo estruendoso y caudaloso que era.
–Sí que ha llovido fuerte estos días– comentó el abuelo– Cuando las aguas están crecidas son capaces de arrastrar árboles enteros, piedras e incluso animales. La furia del río puede ser mortal. En ocasiones ha inundado pueblos y chacras destruyéndolo todo a su paso.
Abril observó como entre las aguas se formaban pequeños remolinos. El abuelo antes que ella preguntara le comentó que eran las muyunas.
– A simple vista parecen pequeños– comentó el abuelo– Pero la parte que no se ve, es decir la que está debajo de la superficie del agua, pueden ser enormes y son capaces de sucionar canoas o botes completos.
Don Vicente escuchaba atentamente la explicación.
–Estas muyunas se forman– prosiguió el abuelo– cuando el agua golpea las piedras que están en el fondo y éstas a su vez forman los remolinos. Los que ves cerca de la orilla son los más inofensivos, pero aquéllos que aparecen repentinamente en el centro, ésos sí son de tener cuidado. Muchas embarcaciones han naufragado por culpa de ellas.– Dicen que la Yacumama las provoca– comentó Don Vicente.–Éso dicen– agregó el abuelo sonriendo con sus ojos achinados.
En ese preciso momento se escuchó el ruido de un motor.
–Es Don Darío que lleva gente de un lado a otro en su peke peke– habló Don Vicente. Luego le señaló la parte alta del cerro que estaba a oscuras.–Observa esas nubes que vienen cargadas de lluvia. Muchas veces la gente se emociona al verlas porque sus cultivos necesitan del agua que traen, pero el viento se encarga de llevarlas a otro lado.
Acá en la selva puede llover torrencialmente por horas e incluso días. En otras ocasiones llueve pero no dura ni media hora. A ese tipo de lluvia se conoce como lluvia loca y una vez que pasa el calor se vuelve más insoportable.
Permanecieron en silencio. Luego don Vicente agregó: –Bueno, vamos a que acomoden sus cosas dentro de la casa.
–Danos un ratito más compadre, que ahora vamos– respondió el abuelo.
Don Vicente asintió con la cabeza y se dirigió hacia la casa.
El abuelo sacó un papel doblado y leyó en voz alta:
Percibo la voz del río, su respiración de agua remota.
Invoco el sonido de la selva
Me responde el canto de las chicharras que acompañan el fluir silente del gran río.
Sus aguas invaden la tierra y con ojos límpidos acarician el suelo de mis ancestros.
Luego le dio una larga pitada a su cigarro y exhaló una gran bocanada de humo. Abril lo quedó mirando con el rostro serio. No le gustaba que el abuelo fumara.
–Es para ahuyentar a los mosquitos– se excusó tímidamente. Después le hizo un gesto para que volvieran a la casa para acomodar las cosas y luego comer algo.
Pasaron por medio del patio donde unos peones acomodaban unos trozos de leña.
Abril fue por su mochila y la dejó en la habitación que le asignaron.
Después de una amena cena, Don Vicente ordenó prender la fogata. Una vez lista invitó a todos los presentes a que se acomodaran alrededor de ella. Por un buen rato estuvieron bromeándose, contándose divertidas anécdotas. Hasta que el sonido de un silbido distrajo la conversación. Era un silbido agudo y tristón que motivó a las mujeres a persignarse. A los pocos segundos se volvió a escuchar el silbido fin... fin... fin… en medio de la oscuridad.
–Es el tunchi– dijo el abuelo.–¿Y qué es el tunchi? ¿Un pájaro que canta en la oscuridad?– preguntó ingenuamente Abril.–Es el demonio de la selva– se adelantó en responder la abuela.–Vas a asustar a la pequeña– le reprochó el abuelo.– No, prometo no asustarme. Quiero saber quién es– suplicó Abril.– Bueno la más indicada para hablarnos sobre él es la abuela– comentó el abuelo.
La abuela permaneció en silencio durante unos minutos. Y empezó su historia.
La grand-mère ne dit rien pendant quelques instants. Puis elle commença son histoire.
–El tunchí, es un alma en pena que deambula libremente por la selva. Es el espíritu de los muertos que le gusta asustar a los vivos. Los que lo han visto en las noches dicen que tiene la forma de un murciélago y lo que lo caracteriza es su fuerte silbido.
– Le Tunchi est une âme en peine qui déambule librement dans la forêt. C'est l'esprit des morts que aime effrayer les vivants. Ceux qui l'ont vu dans la nuit disent qu'il a la forme d'une chauve-souris et que ce sifflement le caractérise.
Fin... fin... fin… se escuchó otra vez.
Fin... fin...fin.. entendit-on une fois de plus.
Dicen que es el alma de un hombre atribulado. Se acerca lentamente a sus víctimas sin emitir sonido alguno y, cuando ya está cerca de ellos silba anunciándoles la muerte. Su silbido es capaz de perseguir al que lo escucha, quien asustado se interna sin saberlo, aún más en la selva. Mi compadre Vladimir casi se muere cuando se encontró con uno. Felizmente lograron quitarle el susto cuando lo sopló el viejo Fermín.
On dit que c'est l'âme d'un homme tourmenté. Il s'approche lentement de ses victimes sans aucun bruit, et lorsqu'il est tout près d'elles il siffle pour annoncer leur mort. Son sifflement est capable de poursuivre celui qui l'entend, et celui-ci est tellement apeuré qu'il s'enfonce encore plus dans la forêt. Mon ami Vladimir a failli mourir lorsqu'il l'a rencontré. Heureusement que sa peur est partie lorsque quand le vieux Fermín a soufflé dessus.
