Llegaron las primeras señales del amanecer. Un poco de frío entumecía a la ciudad de Puebla. En las calles ya se empezaba a escuchar el trajinar de autos y camiones. Apenas había podido dormitar un poco, nerviosa por lo que pasaría. Iba y venía por el departamento para comprobar si la familia ya había despertado. Miraba con ansias el despertador que tenían en un buró. Cuando dieron las siete de la mañana, el reloj al fin sonó y la familia comenzó a despertar. Yo seguía paso a paso todo lo que hacían. Era como una gata guardiana. –Está un poco rara Peluche –le dijo Rodrigo a Frida. –¿Qué tiene? –No tengo idea, no se ha separado de nosotros desde que despertamos. –Voy a revisar su tazón. A lo mejor le hace falta comida.
El desayuno se llevó a cabo con normalidad. Matías aún estaba un poco somnoliento. Frida comentó algo acerca de las vacaciones de fin de año. Rodrigo pensó que era buena idea ir a la playa. Sería la primera vez que Matías vería el mar. Yo los miraba desde la sala. Después de dejar los trastes en el fregadero, se alistaron para salir a sus trabajos. Frida fue a la recámara principal por la pequeña maleta del niño. Rodrigo revisó el nudo de su corbata y fue a la repisa para buscar las llaves. Casi suelto un maullido cuando su mano rozó la flor de cempasúchil. Rodrigo se la quedó mirando, sorprendido, y le preguntó a Frida que aún estaba en la recámara: –¿De dónde salió esta flor de cempasúchil? –No lo sé. –Qué curioso. Ella caminó a la puerta de entrada, se acercó a Rodrigo y le dio un beso en la mejilla. –Es bonita –le dijo. –Sí… pero ¿cómo llegó aquí?
Le petit-déjeuner prit fin normalement. Matías était encore un peu endormi. Frida dit quelque chose au sujet des vacances de fin d’année. Rodrigo pensa que ce serait une bonne idée d’aller à la plage. Ce serait la première fois que Matías verrait la mer. Moi je les regardais depuis le salon. Après avoir laissé la vaisselle sale dans l’évier ils se préparèrent pour aller au travail. Frida alla à sa chambre pour prendre le sac du petit, Rodrigo vérifia le nœud de sa cravate et alla à l’étagère pour prendre les clefs. Je lâchai presque un miaulement lorsque sa main frôla la fleur de cempasúchil. Surpris, Rodrigo la regarda et demanda à Frida qui était encore dans la chambre : –D’où vient cette fleur de cempasúchil ? –Je ne sais pas ? –C’est curieux ! Elle marcha jusqu’à la porte d’entrée, s’approcha de Rodrigo et lui fit un bisou sur la joue. –Elle est jolie –lui dit-elle. –Oui, mais comment est-elle arrivée là ?
Frida se encogió de hombros. Rodrigo miró la flor como si fuera única en el mundo. Tomó la flor y se dirigió a la cocina. Yo trataba de no perder ninguno de sus movimientos. Rodrigo se acercó a un rincón, quitó la tapa del bote de la basura, pero se arrepintió en el último instante. La flor emitía destellos en medio de la luz de la mañana, como si fuera una estrella perdida. Yo quería decirle que la conservara, pero lo único que podía hacer era atestiguar toda la escena y confiar en mis instintos gatunos. Rodrigo suspiró, se acercó a la alacena, sacó un vaso de vidrio, le puso agua y dejó ahí a la flor. Después llevó el vaso a la mesa de centro. El amarillo y naranja parecían más vivos a esa hora del día. Frida tomó de la mano al pequeño Matías y le enseñó: –Mira, Matías, es una flor de Cempasúchil. Es una palabra náhuatl: cempohuali significa veinte y xóchitl flor, es decir, veinte flores.
