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Somnaire
Couverture Biographie Carte et Photos 1 Una gata en Puebla 2 La llamada 3 Un descubrimiento afortunado 4 Una visita de muy lejos 5 Cuando sanan las heridas
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Polices
Hola, yo soy Peluche, una gata de siete años de edad. Soy de color crema, tengo las orejas oscuras, rayas en la cola y a un lado de los ojos. Dicen que mi papá es un gato siamés bastante aventurero y, mi madre, una gata de color negro. En realidad no sé mucho de mi primera infancia. Sólo sé que, un buen día, llegué a vivir al departamento de la familia López compuesta por Rodrigo, Frida y Matías, su hijo pequeño, de casi dos años de edad. Vivimos en relativa paz en un barrio cercano al centro de Puebla.
Rodrigo, el padre de familia, me puso de nombre “Peluche”, quizás porque fue lo primero que le vino a la mente después de acariciarme. Yo hubiera querido un nombre más distinguido, quizás el de una princesa rusa o árabe, pero no se puede tener todo en la vida, es decir, en las nueve vidas que tiene un gato. Para colmo de males, Rodrigo me mandó a hacer un pequeño dije plateado en forma de corazón que está prendido a un collar rojo. Me lo ponen y lo quitan según su humor. A veces, cuando estoy perdida en mis ensoñaciones, imaginando que comando un ejército de gatos que aniquilan a la raza humana, miro mi reflejo en un cristal y lo primero que veo es el dije con el nombre “PELUCHE” en grandes letras color rosa.
Rodrigo, le père de famille m’a appelée "Peluche", certainement parce que c’est la première chose qui lui est venue à l’esprit après m’avoir caressée. Moi j’aurais souhaité un nom plus distingué, comme celui d’une princesse russe ou arabe, mais on ne peut pas tout avoir dans la vie, enfin, dans les neuf vies d’un chat. Comble de mes malheurs, Rodrigo est allé commander un pendentif argenté en forme de cœur accroché à un collier rouge. Il me le met et me l’enlève selon son humeur. Parfois, quand je me perds dans mes pensées, j’imagine que je commande une armée de chats qui anéantit la race humaine, alors je regarde mon reflet dans la vitre, et la première chose que je vois, c’est ce pendentif avec écrit « PELUCHE » en grandes lettres roses.
Debo contar más cosas de mí: soy, como todos los gatos, bastante orgullosa y muy consciente de mi papel en el mundo. Los gatos que tenemos sangre oriental asumimos con seriedad nuestra larga genealogía y siempre tratamos de estar a la altura de las circunstancias. Somos descendientes –al menos yo en parte– de gatos nobles y debemos conducirnos con propiedad. Por eso dosifico mis muestras de afecto a pesar de que los López cumplan todos mis caprichos. Tengo comida de buena calidad y un buen sitio para dormir junto a su cama. Cuando nació Matías pensé que mi lugar en la escala social de la familia descendería, pero después de unos meses de ajetreo, vacunas y visitas al pediatra, todo volvió a la normalidad. Matías y yo nos llevamos bien, aunque a veces el pobre no sabe interactuar con una gata como yo y me babea o intenta jalarme los bigotes. Supongo que, cuando crezca, entenderá con quién está tratando y mostrará la misma devoción que me tienen sus padres. Mientras tanto, tengo que mantener la distancia cuando los juegos del niño no me convienen y huyo a un lugar seguro en lo alto de un armario.
Los gatos, por más aventureros que seamos, nos distinguimos por ser guardianes de los hogares que habitamos. Somos la esencia del territorio que compartimos con los humanos. Por eso yo soy testigo privilegiado de la vida de los López. A veces me siento como una gata científica, una antropóloga gatuna que mira las aventuras y desventuras de la familia que adopté. Los López, por ejemplo, viven sus días inmersos en la rutina: trabajo de lunes a viernes y descanso los fines de semana. En realidad, decir descanso es poco exacto, porque los López dedican sábados y domingos a hacer compras, arreglos del departamento, más compras, visitas familiares y más compras. Por eso apenas pueden recuperar el aliento para empezar, de nuevo, el lunes. Creo que muchos humanos hacen lo mismo. Al inicio me preguntaba la razón por la cual pasan tanto tiempo despiertos, haciendo llamadas por sus teléfonos celulares, mirando televisión, conviviendo con otros humanos en fiestas que se prolongan por muchas horas. Sus vidas podrían ser muy fáciles si se concentraran sólo en obtener comida y dedicar el resto del día a dormir y soñar. Claro, mi juicio podría parecer ventajoso, considerando que tengo comida y techo gratis, pero les aseguro que, si estuviera en la calle, me las arreglaría para sobrevivir respetando siempre mis horas de sueño. Soy buena cazadora y mis garras están listas para acechar a cualquier presa.
Les chats, si aventuriers que nous soyons, sommes cependant reconnus pour être les gardiens du foyer que nous habitons. Nous sommes l’essence même du territoire que nous partageons avec les humains. C’est pour cette raison que je suis le témoin privilégié de la vie des López. Parfois j’ai l’impression d’être une chatte scientifique, une anthropologue canine qui regarde les aventures et les mésaventures de la famille que j’ai adoptée. Les López par exemple vivent des journées immergés dans leur travail routinier du lundi au vendredi, et se reposent le week-end. A vrai dire, on ne peut pas parler de repos, car les López passent leurs samedis et leurs dimanches à faire des courses, à ranger l’appartement, puis encore des achats, et il y a les visites de la famille, et encore des courses. Ils peuvent à peine reprendre leur souffle pour repartir le lundi. Je crois que beaucoup d’humains font la même chose. Au début je me demandais pourquoi ils passent tellement de temps réveillés, à appeler avec leurs téléphones portables, à regarder la télé, à rester en compagnie d’autres humains dans des fêtes qui durent pendant des heures. Leur vie pourrait être bien plus facile s’ils concentraient leurs efforts pour aller chercher à manger, et ensuite passer le reste du temps à dormir et à rêver. C’est sûr, mon raisonnement peut paraître simpliste, si on considère que je suis logée et nourrie gratuitement. Mais je vous assure que si j’étais dans la rue, je me débrouillerais pour survivre en respectant toujours mes horaires de sommeil. Je suis une bonne chasseuse, et mes griffes sont prêtes à traquer n’importe quelle proie.
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