–Explícame eso abuela… ¿Cómo que lo sopló?– preguntó Abril.–Don Fermín es un viejito que se gana la vida quitando el susto a las personas, soplándoles el humo de los mapachos1. Primero los pulsa para saber qué problema tienen susto, nervios u otra cosa. Después les canta un rezo dándoles suaves golpes en la cabeza. Finalmente los sopla en distintas partes del cuerpo. Este tratamiento se hace durante tres noches seguidas.–Pero ¿Exactamente qué fue lo que pasó con su compadre?– preguntó Don Vicente.–Mi compadre tenía siempre la costumbre de madrugar. Todos los días se levantaba a las 5 de la mañana. Pero cuando debía comprar maíz en otros pueblos o caseríos se despertaba una hora antes.–Esa madrugada, como en otras ocasiones fue en búsqueda de su caballo. Para llegar al sitio donde pasaban la noche las acémilas y el ganado se tiene que atravesar el cementerio. Éste estaba ubicado en la parte alta del pueblo. El camino que se debe cruzar da la impresión de ser un túnel, ya que las ramas y enredaderas forman un arco natural y la poca luz que ingresa acentúa aún más lo misterioso del sitio– comentó la abuela. Cuando mi compadre se preparó para abrir la tranca, no pudo hacerlo. Intentó una y otra vez y la madera no cedía ni un solo centímetro. Lo hizo con más fuerza y no logró moverla y vencido se sentó en el suelo sin entender que es lo que pasaba en realidad. Decidió intentarlo nuevamente y al hacerlo vio que una mano blanca se lo impedía. Alzó la mirada y se encontró con unos ojos rojos carmesí. Un aire frío le erizó la piel. Sintió que sus piernas le pesaban y el sonido de un silbido hizo que se cayera al piso. El pobre hombre se quedó tieso en el suelo, aguantando la respiración con los ojos cerrados. Los abrió despacio, buscando mirar hacia otra parte y creyendo que era parte de una mala broma. Hasta que al fin logró torcer la cabeza y vio a dos bultos blancos acercándose hacia él. El miedo lo paralizó por completo. Sintió que lo cogían del hombro y lo sacudían con fuerza. Empezó a convulsionar y botar espuma por la boca.–Don Vladimir, qué le pasa– le dijo una voz joven. –Eran los hijos de Don Gastón, un viejo amigo de mi compadre. Los jóvenes se dirigían a su chacra que quedaba a unas dos horas del pueblo, al verlo en ese estado corrieron a ayudarlo. Una vez que se calmó se lo llevaron cargando a su casa. Al llegar le dieron de beber agua de uazahar.–¡Tome ésto Don Vladimir! – Le dijeron.– ¡Tómelo! Le hará bien. Es agua de azahar. Sé que está asustado por eso tiembla mucho. Con ésto se le bajará el miedo.
Don Vladimir obedeció y luego se durmió profundamente. Al despertar estaba mareado y no sabía exactamente qué fue lo que le había pasado. Ahí fue donde su mujer le contó todo lo sucedido, le dijo también de no ser por los hijos de Gastón en este momento quizás estaría muerto.
Don Vladimir obéit et s'endormit ensuite profondément. Á son réveil il avait la nausée et ne savait plus très bien ce qui s'était passé. C'est alors que sa femme lui raconta ce qui était arrivé, et lui dit aussi que sans les fils de Gastón il serait mort à l'heure qu'il est.
Durante un buen tiempo estuvo enfermo. Todo le asustaba. Ya no quería ir en busca de sus caballos, tampoco ir a la chacra hasta que me lo contó y le recomendé que fuera a ver al viejo Fermín quien lo curó por completo.
Il fut malade pendant un bon moment. Il avait peur de tout. Il ne voulait plus aller chercher ses chevaux ni aller à la ferme. Jusqu'à ce qu'il me raconte tout et que je lui dise d'aller voir le vieux Fermín qui le guérit complètement.
–Lo del tunchi no es mentira– dijo la abuela. Así que dejen de burlarse que en cualquier momento los puede jalar.
Permanecieron en silencio viéndose las caras por unos momentos. La candela de la fogata se consumía lentamente. El abuelo la atizó para que no se apague y le pidió a Segundo que contara aquella vez que se perdió en el monte y se encontró con el Chullachaqui2.
Segundo era un joven peón que trabajaba en el fundo desde hace muchos años. Su madre lo dejó a cargo del cuidado de Don Vicente porque era pobre y no tenían con que alimentarlo y mucho menos educarlo.
–Será un buen peón– le dijo la madre.
Don Vicente aceptó no sin antes pedirle otro favor.
Como la madre de Segundo estaba muy enferma y le quedaba poco tiempo de vida le pidió que por favor se llevará el gorro azul que tanto le gustaba a su hermano: –No le vaya a estar haciendo falta por allá.
– Así le dije y ella inocentemente lo recibió– confesó Don Vicente– al morir fueron enterrados juntos.
Luego soltó una gran carcajada que contagió a todo los presentes. Cuando se calmaron las risas el abuelo dijo ahora sí oigamos la historia de Segundo. Segundo bebió un poco de aguardiente y comenzó el relato.
–Era mediodía y mi tío me invitó a ir de cacería al monte. Su intención era ayudarme a sobreponerme tras la muerte de mi madre.
Me dijo que íbamos a ir cazar algún ronsoco, o tal vez un majaz, o cualquier animal que se pueda comer. Por supuesto que la idea me entusiasmó y acepté. Pero antes de salir me previno:
–No te adentres demasiado en la selva, puede ser peligroso. Debemos ser cautelosos al andar. Si en caso llegamos a separarnos, recuerda que debes caminar en dirección al río y seguir su cauce hasta llegar a una aldea o caserío.