Frida le dio un beso al niño; se le iluminó la mirada y le dijo a Rodrigo: –¿Por qué no hacemos una ofrenda? Será una buena experiencia para Matías. En la guardería pusieron una. –Hay que pensarlo – respondió Rodrigo, todavía indeciso –muchos están haciendo compras de último minuto y el tráfico se pone insoportable.
Frida le reprochó, con la mirada, las excusas. Yo sabía que Rodrigo quería evitar el recuerdo de su padre. Supuse que, su muerte, aún reciente, era una herida que aún dolía. Habría que esperar para saber su decisión.
Estuve vigilando la flor todo ese día. No podía permitir que le pasara nada. Era un tesoro, quizás el más importante que había tenido. Era como guardar un pedazo de sol. Tuve que combatir a un par de moscas y un mosquito que merodeaban por la sala. A veces dormitaba cerca de ella y despertaba con la sensación de que algo malo le había pasado. A ratos pensaba en la decisión que tomarían los López. ¿Pondrían la ofrenda o sólo dejarían la flor ahí, unos días más, hasta que los pétalos comenzaran a caer y la vida siguiera su curso normal?
Seguí en mi papel de gata guardiana hasta que llegó la tarde. Escuché los pasos en la escalera y el sonido del picaporte. Casi brinco hasta las cortinas cuando Rodrigo entró por la puerta con un enorme ramo de flores de cempasúchil y unos manteles de papel picado. Después, un par de cajas con diferentes frutas y Pan de Muerto. Fue necesario un viaje más al auto para traer velas, un incensario y unos platos de barro.
Después de acomodar algunas cosas y tomar un café, decidieron poner manos a la obra. Se pusieron de acuerdo para decidir en qué lugar del departamento debería ir la ofrenda y cuál mesa utilizarían. El pequeño Matías parecía contento con el cambio de rutina: reía y daba pequeñas palmadas. Los López ya no estaban, como todas las tardes, prendiendo el televisor, revisando trabajos o mandando correos por la computadora. Ahora trabajaban en equipo para que la ofrenda estuviera lista esa misma noche. –Falta comida. –Tengo unos tamales en el refrigerador, a tu papá le gustaban mucho. –Muy bien. Yo voy por una fotografía y a ver qué encuentro en el armario de la recámara. –Tenemos que apurarnos.
Après avoir installé quelques bricoles et bu un café, ils décidèrent de se mettre au travail. Ils se mirent d’accord pour décider à quel endroit de l’appartement et sur quelle table ils allaient mettre l’offrande. Le petit Matías semblait heureux de ce changement de routine, il riait et tapait des mains. Les lópez n’étaient pas comme les autres après-midi en train de regarder la télé, de vérifier leur travail ou d’envoyer des mails sur leur ordinateur. Ils travaillaient ensemble pour que l’offrande soit prête le soir-même. –Il manque des choses à manger. –J’ai des tamales6 au frigo, ton père les aimait beaucoup. –Très bien. Moi je vais chercher une photo et voir ce que je trouve dans l’armoire de la chambre. –il faut faire vite.
Extendieron sobre la mesa de centro varios pliegos de papel picado. Las escenas representaban esqueletos bailando y brindando con jarros de pulque, una bebida fermentada hecha de maguey. Colocaron el Pan de Muerto, fruta, y los tamales. Frida cargó a Matías mientras Rodrigo colocaba cuatro velas blancas alrededor de la ofrenda. –Falta un detalle importante –recordó él. –Es cierto, se nos estaba olvidando.
Rodrigo salió del departamento. Yo salté por los sillones para ir a la ventana grande de la sala. Vi que sacó de la cajuela del auto una caja de zapatos ¿Qué habría ahí? –¡Listo! –dijo cuando entró de nuevo por la puerta.
