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Somnaire
Couverture Biographie Carte et Photos 1 Una gata en Puebla 2 La llamada 3 Un descubrimiento afortunado 4 Una visita de muy lejos 5 Cuando sanan las heridas
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Polices
Rodrigo trabaja llevando la contabilidad de una fábrica en las afueras de la ciudad. Desde que lo conozco tiene ese empleo. Es –como muchos que se dedican a la administración– un tipo ordenado, poco propenso a las pasiones exageradas. Acaso lo único que lo hace levantar la voz es alguna travesura de Matías o algún gol del América, su equipo de futbol favorito. Frida, por el contrario, es una persona más temperamental. Se emociona fácilmente y ríe o llora a la menor provocación. A veces me pregunto cuál tipo de temperamento heredará el niño.
Rodrigo travaille comme comptable dans la banlieue de la ville. Depuis que je le connais, il a toujours eu cet emploi. Il est –comme beaucoup de ceux qui travaillent dans une administration— ordonné et peu propice aux passions exagérées. Les seules choses qui lui font hausser le ton, c’est quand Matías s’apprête à faire une bêtise, quand l’América, son équipe de foot préférée marque un but. Frida au contraire, a plus de tempérament, elle est facilement émue, et rit ou pleure à la moindre provocation. Parfois je me demande de quel tempérament héritera le petit.
Mi historia comienza una tarde calurosa de finales de mayo. En México el clima depende de la región en dónde estés. Si vas al norte encontrarás mucho calor en primavera y verano; en el centro del país, la zona en donde está Puebla, el clima no es tan extremo. La temperatura es relativamente templada y sólo las lluvias abundantes trastornan un poco las vidas de las personas. Si alguien se pregunta cómo puede saber tanto del clima una gata que no sale de casa, le diré que –además de comer y dormir– necesito ejercitar el intelecto. Así que, cuando nadie me ve, mientras ellos están en sus trabajos y Matías en la guardería, trepo por uno de los libreros que están en la sala y, con mucho cuidado, abro algún libro al azar. Por fortuna, Frida es una muy buena lectora y tiene una biblioteca con títulos de temas muy diversos: literatura, historia, ciencias, incluso cómics. En las mañanas, después de que se cierra la puerta y el departamento se queda en silencio, comienzo un libro nuevo o continúo con la lectura del día anterior. Gracias a eso tengo una buena idea de cómo es el mundo, sus complejidades y sus riquezas. Esa tarde de mayo apenas corría el aire, los árboles estaban estáticos y el asfalto de las calles hervía. La ciudad de Puebla estaba en plena actividad y yo leía un libro sobre las tribus del norte de África. Estaba a punto de cambiar de página cuando escuché que alguien subía las escaleras principales del edificio. Los gatos tenemos el oído muy sensible y detectamos muchos tipos de sonidos, incluso algunos que no pueden percibir los humanos. Eran los pasos de alguien conocido. Así que dejé el libro en su lugar y salté al sillón más cercano. Unos segundos fueron suficientes para que supiera que el señor López estaba por llegar. Pronto escuché el sonido de la cerradura y del picaporte. Lo vi entrar, dejar su portafolio junto a una maceta y dedicarme una mirada larga y triste. Después fue a la recámara y sacó un sobre grande que estaba bajo el colchón.
“Muy bien. Estoy buscando la póliza de seguro”, escuché que decía por su teléfono celular.
Desde un buró lo vi revolver unos papeles. Estaba muy preocupado, pero aún no descubría la razón de su congoja. Metió un papel en un folder, fue a la cocina para tomar un vaso con agua y salió casi corriendo del departamento.
¿Qué era lo que había pasado? Rodrigo era muy celoso de su trabajo y casi nunca se ausentaba. Solamente había faltado cuando Matías tuvo fiebre y tuvieron que llevarlo al doctor. Los gatos, como lo sabe todo el mundo, somos muy curiosos y esa curiosidad no se limita a averiguar el escondite de algún bicho sino a todos los asuntos concernientes a los humanos, nuestros vecinos. Subí a un sillón que daba a una ventana y, desde ahí, me asomé: el auto del señor López no estaba. La calle, casi vacía, parecía nostálgica.
Depuis un bureau je le vis remuer des papiers. Il était très inquiet mais je ne découvris pas encore la raison de son angoisse. Il mit un papier dans un dossier, alla à la cuisine prendre un verre d’eau et sortit presque en courant de l’appartement.