Así que hicimos todo los preparativos para nuestra faena. Salimos del fundo a las nueve de la mañana. Atravesamos el Huallaga en una pequeña balsa sin ningún contratiempo. El sol calentaba con mucha fuerza y me dio ganas de nadar un rato. Al llegar al otro lado del río mi tío propuso que esperaramos agazapados en medio de los árboles cerca de la ribera. Permanecimos en silencio por un corto tiempo.
De pronto una manada de aproximadamente treinta ronsocos, apareció por un costado del río. Se movían despacio ya que son animales lentos en tierra pero en el agua son ágiles nadadores. Mi tío me hizo una señal de que debíamos esperar el momento oportuno para atacar. Cuando todo estaba listo para realizar la caza, un grito potente y ronco les advirtió del peligro. Inmediatamente la manada se puso a salvo dentro de las aguas del río. Los ronsocos tienen la capacidad de permanecer entre cinco a diez minutos sumergidos completamente en el agua salvo las orejas, los orificios nasales y los ojos. Al ver que los ronsocos no salían del agua decidimos ir a otra zona. Caminamos por un rato sin cruzarnos con ningún animal que llamara nuestra atención. Nos detuvimos a descansar y trazar una nueva ruta de caza.
Repentinamente el cielo se cubrió de unas nubes oscuras y un fuerte aguacero empezó a caer. Decidimos ponernos a buen recaudo y esperar a que pasara la lluvia. Entonces mi tío me dijo que lo esperase. Y que por nada del mundo me moviera de allí. Lo esperé sentado bajo la lluvia hasta que pasó una hora aproximadamente y no había ningún rastro de él. Poco a poco me fui impacientando hasta que decidí levantarme e ir en su búsqueda. Sin darme cuenta pisé en falso y resbalé por una pendiente. Me incorporé con un poco de dolor, los brazos me ardían. La caída me había ocasionado raspones en los brazos y en las piernas. Empecé a llamar a mi tío con todas mis fuerzas pero solo se escuchaba el rumor de la lluvia y el eco de mi voz.
Continúe caminando completamente desorientado. De pronto recordé la advertencia de mi tío y me traté de orientarme en dirección del río. Al no encontrarlo decidí buscar refugio, puesto que la noche no tardaría en llegar y había de estar prevenido ante el posible ataque de una serpiente o de algún otro animal. Encontré un árbol que podría servirme de guarida durante la noche. Lo trepé con suma facilidad y me acomodé en una de sus ramas. Al poco rato me quedé dormido. Unos picotazos me despertaron. Era mi tío quien me hacía señas para bajar del árbol. Caminó delante de mí lo cual llamó mi atención, ya que no me dijo absolutamente nada por haberlo desobedecido. Lo seguí y noté algo extraño en su caminar. Mi tío cojeaba de una pierna, pero lo más asombroso fue que dejaba un rastro borroso en la tierra fangosa. Era como si no tuviera dedos, además de que una de sus huellas era más pequeña que la otra.
Me detuve en seco y le increpé: – Tú no eres mi tío. Habla quién eres.
El hombre esbozó una sonrisa que me asustó.
–Eres el Chullachaqui– le grité tratando de ocultar mi miedo.
El hombre soltó una risa que me estremeció por completo.
Me armé de valor y lo empuje fuerte que hice que trastabillara. Me alejé corriendo lo más rápido que pude. En mi alocada carrera sentí con total claridad que me jalaba de las orejas y del pelo y que me golpeaba la cabeza con un palo. Luego, sin darme cuenta tropecé con una raíz y caí dándome un fuerte golpe en la barriga. Me retorcí de dolor, por un momento pensé que me había roto un brazo o una costilla. Les juro que tuve mucho miedo y temí lo peor. Así que empecé a llorar pensando en mi madre. El Chullachaqui se acercó lentamente y me cogió por el pelo y cuando estaba a punto de decirme algo el sonido de un disparo lo ahuyentó. Me quedé arrodillado completamente adolorido y asustado.
Je pris mon courage et le poussai tellement fort que j'en vacillai. Je m'éloignai en courant le plus vite possible Dans ma course folle je sentis très bien qu'il me tirait les oreilles et les cheveux et qu'il frappait ma tête avec un bâton. Puis je heurtai une racine que je n'avais pas vue et tombai en prenant un coup dans le ventre. Je me tordis de douleur un moment en pensant m'être cassé un bras ou une côte. J'eus très peur et craignis vraiment le pire. Et j'ai commencé à pleurer en pensant à ma mère. Le Chullachaqui s'approcha lentement, me prit par les cheveux et lorsqu'il fut sur le point de me parler, le bruit d'un coup de fusil le fit fuir. Je restai à genoux, perclus de douleurs et apeuré.
–¿Qué pasó sobrino?– me dijo mi tío. Al verlo lo abracé con todas mis fuerzas y me puse a llorar.
Mi tío comprendió lo que pasaba. Esperó a que me calmara y luego me trajo de regreso al fundo. Dormí toda la noche. Al despertarme me asusté, porque no sabía donde estaba. Fue Don Vicente quien me calmó y me contó que mi tío me había traído cargado en su espalda. Estaba lleno de raspones, mojado y tiritando de frío. Al colocarme en la hamaca perdí la noción de todo.
–¿Quiere decir qué conociste al Chullachaqui?– preguntó Abril. Y ¿Cómo es?– Es un diablo que cambia de forma según la ocasión. Tiene las orejas puntiagudas y los dientes deformes así como si pie izquierdo que es de cabra, debido a eso cojea.
Aunque él muy astutamente procura ocultarlo siempre. Algunos dicen que huele a chivo pero yo no percibí ese olor o quizás fue por la lluvia.