Yo estaba intrigada. ¿Sería algún tipo de adorno? ¿Más flores? Rodrigo comenzó a sacar de la caja calaveritas de azúcar: eran muy blancas y estaban adornadas con papeles de colores: azul, amarillo y rosa brillante. Cada una tenía un nombre en la frente. Colocó en la mesa, junto a uno de los panes de Muerto, la que tenía el papel de “Rodrigo”, después puso las que correspondían a Frida, Matías y Arturo –que era el nombre del abuelo. Una última calaverita salió de la caja. –Esta es especial – dijo Frida, sonriendo, mientras Rodrigo la sacaba y la acomodaba junto a las otras.
Me acerqué para ver mejor y encontré una calaverita de azúcar más pequeña que el resto. En la frente tenía un papel color rosa con la palabra “Peluche”. Por primera vez me sentí orgullosa de mi nombre. Rodrigo me acarició la cabeza y me pidió que no atacara la ofrenda tal y como hacía con el árbol de Navidad todos los años. Yo lo miré y pestañeé lentamente.
La ofrenda había quedado muy linda. Parecía, en realidad, un regalo. Todo el departamento se llenó de mucho color; los olores se complementaban, como los instrumentos de una orquesta.
L’offrande était très jolie. A vrai dire, elle ressemblait à un cadeau. Tout l’appartement était rempli de nombreuses couleurs et les odeurs complétaient l’ensemble, comme les instruments d’un orchestre.
Estuvieron un rato platicando en la sala. Frida prendió las velas y apagaron las luces de la sala. Quemaron un poco de copal en el incensario y pusieron la flor que había robado en el centro, junto a la fotografía. Por un momento imaginé que estábamos en tiempos de los Aztecas, cuando empezó la tradición. Casi podía escuchar los cantos rituales y el sonido de los tambores.
Ils restèrent un moment à discuter dans le salon. Frida alluma les bougies et ils éteignirent les lumières du salon. Ils brûlèrent un peu de copal dans l’encensoir et placèrent la fleur que j’avais volée au milieu, juste à côté de la photo. Pendant ce temps j’imaginais que nous étions au temps des aztèques, à la naissance même de cette tradition. Je pouvais presque entendre les chants rituels et le son des tambours.
Por primera vez, desde la muerte del padre de Rodrigo, hablaron de él. Recordaron cuando les ayudó a dar el enganche para el departamento y cuando cuidó a Matías. Recordaron, también, los regalos que les hacía cada fin de año y los chistes y anécdotas que contaba a la menor provocación. Conforme más recordaban creaban una atmósfera de tranquilidad. Yo escuché todas las historias a un lado de ellos, casi sin parpadear. Comprendí que Arturo no era un tipo descortés, como lo había imaginado, sino un hombre amable que, como nos sucede a todos, tenía malos momentos.
Pour la première fois depuis la mort du père de Rodrigo, on parlait de lui. Ils se souvinrent de comment il les avait aidés au début pour l’appartement et des fois où il s’occupait de Matías. Ils se souvinrent aussi des cadeaux qu’il faisait à chaque fin d’année, des blagues et des anecdotes qu’il racontait à la moindre occasion. Et plus ils se souvenaient, plus ils créaient une atmosphère apaisante. J’écoutais les histoires de part et d’autre sans sourciller. Je compris qu’Arturo n’était pas un type malpoli comme je l’avais cru, mais un homme aimable qui avait des mauvais moments comme ça nous arrive à tous.
