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Couverture Biographie Carte et Photos 1 Ars olea2 Penas de amor3 El refugio de Poqueira4 De vuelta a la normalidad
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Polices
El lunes después del Ars Olea, todo volvió a la normalidad, aunque la gente seguía comentando lo del robo, la flecha en el talón, como lo de Aquiles, y la hazaña de Antonio salvando a Pituso.
Antonio, estaba muy triste, pues estaba enamorado de Margarita, pero justo al día siguiente en que cenaron en la azotea y se dieron un beso, llamaron a Margarita de la bolsa de profesores interinos. En España, para ser profesor hace falta pasar unas oposiciones, un examen de carácter estatal.  Aun aprobando el examen, no está garantizado que llamen a trabajar, pero se entra a formar parte de una bolsa de sustituciones y pueden avisar en cualquier momento. Y además pueden destinar a un candidato a cualquier sitio. A Margarita la habían destinado a un pueblo de las Alpujarras granadina: Capileira, en pleno corazón de Sierra Nevada, la sierra donde está la segunda montaña más alta de España, El Mulhacén, con 3.479 metros. Ésto apenó mucho a Antonio, pues se tardaban más de tres horas en llegar y en invierno se cubrían de nieve los caminos y carreteras, y era peligroso  pues, el acceso era, ciertamente, complicado. Margarita se fue aquella primavera, y no volvió hasta finales de Junio. A finales de Junio, Antonio consiguió un contrato en Córdoba que no le dejaba mucho tiempo para ir al pueblo, mientras Margarita se fue a pasar las vacaciones a Argentina y cuando volvió era el momento de empezar el colegio otra vez, allá lejos en Capileira. No se habían visto en cinco meses y Antonio sentía una pena muy aguda dentro de su corazón. En el parque del paseo lo encontraron los niños podando los setos, mientras lloraba en silencio.
- Hola Antonio ¿Te pasa algo?- Hola chicos –dijo mientras se secaba las lágrimas –No. Es solo que me ha entrado un trozo de hoja en los ojos.- Eso es mentira, es Margarita, la echas de menos. ¿Verdad?- Sí, pero se ve que ella, a mí no.- No digas eso hombre, allí donde está ni siquiera tienen cobertura los móviles cuando sopla el viento, me lo ha dicho mi padre –dijo Esteban– ya verás cómo pronto te escribe. En el puente de los Santos1 seguro que viene y podéis hablar. - Ahora me da vergüenza hablar con ella otra vez, parece no estar interesada en mí. Igual ha conocido a otro por ahí y no me lo quiere confesar. - ¡Anda! No digas tonterías. - Tengo una idea –dijo José– ¿Por qué no vamos a visitarla el puente de los santos? Si ella no viniera podríamos ir nosotros. - Sí claro –repuso Sócrates– que mi padre no va a dejarme ir a mí y a mi hermano con Antonio Velásquez y además ¿Nos vas a llevar a todos?- A mí tampoco creo que me deje –dijeron a la par Pituso y José.- Pues mi madre, me deja seguro –repuso Esteban.- A mí me encantaría llevaros de excursión a la montaña –dijo Antonio– Yo he estado allí con Alejandro Sánchez, haciendo rutas y hemos dormido en el refugio de Poqueira, después de caminar por unos sitios muy bonitos. Podría proponerle a Alejandro organizar una excursión.
Pues, contrariamente a lo que imaginaron, los papás de los niños, les permitieron irse a Granada con Antonio para el puente de los Santos. Irían con Alejandro Sánchez y las hijas de éste, Clara y Helena, su mujer Nubia, y el cuñado médico Rubén que era muy deportista.
Para el día 29 lo tenían ya todo preparado, como iban a dormir en el refugio de Poqueira una noche, llevaban sacos de dormir, más los bastones de senderismo, impermeables y botas Chiruca. El resto de los días se alojarían en Capileira en la casa de Margarita, quien estaba muy contenta porque iban a visitarla. Ella también se apuntó a dormir en Poqueira.
Llegaron a Capileira en todo lo alto de la montaña a través de una carretera estrecha y tortuosa con un barranco cuyo fondo no se veía.
Cuando el turista llega a las Alpujarras se sumerge en un viaje al pasado, pues la arquitectura tradicional de las casas en los pueblos se ha mantenido intacta en años y años. De hecho, éstas se parecen muchísimo a las construcciones bereberes que el caminante encuentra en las montañas del Magreb. La contemplación de los pueblos es una delicia a los ojos pues las pequeñas casas están desperdigadas por las laderas sin orden aparente y aquí y allí se observan las chimeneas humeantes en invierno, azoteas repletas de buganvillas en primavera. En otoño, por el contrario lo que encontramos es un paisaje de mazorcas de maíz, pimientos rojos o tomates que se dejan fuera para secar. Alimentos que forman parte de la dieta mediterránea.
Por todos lados, se veían los castaños y justo llegaban para la fiesta de la castaña. En la plaza del pueblo, se hacían hogueras. En esta zona a las hogueras se las llama mauracas y se asan castañas al anochecer y hay baile y música.
Cuando Margarita los recibió en la puerta de su gran casa alquilada, miró a Velásquez y se puso muy nerviosa y Antonio no era capaz de mirarla fijamente a los ojos.
Quand Margarita les reçut devant la porte de la grande maison qu’elle avait louée, elle regarda Velásquez et devint nerveuse, mais il fut incapable de la regarder droit dans les yeux.
Descargaron las cosas y se dispusieron a bajar a la plaza a la fiesta de la castaña. No se dieron cuenta que alguien los observaba con cara de muy pocos amigos.
Ils déchargèrent leurs affaires et se préparèrent pour descendre à la place du village pour la fête de la châtaigne. Ils ne virent pas  quelqu’un à l’air peu amical qui les observait.
Allí estaban en mitad de la plaza rodeados de gente. Ardían las hogueras y pasaban platos de castañas asadas recién cogidas de los castaños, cuando Velásquez se percató de una presencia, tenía el pelo largo y greñudo y los miraba desde lejos.
Ils étaient là, entourés de gens au milieu de la place. Les feux brûlaient et on passait des plats de châtaignes fraîchement grillées quand Velásquez remarqua une présence : il avait les cheveux longs et ébouriffés et les regardait de loin.
- No puede ser –pensó.Santiago Tiniebla, se acercó a ellos.
- Nos volvemos a encontrar –dijo muy arrogante.Alejandro Sánchez y Antonio le plantaron cara.
- No queremos problemas pero si tú los buscas te vas a arrepentir.- ¿Me estáis amenazando? –repuso con aires de grandeza– todavía me duele el talón al caminar y todo por vuestra culpa, de algún modo tendréis que pagar.
Entonces ante estas palabras, ya Antonio, Rubén y Alejandro se pusieron muy serios al borde del enfado y lo miraron con cara desafiante.
- Os dije que pagaríais y vais a pagar –dijo y se perdió entre la multitud.
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