–Algunos– intervino el abuelo– Pierden la razón y se quedan medio locos o atontados después de cruzarse con él. Pero en el caso de Segundo como es un muchacho recio no le pasó nada. –Yo creo que fue mi madrecita quien me protegió– dijo Segundo.–Así como ésa hay muchas historias más– comentó Don Vicente. Algunos que han sido victimas o raptados por el Chullachaqui nunca más se ha vuelto a saber nada más de ellos. Pero esta noche no hay nada de que preocuparse ya que estás bien protegida. Ese diablillo solo aparece cuando se está solo.–Así es– dijo el abuelo– Bueno creo que es hora de que vayas a dormir.–Pero no tengo sueño– respondió Abril.–Obedece al abuelo– le dijo su padre.
Abril se desperezó y se despidió dando las buenas noches a todos.
Alrededor de la media noche Abril sintió que alguien le jalaba las sábanas. Los recogió y se cubrió ya que la ligera llovizna de hace un rato traía un airecillo frío y volvió a dormirse. Al rato sintió que nuevamente alguien jalaba las sábanas y le hacía cosquillas en los pies. Fastidiada se levantó y fue a tomar un poco de agua de la tinaja. El agua estaba fresca. Cuando se disponía a regresar al cuarto escuchó que alguien se reía. Su curiosidad pudo más que el sueño y empezó a buscar de dónde provenía la risa.
Salió del cuarto, cruzó la sala y llegó a la puerta principal. La risa sonaba con mayor fuerza y esta vez se escuchaba con mayor nitidez. Atravesó el patio donde hace unas horas el fuego de la fogata iluminaba todo el lugar. Una pequeña fumarola de humo se elevaba de entre las cenizas. Poco a poco se fue alejando de la casa. Abril tuvo la impresión de que la risa susurraba su nombre y que el viento la hacía flotar. Cuando se hubo apagado la risa, Abril se detuvo y sintió miedo porque no sabía dónde estaba.
–Ven niña, no tengas miedo de nosotros. Sigue mi voz Abril– le dijo.
Abril dudó por un instante si hacerle caso o quedarse en el mismo lugar.
–La luna y las estrellas celebran tu llegada– le habló la voz.–¿Y cómo sabes mi nombre?– preguntó. ¿Acaso me conoces?– Sí– le respondió con total seguridad.–Pero déjame verte, y tú ¿Cómo te llamas? –Los hombres me llaman Sacharuna. A veces puedo ser un árbol, otras soy el viento. En ocasiones me convierto en río, roca, lluvia. Soy uno y muchas cosas más. Soy el guardián protector de la selva. Pero no soy el único, mis hermanos me ayudan en este ardua tarea. Abril insistió en que apareciera. A lo que le respondió.–Te vengo acompañando toda la noche. Fui yo quien te jaló las sábanas, discúlpame si te desperté, no fue mi intención. En este momento estoy a tu lado.–Pero no puedo verte– respondió Abril. Quiero conocerte.–Pues mira hacia tus pies. Estoy justo debajo de ti.
Abril agachó la mirada y vio a un pequeño duende que le sonreía.
–Acompáñame por favor– le propuso. Quiero que conozcas a mis hermanos. Hace mucho que esperan por ti.
El duende le cogió de la mano y la condujo por un camino que se abría a cada paso que daban.
Era un camino lleno de flores, orquídeas coloridas y olorosas.
–¿Puedo llamarte Sacha?– preguntó Abril.
–¿Dónde estamos? preguntó Abril.–Frente al árbol de la Lupuna– le dijo. El árbol más grande de toda la selva. Acércate para que lo conozcas mejor.
Abril obedeció y observó que del interior del árbol aparecían otros duendes semejantes a Sacha. Algunos portaban antorchas de fuego, otros bailaban alegremente al ritmo de los tambores.
–Son mis hermanos– le dijo Sacha. Ofrecen una danza a la Lupuna madre en tu honor y le anuncian tu llegada.
Abril observó atentamente la danza y escuchó que entonaban una canción.
–Están cantando– se sorprendió.– Así es– le dijo– Elevan una canción pidiéndole al gran árbol que te permita ingresar a nuestro mundo mágico lleno de seres y criaturas enigmáticas y mágicas al mismo tiempo.
Los tambores dejaron de sonar y un grito eufórico de los duendecillos indicaba que Abril era bienvenida.
–Pero debes saber una cosa– prosiguió Sacha– Conocerás a los espíritus y criaturas que viven en la selva, pero también se te revelará todo el daño que nos han causado los de tu especie. Ésa es la única condición de la Lupuna.
Abril aceptó. Luego la condujeron al interior del gran árbol.
Después de unos minutos salió vestida con una túnica blanca y una corona de flores amarillas en su cabeza.
–Bebe– le dijo Sacha ofreciéndole un pate que contenía un líquido rojo.–¿Qué es?–preguntó Abril. –Es una bebida mágica que te permitirá ver cosas que el hombre común y corriente, no puede hacerlo.
Abril bebió el líquido sin dudarlo. El sabor le pareció familiar pero no recordaba el nombre de la fruta.
Luego los duendecillos formaron un círculo alrededor del fuego y se sentaron sobre un tronco caído. Otros lo hicieron en el suelo o sobre el pasto.
–Hay muchas cosas que dicen de nosotros, los espíritus de la selva– habló Sacha– Que somos hijos del demonio, que nos robamos a los niños y extraviamos a la gente, etc. Pero es falso todo aquello. Lo que hacemos tiene un propósito: Cuidar y proteger la selva.
Lentamente se acercó al grupo un diminuto hombre que cojeaba de una pierna. Abril se acordó de lo que Segundo había contado hace unas horas mientras estaban sentados en el patio, pero prefirió guardar silencio. El hombrecillo saludó cordialmente a todos.
–Buenas noches hermanos– dijo– disculpen mi retraso. Comprenderán que, aunque quisiera, no puedo caminar más rápido. Y se sentó.–No te preocupes hermano– le respondió Sacha. Siéntate y ponte cómodo. Esta noche tenemos una invitada de honor.