En esa noche, en muchos lugares de México, había más luces que las habituales. Los cementerios estaban llenos de personas. Había leído que en algunos pueblos las familias se quedan toda la noche en la tumba de su ser querido. La adornan con flores de cempasúchil y la perfuman con copal. Ahí mismo comen. Los cementerios ya no están oscuros y parecen un cielo estrellado. Seguía fantaseando con estas ideas, esperando que me venciera el sueño, cuando me di cuenta del silencio inusual que me rodeaba. Los gatos tenemos un sentido del oído muy fino y detectamos todo tipo de sonidos. En ese instante no detecté nada. Era como si se hubiera apagado el mundo. Me levanté de mi lugar y me asomé por la ventana: la ciudad parecía la misma de siempre. Extrañada, volví al sillón y, entonces, ocurrió. Primero fue una leve brisa de aire frío que recorrió la sala. Después la luz de la luna se hizo más blanca y los objetos de la ofrenda parecieron flotar sobre la mesa. Es sabido que los gatos podemos observar fenómenos de la naturaleza que no pueden ser detectados por los humanos y otros animales, así que puse toda mi atención para tratar de averiguar qué estaba pasando. Estaba afinando todos mis poderes sensoriales cuando miré que algo estaba al otro lado de la ventana. Era una silueta que fue ganando consistencia con el transcurrir de los segundos. Pude distinguir una cabeza, unos ojos, las piernas y los brazos. En cuestión de instantes un hombre estaba al otro lado de la ventana, balanceándose como un globo. No podía dar crédito a lo que sucedía. El hombre tomó impulso y, echando el cuerpo hacia adelante, llegó hasta el vidrio de la ventana. Una vez ahí, simplemente, pasó al interior del departamento. Era Arturo, el padre de Rodrigo, que venía de visita desde el país de los muertos.
Cette nuit, dans beaucoup d’endroits au Mexique il y avait plus de lumières que d’habitude. Les cimetières étaient remplis de monde. J’avais lu que, dans certains villages les familles restent toute la nuit sur la tombe de l’être cher. Ils la décorent avec des fleurs de cempasúchil et la parfument avec de l’encens. Ils mangent même sur place. Les cimetières ne sont plus sombres et ressemblent à un ciel étoilé. Je continuais à rêver de tout ça en attendant que le sommeil m’emporte lorsque je me rendis compte du bruit inhabituel qui m’entourait. Nous les chats avons une ouïe très fine et nous décelons toutes sortes de sons. Á cet instant, je ne décelai rien. C’était comme si le monde s’était éteint. Je me levai de l’endroit où j’étais et me penchai à la fenêtre : la ville était comme toujours. Etonnée je retournai à mon fauteuil et c’est alors que ça arriva. Ce fut d’abord une légère brise d’air froid qui parcourut le salon. Ensuite la lumière de la lune devint plus blanche et les objets de l’offrande semblèrent flotter sur la table. C’est bien connu : les chats peuvent observer les phénomènes de la nature que les humains et les autres animaux ne peuvent déceler, alors je me concentrai pour essayer de découvrir ce qui se passait. J’affutai tous mes pouvoirs sensoriels, lorsque je vis quelque chose à côté de la fenêtre. La silhouette prit consistance au fur et à mesure des secondes qui passaient. Je pus distinguer une tête, des yeux, les jambes et les bras. En quelques instants un homme qui se balançait comme un ballon se trouvait de l’autre côté de la fenêtre. Il prit son élan et lançant son corps vers l’avant, il arriva jusqu’à la vitre de la fenêtre. Arrivé à cet endroit, il entra dans l’appartement. C’était Arthur, le père de Rodrigo, qui nous rendait visite depuis le pays des morts.
Arturo estaba vestido con una gabardina larga y una camisa color negro. Se veía contento aunque un poco fatigado. Yo guardaba mi distancia, aún desconfiada de lo que estaba presenciando. Él percibió mi temor, se puso en cuclillas y, mirándome fijamente, me saludó: –Hola, Peluche.
Se me erizó un poco el pelo del lomo y la cola, pero me dominé. Recordé que una gata como yo nunca debe perder la compostura. Me acerqué a sus piernas para tratar de olfatearlo, pero no olía a nada, era como si estuviera ante un espacio lleno de aire puro o alguna sustancia indescifrable. Él acercó su mano derecha para que pudiera olerlo mejor y, después, me tocó la cabeza y las orejas. Sentí una especie de calor muy agradable, como un toque sutil y eléctrico. Arturo se enderezó y me dijo: –Ha sido un largo camino. –¿De dónde vienes? –me animé a preguntarle. –De muy lejos –sonrió y se acercó a la ofrenda –pero ha valido la pena.