Que s’était-il passé ? Rodrigo était très zélé dans son travail et ne s’absentait presque jamais. Il s'était absenté une seule fois quand Matías avait eu de la fièvre et qu’ils avaient du l’emmener chez le docteur. Tout le monde le sait, nous les chats, sommes très curieux et cette curiosité ne se limite pas seulement à trouver la cachette de toutes les bestioles, mais aussi à savoir tous les évènements qui concernent les humains, nos voisins. Je montai sur un fauteuil qui menait à une fenêtre et me penchai : la voiture de monsieur López n’y était pas. La rue était presque vide, elle semblait nostalgique.
Traté de distraerme hasta que dieran las 4 de la tarde, la hora en que regresaba la familia. Dormité un poco, fui por croquetas a mi tazón, y avancé un poco más en el libro que estaba leyendo. Después de un rato abandoné la lectura y coloqué el libro en su lugar. Yo soy muy cuidadosa y siempre dejo todo en orden. No quiero que los López sospechen que tienen una gata lectora. Cuando estaba a punto de hacer una nueva siesta, Frida llegó con Matías. Sin tomar ningún respiro, llevó al niño a una de las recámaras y comenzó a hablar por su teléfono: –Sí, mamá, mi suegro está en el hospital. No saben muy bien qué tiene. Está en terapia intensiva. Iba y venía, nerviosa, por el departamento. En cuanto sepa más te aviso. Gracias. Cuídense.
Siempre, cuando estaban en el teléfono, tenía que hacerme una idea de lo que estaban diciendo las personas del otro lado. A veces era difícil adivinar, pero siempre podía hacerme un bosquejo de lo que hablaban gracias a mis poderes de deducción, que son casi tan buenos como mi elasticidad y mis elegantes brincos cuando persigo a una mosca. Frida dejó el aparato en la mesa de centro de la sala y regresó a la recámara principal. Yo fui tras ella. Prendió el televisor y estuvo un buen rato mirando, sin mucha atención, un programa de cocina. Supe, instintivamente, que ella quería que el tiempo transcurriera más rápido. Sus labios temblaban ligeramente. El pequeño Matías estaba dormido.
Á chaque fois qu’elles étaient au téléphone, je devais me faire une idée de ce que disait la personne de l’autre côté. C’était parfois difficile de deviner, mais je finissais toujours par me faire une idée de leur conversation grâce à mes pouvoirs de déduction qui sont aussi bons que ma souplesse et mes sauts élégants lorsque je chasse une mouche. Frida laissa l’appareil sur la table de la salle à manger et retourna à la grande chambre. Je la suivis. Elle alluma la télé et resta un bon moment devant un programme de cuisine sans y prêter attention. Instinctivement je sus qu’elle voulait que le temps passe plus vite. Ses lèvres tremblaient légèrement. Le petit Matías dormait.
Esa noche no llegó Rodrigo a dormir. Frida lo llamó por teléfono varias veces. Le decía que todo estaría bien, que no se preocupara. Yo, tumbada en mi manta, afinando el oído, escuchaba la voz apagada de él. Captaba palabras al azar: cabeza, sangre, recuperación. Un poco de viento refrescó el ambiente. Matías seguía dormido en su cuna, ajeno a lo que estaba ocurriendo. Frida, al fin, apagó la lámpara del buró y programó el despertador para el siguiente día. No pudo conciliar el sueño de inmediato. Desde donde estaba podía percibir su respiración y los movimientos que hacía bajo las sábanas. Pensé que se debía sentir sola, al igual que Rodrigo y su padre. Recordé al señor: un hombre de cabello canoso, a veces serio, pero afable en el fondo. Iba pocas veces al departamento. Yo, al inicio, no simpatizaba mucho con él. Una vez dijo, en una comida familiar, que no le gustaban los gatos porque uno lo había atacado cuando era niño. Yo, por supuesto, traté de ignorar sus palabras. Los gatos podemos ser feroces, pero nunca atacamos sin ninguna provocación. Cuántas veces he escuchado esa misma historia en boca de otras personas. Sin embargo, ahora que lo imaginaba en una cama de hospital, quizás inconsciente, rodeado de muchos aparatos, no podía sentir más que pena. Abandoné mi lugar y me acosté a un lado de Frida. Ella sacó la mano de las sábanas y me acarició el lomo hasta quedarse dormida.
