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Somnaire
Couverture Biographie Carte et Photos 1 Una gata en Puebla 2 La llamada 3 Un descubrimiento afortunado 4 Una visita de muy lejos 5 Cuando sanan las heridas
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Polices
Desperté cuando los López ya estaban preparándose para otro día de trabajo. Rodrigo se sorprendió que estuviera en uno de los sillones de la sala. –¿Qué le pasa a Peluche? Nunca se queda acá. –No sé –respondió Frida –quizás los gatos también pueden cambiar de hábitos, como los humanos. –Quizás –repitió Rodrigo mientras me frotaba la panza hasta hacerme ronronear.
Je me réveillai alors que les López se préparaient déjà pour aller au travail. Rodrigo fut surpris de me trouver dans un fauteuil du salon. –Qu’est-ce qu’elle a Peluche ? Elle ne reste jamais par-là normalement ! –Je ne sais pas –répondit Frida –les chats peuvent aussi changer leurs habitudes parfois, tout comme les humains. –Peut-être bien –répondit Rodrigo en frottant mon ventre pour me faire ronronner.
Ese día, para cualquier observador poco perspicaz, la vida siguió con la misma rutina de siempre: escuela, trabajo, compras, obligaciones. Pero, poco a poco, las cenas y las comidas parecieron las de antes. A veces Rodrigo se detenía en medio de una frase y mencionaba algo de su padre. No lo hacía con pesadumbre sino con agradecimiento. Esa Navidad los López fueron a la playa. Matías empezó a balbucear cosas más inteligibles. Al inicio del nuevo año, una tarde fría de enero, se concentró y, ante la gran expectativa de Rodrigo y Frida, que grababan la escena con sus teléfonos celulares, pronunció muy lentamente su primera palabra: “Peeee-luuu-chee”. Los López, sorprendidos por un segundo, festejaron el acontecimiento con aplausos y risas; yo no sabía qué hacer más que frotar mi cabeza en los brazos del niño.
Ce jour-là, pour un observateur peu perspicace, la vie continua avec la même routine de toujours : l’école, le travail, les courses, les obligations. Mais peu à peu, les repas, les dîners ressemblèrent à ceux d’avant. Parfois Rodrigo parlait d’un sujet et disait quelque chose de son père. Il ne le faisait pas avec tristesse mais avec gratitude. Ce Noël-là, les López allèrent à la plage. Matías commença à balbutier des mots plus intelligibles. Au début du nouvel an, par une fraîche après-midi, il se concentra, et face à l’impatience de Rodrigo et de Frida qui filmaient la scène avec leur téléphone portable, il prononça lentement son premier mot : « Peeee-luuu-chee ». Les lópez, surpris l’espace d’une seconde célébrèrent l’évènement avec des applaudissements et des rires, moi je ne sus que faire d’autre à part me frotter la tête dans les bras du petit.
La vida con los López no es igual que antes. Cada vez que pierdes algo hay un cambio y no se puede regresar el tiempo. Sin embargo, la tristeza ya no oprimía las noches de Rodrigo. Yo, por mi parte, sigo leyendo y leyendo. Ahora busco libros de la historia de México para saber más del lugar en el que vivo. En julio cumplo 8 años. Ya soy una gata madura pero siento que tengo aún muchas cosas por vivir. Sigo, como cualquier gato, moviéndome en el instante, pero a menudo me pregunto más por los recuerdos y lo que pasará en el futuro. También, a partir de la experiencia de esa noche, me he vuelto más sociable. De nada sirve leer si no puedo compartirlo con nadie. Ahora mis escapadas no son sólo para contemplar, desde las alturas, a la ciudad de Puebla. Pifas juntó a un pequeño grupo de gatos y nos reunimos en la azotea del edificio para que me escuchen contar las historias que he leído en los libros. Cada sesión es única y a veces me hacen preguntas que no puedo responder fácilmente, pero no importa mucho, ya que algún día llegará el libro adecuado para ellas. Una noche, antes de despedirnos, le conté a Pifas todo lo que había vivido con el padre de Rodrigo esa noche de muertos. Pifas abrió mucho los ojos. Al inicio estaba incrédulo, pero los detalles lo fueron convenciendo. Se sorprendió cuando le conté las últimas palabras de Arturo. –¡Nunca sacrificaré mi libertad! –me dijo con aire ofendido –No soy un gato de compañía.
Sin embargo, poco a poco, fue pasando cada vez más tiempo en el departamento del cuarto piso. Al inicio estaba un rato en las tardes y luego escapaba para alguna de sus aventuras. Pronto tuvo una manta para sus siestas y un tazón con su nuevo nombre: “Gordo”. En las noches, desde mi ventana, lo veo durmiendo al pie de la cama de la señora Gómez.
FIN !
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