Recorrió con sus manos el Pan de Muerto, las velas y todo lo demás. Cuando miró la calaverita con mi nombre, me dijo: –Debo agradecerte: eres una gata muy valiente y buena lectora. –¿Cómo lo sabes? –Allá, de donde vengo, sabemos muchas cosas de acá.
Me arrepentí de haber tenido una mala impresión de él en el pasado. Seguramente estaba al tanto de eso. Él leyó mi pensamiento y me dijo: –No te preocupes. Fui un poco grosero. En el país de los muertos hay muchos gatos. Ahí llegan después de agotar sus nueve vidas. Me he hecho amigo de varios. –¿De verdad? –¡Claro! Hay gatos de todo tipo. Gracias a eso he aprendido a apreciarlos.
Me sentí contenta por la reconciliación. Estaba pensando en más preguntas que hacerle cuando me di cuenta que miraba con mucho detenimiento la fotografía que estaba en el centro de la ofrenda. –Ahí estoy, un poco más joven y con muchas esperanzas –murmuró un poco nostálgico. –¿Estás triste por haberte ido? –Al inicio sí, pero después comienzas a entender todo. Es parte de un ciclo natural. Me miró con ternura y me dijo: –Ahora vuelvo.
Lo vi internarse por el pasillo. Su figura resplandecía en la oscuridad, como si fuera la huella que deja una vela encendida. No quise seguirlo pues comprendí que necesitaba estar solo con ellos. Sin embargo, no pude dejar de imaginarlo muy cerca de la cama donde dormía su hijo. ¿Le diría algunas palabras? ¿Le confesaría algo? Después, seguramente echaría un vistazo a Frida y, por supuesto, a Matías. No lo vería crecer desde la Tierra pero, estaba segura, lo iría a visitar cada vez que su padre le contara algo de su abuelo. Eso era más que suficiente para acompañarlo.
Después de unos minutos vi que el resplandor volvía a aparecer en el pasillo. Arturo caminó por la sala y volvió a mirar la ofrenda. –Me la llevo de recuerdo –me dijo y tomó mi flor que, en sus manos, pareció tener nueva vida, como si aún tuviera raíces en la tierra –además me servirá para alumbrar el camino de regreso. –Que tengas buen viaje – le deseé. –Antes de mi partida te voy a pedir algo. –Ya no serás Peluche Primera, Reina del Horizonte y de todo el Universo Conocido. Tampoco serás Peluche reina de la azotea o de cualquier otra cosa que se te ocurra. Ahora serás Peluche, la Guardiana de la familia López. Es tu nuevo cargo. –Muy bien – le dije alzando mucho la cola –me gusta la idea. –Tienes que cuidarlos muy bien – me dijo con voz afable –nosotros no podemos estar en contacto directo con ellos. Cuando tengas dudas piensa las cosas con detenimiento. Eres una gata juiciosa y seguramente tomarás la mejor decisión. –De acuerdo. –Muy bien.
Arturo se ajustó la gabardina, contempló la sala y la ofrenda por última vez. Antes de desaparecer, me dijo: –Dile a Pifas, ese gato gordo, que le haga compañía a la señora Gómez. Verás que pueden ser buenos amigos. –¡Seguro! – respondí mientras el aire en el departamento comenzaba a enfriarse de nuevo. En el lugar que había ocupado él quedaba un poco de polvo flotando que, muy pronto, comenzó a desvanecerse. Al inicio no sabía si lo que había vivido era un sueño, pero la sensación que tenía me indicaba que todo lo que había experimentado era real. Miré el lugar en donde había estado la flor de cempasúchil robada. La imaginé como una luz guiando a un amigo en un largo camino. Regresé a mi puesto en el sillón. Quizás por la intensidad de la experiencia y las emociones me quedé profundamente dormida.
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