Sacha le pidió a Abril que se pusiera de pie para que el recién llegado la viera. Abril obedeció y le hizo una venía con la cabeza. Todos los presentes empezaron a murmurar entre ellos. El hombrecillo levantó la mano y pidió silencio. Una vez que todos estuvieron callados empezó a hablar:
–Soy el Chullachaqui– exclamó. Seguramente has escuchado hablar de mí.– Sí – respondió Abril. Hace unas horas me contaron algunas cosas sobre ti.–Las cosas que te han dicho o dicen sobre mí son completamente ciertas – lo dijo en un tono serio el Chullachaqui.
Todos se asombraron ante tal confesión y miraron a Sacha quien les ordenó con la mirada guardar silencio.
–Soy un bromista, me gusta jugarles bromas a los viajeros, les jalo de los cabellos, de las orejas, y mi risa los asusta. Algunas veces reconozco que se me ha pasado la mano y los he desviado a muchos de sus caminos, pero siempre teniendo cuidado de que puedan ubicarse y regresar a sus casas.
La gente me tiene miedo y me acusan de tomar la forma de sus seres queridos y extraviarlos en medio de la selva. Pero lo que ellos no dicen es la razón por la que hago esas cosas.
–¿Y cuál es la razón?– preguntó intrigada Abril.– La razón es que todos los animales del monte, de la selva tienen derecho a la vida. Nadie puede tomar más de lo que necesita, ése es un principio que rige la armonía de todo este lugar. Si tomas más de lo debido se rompe el equilibrio pero los humanos no entienden de esto.
Ellos siempre quieren más. Son demasiado codiciosos y egoístas. Solo piensan en su propia satisfacción. Ante esta situación me veo en la necesidad de intervenir haciendo que se pierdan, los asusto o simplemente ahuyento a los animales para que puedan escapar.
Ils veulent toujours plus. Ils sont trop avides et égoïstes et ne pensent qu'à leur propre satisfaction. Face à cette situation, je suis obligé d'intervenir en les perdant dans la forêt, je les effraie ou je fais fuir les animaux pour qu'ils puissent s'échapper.
–Ahora entiendo– dijo Abril– y en el caso de Segundo porque te lo llevaste.–Yo no le hice nada– respondió el Chullachaqui– él se resbaló y cayó sobre mí interrumpiendo mi siesta. Lo cual me molestó mucho por lo que decidí jugarle una broma.
En cambio su tío, un experto cazador, siempre ha logrado eludirme. El es un tipo que no se contenta con un solo animal, siempre quiere cazar de tres a cuatro, sin importar el tamaño. Ese día que me los crucé cerca del río, cuando estaban a punto de cazar a esa manada de ronsocos tuve que intervenir.
Par contre son oncle est un excellent chasseur qui a toujours réussi à m'échapper. Il ne se contente pas d'un seul animal, il en veut toujours trois ou quatre, peu importe leur taille. Le jour où je les ai croisés près de la rivière, lorsqu'il étaient sur le point de chasser le troupeau de cabiais, j'ai du intervenir.
Y lo que estaba a punto de decirle aquella vez que lo tomé de los brazos era que esos animales están a punto de desaparecer.
Et lorsque je l'ai pris dans mes bras ce jour-là, c'était pour lui dire que ces animaux-là sont sur le point de disparaître.
–Es decir se están extinguiendo– comentó Abril.–Así es– continuó hablando– Esa manada es una de las últimas que habitan en estos territorios por lo que necesita ser cuidada. Además no están en edad de ser cazados. Todo aquí tiene un tiempo hasta eso se debe respetar.–Ahora lo entiendo– le dijo Abril– Tu intención era darle una lección.–Exacto– respondió el Chullachaqui con una gran sonrisa en los labios. Solo que creo que lo asusté demasiado.–Los humanos no solo hacen eso– intervino Sacha– sino que talan sin control los árboles, destruyen y secan los ríos. Y cuando ocurre una desgracia ya sea por las fuertes lluvias le culpan de todo a la naturaleza.
Un sonido entre los arbusto acaparó la atención de todos.
–¿Quién es ella?– preguntó Abril.–Es nuestra hermana– respondió Sacha invitándola a que se acerque al centro. Ella se negó y bajó la cabeza como si estuviera avergonzada por algo.–¿Qué le sucede? ¿Por qué no viene?– volvió a preguntar Abril.–No lo sé– respondió Sacha. –Es que me avergüenzo de mi misma– Respondió.
Abril se levantó y se acercó al sitio donde estaba la mujer. Ésta la previno.
–No te acerques más por favor– le dijo en un tono suplicante. No quiero que te asustes con mi aspecto.–¿Y por qué habría de hacerlo?–Es que soy una mujer maldita. Bueno éso dicen los hombres.
Abril la miró detenidamente. Sus ojos carmesí brillaban con total claridad bajo la luna. La siguió observando y se percató que tenía el aspecto de un centauro.
–¿Y cómo te llamas?– preguntó. –Me llaman la Runamula3. Soy mitad mujer y mitad mula y en noches como éstas, donde la luna ilumina completamente el cielo me gusta salir a pasear sin que nadie me moleste. Ahora que lo pienso bien, hace mucho que no conversaba con una humana. Me siento bien, extrañaba esa sensación de calma, de paz.
Abril sonrió y acercó su mano al rostro de la mujer. La acarició suavemente. Tenía la tez limpia y suave.