Los días siguientes fueron similares. Frida regresaba del trabajo con Matías y, después, hacía varias llamadas a Rodrigo que estaba en el hospital. A veces eran conversaciones largas. Supongo que él no podía hablar muy fuerte y por eso apenas podía escuchar lo que decía. Toda la historia me llegaba a través de Frida. El padre de Rodrigo se había desvanecido en su casa y tenía una hemorragia cerebral. Vivía solo, pues su mujer había muerto hacía varios años. Un vecino lo había ido a buscar y, gracias a eso, lo pudieron atender para llevarlo al hospital.
Un domingo en la noche, mientras Frida se hacía un café en la cocina, llegó una nueva llamada. Todo fue muy rápido: la voz temblorosa de ella diciéndole a Rodrigo que lo amaba, después correr a la recámara por Matías y el escape a gran velocidad por las escaleras del edificio hasta llegar al auto. Me asomé por la ventana: el auto se fue haciendo cada vez más pequeño hasta que se confundió con otros en la gran avenida. El hospital, por lo que había podido deducir, quedaba al otro lado de la ciudad. Me he hecho algunas ideas de cómo son aquellos lugares: sitios impersonales, llenos de mucha gente, con enfermeras por todos lados y el sonido de varias máquinas de escribir. En realidad, esas ideas no las saco de los libros sino de las películas o series que veo con la familia. Me echo sobre las piernas de alguno de ellos o sobre un cojín mullido y miro la pantalla. Supongo que ellos piensan que me atraen los destellos del televisor, que me hipnotizan los colores y el movimiento. Está bien que crean eso. Lo cierto era que, en algún sitio de la ciudad, estaban reunidos los López, incluso el pequeño Matías, alrededor de una cama de hospital, iluminados por luces muy blancas, quizás atestiguando los últimos momentos del abuelo.
Al día siguiente llegó Frida con Matías. Seguramente había pedido el día en su trabajo. Aún era temprano. Frida me miró, me acarició atrás de las orejas, y suspiró largamente. Yo ronroneé un poco para tratar de confortarla. Sus párpados estaban un poco hinchados. Después fue a la recámara. Ahí, escogió un vestido negro para ella y un traje del mismo color para Rodrigo. Se miró en el gran espejo de la récamara mientras se vestía. Había resignación, pero, sobre todo, tristeza en cada uno de sus movimientos. Quise creer que el padre de Rodrigo no había sufrido en sus últimos instantes. Después comencé a pensar en la serie de rituales humanos que surgen cuando alguien fallece. Había visto en algunas películas algo de eso: un ataúd en un cuarto muy grande, escoltado por velas blancas. También recordaba una procesión en un cementerio, personas vestidas de negro, rezos y más rezos. Era todo tan extraño para mí. ¿Por qué esas costumbres? ¿Acaso tenían la certeza de que esos ritos ayudaban, de alguna manera, al difunto? ¿Acaso lo ayudaban a llegar al cielo? Después comprendí que no lo hacían por los que habían partido sino por ellos mismos.
Le lendemain, Frida arriva avec Matías. Elle avait sûrement demandé une journée à son travail. C’était encore tôt. Frida me regarda, caressa derrière mes oreilles, et soupira longuement. Moi je ronronnai un peu pour essayer de la réconforter. Ses paupières étaient un peu enflées. Ensuite elle alla à sa chambre. Elle choisit une robe noire pour elle et un costume de la même couleur pour Rodrigo. Elle se regarda dans le grand miroir de la chambre pendant qu’elle s’habillait. Il y avait dans chacun de ses mouvements de la résignation, mais surtout de la tristesse. Je voulus croire que le père de Rodrigo n’avait pas souffert dans ses derniers instants. Ensuite j’ai commencé à penser à la suite de rituels qui arrivent lorsqu’un humain disparaît. J’avais vu ça dans quelques films : un cercueil entouré de bougies blanches dans une très grande chambre. Je me rappelai aussi d’une procession vers un cimetière, de personnes vêtues de noir, des prières et encore des prières. Tout cela était tellement étrange pour moi. Pourquoi ces coutumes ? Peut-être pensaient-ils que ces rites aidaient d’une manière ou d’une autre le défunt ? Peut-être qu’ils l’aidaient à atteindre le ciel ? Je compris ensuite qu’ils ne le faisaient pas pour le défunt mais pour eux-mêmes.
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