–Eres hermosa– comentó Abril ocasionando que la mujer se sonrojara por completo. Y luego con una voz suave le preguntó: –¿Y cuál es tu maldición? –Los humanos dicen que…– Intervino Sacha.–Dicen que engañé a mi esposo con otro hombre– lo interrumpió– Pero eso es mentira. Yo lo amaba hasta el punto de sacrificarme por él.–Pero si dices que lo amabas ¿Entonces qué pasó?–Fui engañada por un malvado brujo. Ven sentémonos alrededor del fuego para que escuches mi historia.
Se tomaron de la mano y caminaron en dirección al centro.
–Hace mucho tiempo, cuando yo era una joven y hermosa doncella conocí a un joven apuesto. Nos enamoramos y luego con el pasar de los meses decidimos casarnos.
Todo era felicidad. Él trabajaba en el campo y yo me encargaba de los quehaceres del hogar. Pero un día regresó de la chacra con el rostro pálido. Me dijo que se sentía mal y se recostó en la cama. Durante varios días estuvo con fiebres altas, vómitos y escalofríos. Los médicos nunca me dijeron qué es lo que tenía. Así que en mi desesperación decidí seguir el consejo de una vecina y fui en búsqueda de un curandero. Me hizo dietar por una semana y le dio de beber unas plantas a mi esposo. A la semana de iniciado el tratamiento los resultados fueron óptimos, mi esposo se curó y al parecer todo volvía a la normalidad. Cierta mañana mi esposo me dijo que tenía que ir a la ciudad a ver unos asuntos y a su regreso quería proponerme algo especial. Ni bien salió de la casa el curandero llegó a cobrarme lo del tratamiento. Le expliqué que cuando mi esposo regrese le cancelaríamos todo, sin embargo el no aceptó. Necesitaba con urgencia el dinero o de lo contrario yo pagaría las consecuencias.
–Ya le dije maestro, apenas mi esposo regrese le pagaremos.– Necesito el dinero ahora– insistió. No me hagas perder mi tiempo. Tengo muchas cuentas que saldar y las sombras no esperan.–No tengo miedo de tus amenazas– le dije firmemente.
El brujo retrocedió unos pasos y empezó a pronunciar unas palabras que no entendí. Después me señaló con el dedo y dijo: –Te maldigo mujer. Serás temida y rechazada por los humanos y nunca más tendrás paz.
Cuando hubo terminado de hablar desapareció con el viento de la tarde.
–No le di importancia– continuó con su relato– Los días pasaron con total normalidad. La tarde que debía regresar mi esposo me fui al río a darme un baño. Eran casi las seis y él no tardaría en llegar. Corría un aire fresco. Al llegar el río una luna grande iluminaba el cielo. Me pareció extraño que anocheciera tan pronto. Así que sumergí mis pies en el agua y caminé hasta el centro, luego me zambullí. Después todo cambió y me convertí en lo que ahora soy.
Al ver mi reflejo en el agua, me asusté y corrí por todo el pueblo. La gente al verme me atacó con palos y piedras. Me dirigí a mi casa en busca de mi esposo pero al llegar lo encontré llorando y maldiciendo mi nombre. No me atreví a entrar. El malvado brujo le hizo creer que había escapado con otro hombre y que no lo amaba. Mi esposo me maldijo con todas sus fuerzas y con lágrimas en los ojos juró que me mataría si es que alguna vez me encontraba. Para no ser objeto de burlas esa misma noche cogió sus cosas y se fue del pueblo. Horas más tarde, después de calmarme y maldecir mi suerte ingresé a la casa y encontré un ropón de bebé tirado en el suelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y la voz se le entrecortó. Todos la escuchaban con atención y se compadecieron de ella.
–Lo único que atiné hacer, fue salir corriendo como loca, por todo el pueblo llorando de rabia y gritando de dolor. Nunca más lo volví a ver ni tampoco supe que fue de su vida. Solo espero que me haya perdonado por lo que hice.–Pero si tú no hiciste nada malo– le dijo Abril. Solo trataste de ayudarlo.–Eso lo sabemos tú y yo– respondió– pero él no.
Desde ese día fatídico la gente se asusta al verme y rehúye cualquier tipo de contacto conmigo. Dicen también que en las noches atormento a las personas con el sonido de mi galope alocado y que mis ojos rojos los puede convertir en piedra y que echó fuego por la boca. La gente tiene miedo de invocar mi nombre por que creen que soy un demonio.
Depuis ce jour fatidique les gens me craignent et refusent toute forme de contact avec moi. On dit que les nuits le bruit de mon galop endiablé tourmente les gens, que mes yeux rouges peuvent les transformer en pierre, et que je crache du feu. Les gens ont peur d'invoquer mon nom et croient que je suis un démon.
–Pero la gente no debería temerte si no conocen tu historia– comentó Abril. Es malo hacerse prejuicios de las persona sin antes conocerlas.–Tienes razón pequeña– respondió– pero la mayoría de los humanos son crueles con nosotros los seres mágicos de la selva; mas tú eres la excepción. El gran árbol ha visto que hay paz y bondad en tu interior por eso estás aquí con nosotros, sin embargo no dejo de pensar en que si nos hubiésemos conocido en otras circunstancias tú también nos temerías y por ende nos rechazarías.
Abril sonrió tímidamente y no supo qué responder.
–No te preocupes– intervino Sacha– Estoy seguro que tú no actuarías de esa manera.–Perdóname– le dijo– No fue mi intención incomodarte.
Abril sonrió dándole a entender que no había de qué preocuparse.
De pronto la silueta de un hombre apareció de entre los matorrales. Saludó con una venia a los presentes y dijo: –Nada se compara con el dolor y sufrimiento que puede provocar una maldición de amor.
Se frotó las manos para calentarse un poco y luego agregó:
–Yo también soy víctima del destino cruel por haber amado ha alguien que me traicionó. Alguien que no supo mantener ni respetar una promesa.–¿Cómo has estado Suri?– le saludó Sacha.–Bien. Sin ninguna novedad.–¿Tu nombre es Suri?– preguntó Abril– te llamas como el gusano que se come la gente.–Así es, mi nombre es Suri– afirmó– Y dime ¿Cómo te gustan? ¿Fritos o a la parrilla?–Creo que a la parrilla– dijo soltando una pícara sonrisa que causó mucha gracia en todos. Una vez que dejaron de bromear con el nombre del recién llegado, Suri pidió silencio para contar su historia.
–Hubo un tiempo en el que yo también amé con gran pasión. Amé a una mujer con todo mi corazón y mis fuerzas. Pero no supo mantener su promesa y se dejó influenciar por los comentarios de su madre y sus hermanos. –Nuestra hermana sufre a causa del maleficio que la transformó en un ser maldito, en cambio yo por amor quise convertirme en uno de ustedes. Fui un iluso. Bastó una sola una mirada para enamorarme perdidamente de ella. La vi una tarde paseando cerca del aguajal donde vivo. Tarareaba una canción y de vez en cuando se agachaba para recoger los aguajes regados en el suelo. Era muy hermosa. Entonces al caer la noche me armé de valor y fui en búsqueda de los grandes espíritus y les expliqué mi situación. Al principio se opusieron diciendo que eso iba en contra de las leyes naturales, además porque nadie en su juicio sano pediría una cosa semejante. Pero mi deseo de amar fue tan poderoso que insistí y les imploré que por favor por favor me concedieran el deseo de convertirme en humano. Ellos al ver mi determinación me concedieron el deseo pero con una condición. La mujer que amaba debía pasar una sencilla prueba que consistía en alimentarme durante siete días y recién al octavo me convertiría en un verdadero humano. Emocionado tomé mi forma humana y la cortejé hasta que aceptara ser mi esposa. Antes de vivir juntos, le dije que tenía que terminar un trabajo en el aguajal y que todos los días, a la misma hora, debía de llevarme mis alimentos y anunciarme su llegada.–Por nada del mundo debes llegar sin avisar– le dije.
La mujer obedeció sin preguntar nada.
Los primeros seis días cumplió correctamente su tarea.
Hasta que sus familiares le dijeron: –¿Por qué debes advertirle de tu llegada? ¿Acaso no eres su esposa? o ¿Es que el hombre te oculta algo? Anda no tengas miedo y llega sin avisar.
–Pero madre, hermanos, él me pidió que siempre debo advertirle de mi llegada– les dijo la mujer. Como esposa debo obedecer a mi esposo.–Entonces ese hombre te engaña– le respondieron.
La mujer entró en duda y al séptimo día desobedeció mis indicaciones rompiendo su promesa. Se presentó sin anunciarse. Grande fue su sorpresa al ver que mi verdadera forma era la de un gusano.
–¡No!– grité– ¡Qué has hecho mujer! Me has traicionado, ahora no podremos vivir juntos.–La mujer me suplicó que la perdonara pero fue en vano al verme descubierto huí a refugiarme en la copa de la palmera más alta que había en el aguajal. Y desde ese día los humanos me consideran un exquisito manjar.
Suri se río con fuerza tratando de ocultar su pena. Abril quiso decirle cuanto lamentaba su suerte pero no pudo. Un nudo amargo en la garganta le impedía hablar. Esa noche comprendió que toda criatura en el mundo merece ser feliz. Un fuerte rugido los asustó. El sonido venía de la Lupuna. Abril pensó que era una mala señal.
–No te preocupes– la tranquilizó Sacha– es el Otorongo que debe de andar cerca.–Un Otorongo– dijo Abril– No tienen miedo que los coma.–Mira ahí está– señalando una de las ramas del gran árbol. Baja hermano para que te conozcan.
De un ágil salto el Otorongo bajó del árbol y se acercó sigilosamente hasta Abril y la olfateó.
–No tengas miedo– le dijo– No voy a comerte. El gran árbol ha permitido que nos acompañes esta noche, así que nosotros debemos obedecer sus deseos. –He escuchado atentamente el relato de mis hermanos. Y como te habrás dado cuenta, muchos de ellos sufren por causa de los humanos. Los maltratan, los insultan, nos odian y sobre todo no respetan ni valoran el trabajo que hacemos como guardianes de esta inmensa selva.
Pero hubo un tiempo donde todos vivíamos en completa armonía.
Hace miles de años– continuó hablando– los otorongos éramos los únicos cazadores de estas tierras. Tomábamos nuestro alimento y a su vez contribuíamos a que los otros animales se alimentaran también.
–Se alimentaran de ustedes y ¿Cómo es eso posible?– preguntó Abril.–Verás– explicó el Otorongo– todo lo que ves coexiste en un delicado equilibrio donde el respeto por todas las criaturas es lo más importante. Cuando muera mi cuerpo nutrirá la tierra que hace crecer el pasto y los árboles, el cual le sirve de alimento a otros animales, de esa manera todos estamos conectados en el gran ciclo de la vida.–Ya veo– respondió Abril.–Como te decía éramos temidos y respetados por todos. Hasta que un día apareció el hombre. Ellos en principio solo trabajaban la tierra y les costaba mucho conseguir alimento. Entonces se convocó a una asamblea donde se acordó que mi padre debía instruirlos en el arte de la caza. Cuando se presentó en la aldea se asustaron y corrieron despavoridos por todos lados. Esperó a que se calmaran y les explicó el propósito de su visita. Ellos se mostraron dispuestos a aprender y lo hicieron muy bien. Hasta que en una ocasión los escuchó hablando.–No es bueno que el Otorongo viva con nosotros ya que en cualquier momento nos puede devorar– dijo un aldeano.– Sí, tienes razón– dijeron los otros. ¿Y qué haremos? Es un animal muy poderoso.–Debemos matarlo– sentenció el hombre.–Pero él nos ha enseñado muchas cosas– dijo uno de ellos– no podemos ser ingratos. Sin su ayuda seguiríamos padeciendo hambre.–Sí, pero hay que proteger a nuestros hijos.–Mi padre no podía creer lo que escuchaba, después de toda la ayuda que les brindó ésa era su forma de pago. Así que decidió dar el primer golpe. Empezó a cazar a los que deseaban matarlo sin pensar que con esa actitud ellos tendrían más razones para asesinarlo. Hasta que una mañana empezaron a perseguirlo y mientras escapaba de ellos, sin darse cuenta cayó en un hueco lleno de estacas que se incrustaron en su cuerpo. Al verlo herido los humanos aprovecharon en atacarlo con sus lanzas y flechas hasta matarlo. No contentos con eso fueron en búsqueda de mi madre y mis hermanos. Al llegar a nuestra guarida los mataron cruelmente. Yo corrí mejor suerte ya que el hombre que se opuso al plan me escondió en su morral y me llevó a un lugar seguro donde me liberó. Los humanos al ver que todos estaban muertos se alegraron, pero pasó algo que no esperaban: de la sangre derramada nacieron otros felinos. Se desató una feroz batalla donde casi todos los humanos murieron. Los pocos que lograron escapar se mudaron a otras tierras por temor a las represalias. Los felinos entonces comenzaron su ardua labor de poblar toda la selva amazónica. Desde ese día los humanos nos persiguen. Nosotros no tenemos un enemigo natural, sin embargo nuestra especie ha disminuido considerablemente en los últimos tiempos debido al hombre, quienes nos cazan furtivamente para traficar nuestra piel. La otra razón es porque han invadido y destruido nuestro habitat natural. No tenemos donde vivir. Antes que regreses con los tuyos quiero mostrarte el daño que han causado a la selva.
La Runa mula se ofreció llevarla sobre su lomo y todos siguieron al Otorongo. Caminaron un pequeño trecho y llegaron a una zona completamente devastada. Miles de árboles yacían regados por todo el piso. Era un amplio terreno donde antes hubo un gran bosque ahora solo quedaba un terreno baldío lleno de troncos secos y árboles muertos.
Abril permaneció en silencio observando el desolado paisaje y los ojos se le llenaron de lágrimas.
–Eso no es todo pequeña– le dijo el Otorongo– Mira el color de esas aguas, no sirven para nuestro consumo ni para el de ustedes. Están completamente contaminadas. Los peces se mueren y no sirven para alimentarnos. No se dan cuenta que al hacer eso ellos también se ven perjudicados ya que no pueden beber el agua ni alimentarse de los animales que viven allí. Detrás de estos cerros la situación es la misma. Están depredando la selva sin control. Se llevan la madera, otros buscan un metal que llaman oro y no les importa devastar enormes áreas verdes con tal de conseguir unas cuantas pepitas doradas. Si esto continúa así, seguramente no quedará nada para las nuevas generaciones.
Sacha se acercó y lo interrumpió.
–Hermano debes controlar tu ira – le dijo– esperemos que no reaccionen demasiado tarde. Me gustaría llevarla a conocer las ruinas de la gran ciudad.–Está bien– dijo el Otorongo– ven pequeña sube a mi lomo.
Abril trepó la espalda del animal y se sujetó fuerte a su cuello y emprendieron el viaje hacia las ruinas de la gran ciudad. Atravesaron escarpados precipicios, espesas vegetaciones y terrenos desiguales. En su rápida carrera, sin darse cuenta, cruzaron un tronco largo de un árbol, que resultó ser una enorme boa. Abril se asustó pero el Otorongo la tranquilizó diciéndole: – Es la Sachamama, la madre del monte, ya se le pasará el enojo– dijo el felino sonriente. En medio de la espesura de la selva estaba la ciudad. Era una ciudad de piedra, una fabulosa ciudad cuyos edificios circulares y cuadrangulares estaban adornados con detalles de cabezas humanas y alas de cóndores y de otros seres antropomorfos.
–Este lugar fue edificado para recordarnos que hace mucho tiempo atrás humanos y animales vivían en completa armonía y paz.– comentó el Otorongo.
Abril sintió que la ciudad estaba empotrada en el corazón de la selva.
El canto de un pájaro llamó la atención de todos.
–Es el Ayaymama– le explicó la Runamula– son dos hermanitos huérfanos, que fueron abandonados por sus padres y a quienes un espíritu los convirtió en ave.
El canto se escuchó con más fuerza.
–Su silbido es un llamado a su madre– dijo Sacha.–Es hora de partir– habló el Otorongo– pronto llegará el amanecer y el efecto de la bebida se acabará. Si no regresamos a tiempo te quedarás atrapada en el limbo para siempre. Así que démonos prisa.
De regreso al fundo Abril le dijo al oído al Otorongo que haría todo lo posible para que la gente se diera cuenta de todo el daño que están causando a la selva
Las palabras de Abril fueron recibidas con mucha alegría por el felino.
Sacha la condujo al lugar donde estaba el gran árbol de la Lupuna. Ésta dejó caer una hoja y el pequeño guardián se lo entregó en señal de amistad eterna.
–Vamos te acompañaré hasta el fundo– le dijo Sacha no queremos que te pierdas.
Cuando estaban a punto de llegar Sacha le tomó de las manos y le dijo: – Todos estamos llamados hacer guardianes de la selva y creo que hoy tú te has convertido en uno de nosotros, adiós pequeña Abril.
Apenas terminó de hablar y Sacha desapareció transformándose en viento.
Abril cruzó el patio y se dirigió a su habitación. Se puso cómoda y elevó una oración al cielo por sus nuevos amigos.
Luego se durmió pensando en los mágicos seres de la selva.